Arquitectura Lunes, 2 de octubre de 2017

Puesta en valor del ex Hotel Majestic en Buenos Aires

Las obras de restauración de fachadas -de un total de 4.800 m2 de superficie- estuvieron a cargo del Estudio Arquitecto Rubén Otero & Asoc.

Por Arq. Carlos A. Grisolía - Director de CETArq

Recientemente finalizaron las obras de restauración de fachadas del edificio que fuera el antiguo Hotel Majestic, sobre Av. de Mayo y calles Santiago del Estero y Rivadavia, incluida la torre y cúpula. Este edificio de estilo neoclásico con gran valor patrimonial funcionó como un prestigioso hotel en las décadas de 1910 y 1920, pasando luego a manos del ente recaudador de la época (actualmente AFIP).

Esta etapa de la restauración, incluyó toda la superficie de fachadas, de más de 4.800 m2, y el refuerzo estructural del conjunto de la torre y cúpula. Las obras continúan ahora con la segunda etapa de refuncionalización arquitectónica y actualización tecnológica de los interiores, con el fin de rehabilitar el edificio para que vuelva a funcionar como sede de esta institución pública, que está desocupada desde hace 9 años.

La historia de este valioso edificio patrimonial de Av. de Mayo tuvo su época de oro desde que abrió sus puertas para el Centenario de 1910, funcionando como un hotel de categoría hasta 1929.

Esta obra fue proyectada por los arquitectos Federico Collivadino e Ítalo Benedetti en 1909 como un edificio de rentas, donde iba a haber unidades funcionales para alquiler. Sin embargo, durante el año de su rápida construcción -hasta  1910-, una sociedad integrada entre otros por don José Gil, decide alquilar el predio en su totalidad para transformarlo en un hotel de categoría. De esta manera fue inaugurado en 1910 con el centenario del país, como Hotel Majestic. Durante 19 años fue uno de los establecimientos más exclusivos de la ciudad, alojando huéspedes ilustres como el maestro Le Corbusier y el bailarín ruso Vaslav Nijinsky.

A causa de problemas económicos cerró sus puertas en el año 1929, y por medio de un acuerdo termina bajo propiedad y tutela del ente recaudatorio de la época, actualmente AFIP. Entre idas y vueltas el lugar terminó funcionando como una sede de oficinas de esa institución.

Desde su construcción la obra fue sufriendo el deterioro del tiempo y de algunas intervenciones que no fueron estrictas con las reglas de conservación patrimonial, como la modificación de la fachada original. En efecto, el edificio, de gran carga ornamental, tenía una cúpula de piedra pizarra con ornamentaciones de zinguería, la cual fue retirada y remplazada por una con las mismas proporciones pero de hormigón liviano.

Además, los balcones de herrería de hierro fueron intercambiados por unos tabiques de hormigón con unos rombos de estilo art decó que nada tenían que ver con las cualidades compositivas de la obra, de estilo ecléctico entre arquitectura italiana y francesa. En esta intervención se mantuvieron los balcones art decó.

En lo que respecta a los interiores, el antiguo edificio planteaba desde su partido arquitectónico dos entradas de aire luz que alimentaban del segundo al sexto piso, una coincidía con la caja principal y otra con la caja de las escaleras. Por necesidad de aumentar la superficie construida se tapó la entrada de iluminación en el sexto piso y se retiró el fantástico conjunto vitral que alimentaba la totalidad del séptimo piso y funcionaba como una expansión natural hacia la terraza. Se ocupó con construcciones precarias, asomadas también en fachada, que ahora fueron retiradas, tratando de recuperar las proporciones originales de la obra.

Para conocer la  materialidad de la obra en fachadas se hicieron cateos del revestimiento original, para lo cual en laboratorio se constituyó uno con la misma granulonometría, en cuanto a color y textura, hasta dar con el producto símil piedra. De esta manera se completó la totalidad del edificio, corrigiendo las patologías y erosión, salvo la carga ornamental que se mantuvo, despojándolo de capas extrañas de pintura.

Esta primera etapa de la restauración del ex Hotel Majestic, de consolidación estructural y de recuperación de la envolvente del mismo, ya fue ha terminada y ahora se ha comenzado la segunda etapa, de recuperación y restauración de los interiores, para devolverle la funcionalidad al edificio.

Según el restaurador, Arq. Otero “Aplicar un revestimiento extraño a un edificio revestido con un material tan noble y característico como el de esa época no es restaurarlo, es taparlo y esconder sus valores esenciales, algo completamente desaconsejable. Restaurar significa recuperar en lo posible la originalidad de la obra en cuanto a materialidad y cualidades constitutivas, y es lo que nos propusimos a través de estos trabajos de investigación y recuperación. Los edificios trascienden a la vida de las personas, por lo cual son testimonios que nos permiten leer una forma de vida de otras épocas y de quienes nos antecedieron, y así entender cómo se conformó la historia de esta ciudad.  A partir de esos testimonios tangibles podemos entender desde dónde venimos, y el valor está en preservar un testimonio hacia el porvenir, ya que las sociedades deben apoyarse en el pasado para proyectar su futuro” concluye Otero.