Opinión Martes, 14 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Políticas económicas, pautas para entender lo que pasó y pasará

Por Néstor Donato Ferrari - Profesor Emérito UNCuyo

Cualquier estudiante de economía podría mencionar ocho o diez políticas económicas, pero en la realidad es difícil encontrar políticas "químicamente puras". La política del gobierno de Macri (peyorativamente calificada como "neoliberalismo"), podría denominarse "monetarismo neoclásico", escuela surgida en Chicago. Sus más famosos representantes fueron Milton Friedman y Friedrich von Hayek. 

Las políticas económicas típicas de este enfoque son :

Políticas monetarias restrictivas: aumentar las tasas de interés (intentando mantener o reducir la oferta de dinero) hasta lograr una inflación cercana a cero y evitar el riesgo de devaluaciones.

Políticas fiscales restrictivas: aumentar los impuestos sobre el consumo, reducir impuestos sobre la producción, renta personal y beneficios empresariales. Eliminar regímenes especiales. Drástica reducción del gasto público, con equilibrio fiscal, desaconsejando el déficit.

Liberalización/desregulación: amplia liberalización de la economía, eliminando restricciones y regulaciones, implicando apertura de mercados, libre comercio en general y de inversiones y movilidad de flujos financieros. Lograr flexibilización laboral y frenar el poder económico y político del sindicalismo.

Privatización: minimizar intervención y participación del Estado en la economía, privatizando empresas públicas. Extensión de la iniciativa privada a todas las áreas de la actividad económica.

Sociedad: remplazar el imaginario colaborativo, solidario y de comunidad por uno individualista y de competencia.

Para visualizar su aplicación, puede verse la experiencia en el Reino Unido. Thatcher desde 1979 rebajó el impuesto a la renta de las clases más adineradas, redujo el gasto gubernamental (sobre todo educación, vivienda y transporte) e introdujo leyes que disminuyeron el poder de los sindicatos y abolieron restricciones sobre movimientos de capitales. El gas, agua, electricidad, el acero, la aerolínea estatal fueron privatizados. Se subieron las tasas de interés para reducir la inflación, disminuyendo la actividad económica y, por tanto, la demanda. Las altas tasas atrajeron fondos extranjeros, elevando el valor de la libra y dejando fuera de competencia a las exportaciones británicas. El resultado fue una enorme recesión; buena parte de la industria manufacturera, que ya venía sufriendo por su falta de competitividad, fue destruida. Muchos centros industriales quedaron devastados  El desempleo afectó a 3,3 millones de personas, bajo un gobierno que había llegado al poder criticando el desempleo del gobierno laborista, que superaba la cifra del millón de parados, con el famoso eslogan "el laborismo no está trabajando" elaborado por la agencia de publicidad Saatchi & Saatchi.

Reagan superó a Thatcher. Rebajó agresivamente los tramos más altos del impuesto a la renta, argumentando que esos recortes animarían a los ricos a invertir más y crear riqueza, al permitirles quedarse con un mayor porcentaje del fruto de sus inversiones. Se argüía que, una vez creada una mayor riqueza, los ricos gastarían más y de ese modo crearían más empleo, generando más ingresos para el resto de la población. Es un enfoque que recibe el nombre de teoría de la filtración descendente o teoría del derrame (trickle down policy), que nunca ha sido convalidada por evidencia empírica. Al mismo tiempo, se recortaron los subsidios otorgados a los pobres y se congeló el salario mínimo, para incentivarlos a trabajar más.  Esto tiene una lógica curiosa: ¿por qué hay que enriquecer todavía más a los ricos para que trabajen más arduamente y empobrecer aún más a los pobres con el mismo propósito? Curiosa o no, esta lógica, conocida como economía de la oferta, se transformó en el postulado fundacional de estas políticas económicas.   

La aplicación de estas políticas se encuentra en pleno desarrollo en nuestro país.  Dado sus efectos previsibles: ¿Cómo se han dado las condiciones políticas y sociales para aplicarlas?

Naomí Klein, autora de "La doctrina del shock, el auge del capitalismo del desastre" lo explica en la Revista Rumbos, Los Andes (15/5/2008):

"Sucede que se asocia el neoliberalismo con los valores democráticos y la libertad. Pues bien, con mi investigación me propuse demostrar que no es así. El capitalismo necesita situaciones de desastre y caos social para imponer sus recetas neoliberales. Necesita el shock para que la gente, ya sea por temor o incertidumbre, quede inmóvil, no pueda reaccionar. ... Cualquier crisis es buena para los ideólogos del desastre. Da dos ejemplos: el desmantelamiento de la enseñanza pública en Nueva Orleans, después del huracán Katrina, y la expulsión de los pescadores de Sri Lanka, para la construcción de complejos turísticos de lujo, tras el tsunami que desvastó la región". 

¿Estaremos asistiendo a la gestación de otro ejemplo para Naomí Klein, además de las situaciones recientes de España y Grecia? Durante 2015 el crecimiento del país fue del 2,5%, con inflación del 25%, desempleo del 6,6%, bajísimo endeudamiento, con algunos desequilibrios macroeconómicos manejables, aunque con una estructura de tarifas distorsionada, diseñada para proteger a los sectores de menores ingresos, pero aplicada sin criterios suficientes de diferenciación. Además, con un sindicalismo tradicionalmente fuerte y organizado. 

El temor y la incertidumbre mencionados por Klein fueron creados a partir de insistir permanentemente en una "pesada herencia", en una corrupción generalizada (que solo se ejemplifica flagrantemente en un par de casos y aún no ha podido plasmarse en sentencias) y la insólita afirmación que tendíamos a ser como Venezuela. Se creó desocupación a través de despidos y cierre de empresas, desmedidos incrementos de tarifas, devaluación, inflación, pérdidas de subsidios y ayudas sociales, etc. La creación de este temor resintió las posibilidades de reacción sindical y social.

¿Qué viene ahora? Es previsible una mayor flexibilización y precarización laboral, avances para la liquidación del Fondo de Sustentabilidad de la seguridad social, el deterioro del sistema de jubilaciones y pensiones, mayores restricciones en los planes sociales, disminución notoria de los impuestos a las ganancias para grandes empresas e incrementos en los impuestos al consumo, en un marco de mayor recesión y desocupación.

Preocupante.

 

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.