Suplemento Op. Opinión Domingo, 12 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Pueblos originarios: valores y buen vivir

Por Carlos Martínez Sarasola - Antropólogo. Docente investigador.

En los últimos meses, los pueblos indígenas han pasado a un primer plano como hace mucho tiempo no ocurría en la Argentina. Desgraciadamente, ello sucedió a raíz de conflictos territoriales en diversas comunidades, en cuyo marco se produjo la desaparición y muerte de Santiago Maldonado, como hecho de máxima gravedad.

A estos críticos acontecimientos se agregaron los reclamos indígenas y los debates parlamentarios relacionados con la prórroga de la ley 26.160 de emergencia territorial, los que hoy continúan desnudando una de las más grandes deudas históricas del Estado argentino para con los pueblos originarios: la no resolución de la propiedad comunitaria de sus tierras y territorios, un anacronismo inadmisible en pleno siglo XXI.

Estos sucesos -sin negar su presencia y suma importancia- me llevan a reflexionar que una vez más los indígenas son visibilizados en general por buena parte de los medios y la sociedad como asociados a desgracias, carencias, vulnerabilidad, discriminación, victimización o violencia.

Peor aún, muchas veces estas miradas se deslizan hacia desvalorizaciones y generalizaciones peligrosas que han llevado en los últimos meses a la reaparición de voces racistas y anti indígenas.

Sin embargo, a contracorriente de este panorama que al hacer foco en los problemas crónicos que aún subsisten sólo suma confusión y desconocimiento, los pueblos indígenas nos muestran otra faceta sugestivamente poco difundida: su gran riqueza fundada en valores que están vigentes y activos, y que constituyen la base de muchos de sus logros actuales.

El cuidado de la Madre Tierra; el respeto por los mayores y los niños; el despliegue de una profunda espiritualidad ; la conexión con el Universo; el sentido comunitario de la vida, son algunos de esos valores que han posibilitado a los originarios sostenerse en el eje de sus identidades y desde ahí desplegar sus culturas y cosmovisiones.

 

“Son los pueblos indígenas con su ejemplo de vida, los que nos siguen transmitiendo el inapreciable valor  de la diversidad”.

 

Ese despliegue incluye una nueva agenda en la que los originarios proponen un conjunto de temas novedosos -además de las clásicas reivindicaciones- producto de un empoderamiento creciente que muchas veces no se ve, pero está.

En toda América se están dando procesos muy diversos y positivos al interior del mundo indígena, tales como las renovadas y crecientes autoidentificaciones identitarias; el desarrollo de la espiritualidad originaria; el restablecimiento de los ciclos ceremoniales; la revalorización de la cocina ancestral; la revitalización de las artes tradicionales; la reivindicación de los derechos intelectuales, por mencionar sólo algunos. 

Un importante y creciente número de líderes, escritores, artistas, comunicadores y profesionales indígenas interactúan además en múltiples espacios de convergencias e interculturalidad, desde foros nacionales e internacionales hasta ámbitos estatales y privados, ocupando lugares donde sus voces son necesariamente escuchadas. 

Si tuviéramos que sintetizar toda esta auspiciosa dinámica mencionaríamos a modo de ejemplo el Buen Vivir/Vivir Bien, el Sumak Kawsay/Suma Qamaña de los pueblos quechuas y aymaras; una propuesta referida a la vida plena que tiene su base en los valores y las cosmovisiones andinas -aunque con modelos muy semejantes en muchos otros pueblos- y que hoy tiene rango constitucional en países como Ecuador y Bolivia, novedoso aporte para todas las personas, sean ellas indígenas o no.

Los pueblos originarios son mucho más que malas noticias. Pienso que una de las tareas que desde las ciencias sociales, medios de comunicación y demás ámbitos relacionados tenemos por delante, es la de contribuir a visibilizar los logros y mensajes que estos pueblos nos muestran. Ello posibilitará presentar una perspectiva mucho más amplia y real sobre ellos, así como ofrecer una visión esperanzadora, más aún cuando son los indígenas, con su ejemplo de vida, los que nos siguen transmitiendo el inapreciable valor de la diversidad.