Opinión Sábado, 11 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Pobreza y medio ambiente

Por Hugo Eberle - especialista en Temas Ambientales

La mayoría de los gobiernos tienen como objetivo reducir la pobreza, algunos, con la intención seria de cumplirlos, otros a sabiendas que no lo conseguirán. 

La preocupación viene desde hace tiempo. 

La conferencia de Río de Janeiro de 1992 sobre medio ambiente y pobreza solicitó a los estados el cumplimiento de esta condición para hacer que estos fueran realmente sustentables.

La pobreza es uno de los tantos generadores de impacto ambiental y esto es debido a que, en su afán de subsistencia, los pueblos pobres terminan, hasta inconscientemente, depredando la naturaleza en búsqueda de recursos para su supervivencia.

Asimismo, un marco ambiental agresivo o extremadamente carente de estos recursos es determinante en la pobreza de sus habitantes al no ofrecerles los servicios ambientales necesarios para conseguir una vida, al menos, mínimamente confortable. Por lo tanto, los transforma en vulnerables.

La población pobre del planeta, a la que se puede identificar como aquella que no consigue satisfacer necesidades básicas de subsistencia, generalmente habita en lugares de riesgo, tales como tierras bajas, franjas costeras sujetas a eventos climáticos o espacios de alta contaminación, lo cual la obliga a requerir mayor atención de servicios ambientales relacionados con sus carencias, es decir básicamente agua de calidad, tierras fértiles y aire limpio. 

Pero, también necesitaran servicios municipales como sistemas cloacales, tratamientos de efluentes, y medidas de prevención que sólo los estados pueden brindar como controles de limpieza, aseo público, energía eléctrica, o servicios hospitalarios, entre otros. 

A menudo, la pobreza confina a los pobres en las zonas rurales en tierras poco productivas, lo que contribuye a acelerar la erosión de los suelos de los que poco pueden recibir y a los que nada pueden dar por falta de recursos. 

Al mismo tiempo los barrios pobres de las ciudades no consiguen gestionar la recolección de basura, por lo general no tienen agua potable y saneamiento y viven en muchos casos en hacinamiento en viviendas pequeñas y precarias, todo lo cual los lleva a un progresivo deterioro de la salud por el peligro epidemiológico relacionado principalmente con la falta de higiene. 

El acceso universal a la educación básica y a la formación profesional, ayudaría a la difusión de información y conocimiento en las comunidades pobres sobre muchos aspectos que podrían mejorar dicha situación especialmente en asuntos relevantes como ser, desarrollo de métodos agrícolas apropiados, dar instrucción en la gestión de los residuos, en uso y reúso del agua, reciclados, enseñar cuales son los métodos de uso racional de los todos recursos naturales básicos, crear organizaciones para la protección de litorales, para la gestión de los recursos hídricos y la actividad pesquera, entre otros.

 

La pobreza es uno de los tantos generadores de impacto ambiental y esto es debido a que, en su afán de subsistencia, los pueblos pobres terminan, hasta inconscientemente, depredando la naturaleza en búsqueda de recursos para su supervivencia. Asimismo, un marco ambiental agresivo o extremadamente carente de estos recursos es determinante en la pobreza de sus habitantes al no ofrecerles los servicios ambientales necesarios para conseguir una vida, al menos, mínimamente confortable.

 

Todas estas, son actividades fundamentales para la reducción de la pobreza y la limitación de sus efectos negativos sobre el medio ambiente. 

Emprender medidas para detener la deforestación y fomentar programas de reforestación pueden garantizar un uso productivo y racional de estos recursos, así como desarrollar tareas que potencien la oferta hídrica como un método más de afrontar el proceso de desertización, o la realización de obras que impidan inundaciones en tierras agrícolas permitiendo la correcta producción de alimentos. 

Todo esto podría generar fuentes de trabajo que ayuden a muchas comunidades a salir al menos de la pobreza extrema. 

Un apoyo más dedicado a las municipalidades y a las organizaciones comunitarias, especialmente en materia de gestión de residuos, podría crear empleos y de ese modo reducir la presión sobre el medio ambiente cumpliendo con el doble propósito de sustentabilidad conjunta.                                                                                                                     

Sabemos que el hombre interactúa con la naturaleza, y por ello produce cambios, que muchas veces son destructivos, porque usa y consume de forma predatoria los recursos naturales y realiza construcciones que suelen interferir el relieve de alguna región convirtiéndola en lugar de riesgo, así como instalarse en lugares que naturalmente son peligrosos para la vida. 

La pobreza, el crecimiento mundial de la población y el medio ambiente están íntimamente relacionados, pero, este vínculo muestra debilidades conceptuales cuando se habla de disminución. 

Por cómo se manifiesta la actual tendencia, el crecimiento de la población mundial continuará, lo cual conspira contra la disminución de la pobreza que es la franja social que más crece y, más aún, en medio de un fenomenal desarrollo tecnológico que potenciará las economías, pero no la torta productiva individual que no está sujeta a reglas que aseguren una repartición proporcional. 

Por otra parte, queda claro, que más población significa más contaminación y esto no es ambientalmente ni confortable ni sustentable.

Mientras tanto continua el abierto desafío contra las recomendaciones de los científicos en cuanto a nuestra responsabilidad en el cuidado del planeta al mismo tiempo que observamos la manera agresiva en que la naturaleza está respondiendo a nuestras conductas. 

Por todo esto es dable pensar que no habrá muchos caminos alternativos que nos aseguren una sustentabilidad combinada en base a los factores analizados y menos en los próximos tiempos en los que los grandes líderes mundiales están sumergidos en otros temas, más asociados a políticas proteccionistas en lo económico y confrontativas en lo político, ambas conspirativas contra la paz social. 

Tal vez se de aquella conclusión de comportamientos expresada por un ex presidente argentino  referida a su propia gestión pero con relación ahora a un contexto mayor: "O no saben, o no pueden o no quieren".