Turismo Domingo, 3 de diciembre de 2017 | Edición impresa

El Caribe y las playas que desvelan a los argentinos

República Dominicana, México, Colombia y Cuba ostentan los primeros puestos del Caribe para el descanso estival que se aproxima.

Por Redacción LA

Arena y sol, el mar azul, contigo yo, conmigo tú. Espuma blanca, dorado amor, de arena y sol. La marea canta su canción, una sensación de aventura.

Y caemos en la tentación … el tema de Marta Sánchez, como tantos otros nos hacen pensar en vacaciones perfectas, en las que cocoteros, reposeras, jugos refrescantes in situ nos hagan percibir la felicidad de estar de vacaciones.

Muchos ya pensaron las suyas y otros están decidiendo a último momento. Y en este derrotero de elecciones de destinos y calculadoras que arden, el Caribe aparece ineludible.

Para los que todavía no tienen presupuestos pedidos les diremos que por persona un viaje de 7 a 9 días cuesta entre U$S 2.500 y U$S 2.800, en promedio. 

Los argentinos están desvelados por República Dominicana, y en ella, Punta Cana, Samaná, Puerto Plata. Las tarifas más convenientes y la conectividad: unas 9 horas nos separan de destino, con vuelos que no deparen espera en algún hub; hay que estar atentos.

Con salidas en enero, un programa de 7 noches con hotel all inclusive en Punta Cana, aéreos, traslados y asistencia al viajero, sale $ 39.900 a $ 41.200 por persona en base doble.

 

 

Samaná: el programa de 7 noches all inclusive, con los aéreos, traslados y asistencia al viajero tiene un valor de $ 39.000 y $ 40.500 en agencias locales y en páginas web.

Samaná es para quedarse a hacer nada, deleitándose entre aguas translúcidas y arenas finas, pero también para darse una vuelta por esta parte de la isla casi desconocida para los que ya fueron a Punta Cana. Hay algunos destinos para que husmee como para salir del sol un rato; Sánchez, un pueblo de pescadores muy pintoresco, y Santa Bárbara de Samaná, la capital de la provincia.

Pero por supuesto todos buscan arena y sol, entonces un paso por el Parque Nacional Los Haitises, al que se accede en lanchas desde Samaná, invita a un inolvidable trayecto que depara meterse entre manglares, esa especie de raíces aéreas que se da en los ríos que desembocan en el mar; ingresar a cuevas con petroglifos, cual descubridores; avistar aves y por supuesto luego de tanto ajetreo lanzarse a las transparentes aguas del mar.

Una excursión muy mentada es la del salto El Limón, aguas que caen desde 40 metros de alto, entre verdes eternos; antes depara una travesía por las montañas que alcanzan los 640 msnm, entre la vegetación tropical. Para llegar se puede caminar o hacerlo a caballo. 

Si de playas hablamos, Cosón, al oeste, es para surfear, y si no es adepto a las tablas bien viene una parrillada de mariscos en la arena. Bonita es otra de las más buscadas porque tiene acción para quien busque y mar calmo para el que lo prefiera. Allí es zona hotelera y muy activa. Para nadar y hacer snorkel nada mejor que Las Terrenas; el atardecer, una delicia. 

 Playa Rincón se promociona como en estado virgen, no hay muchos hoteles y la vida es tranquila rodeada de mucha vegetación. Otra a la que se accede en barco es Las Galeras.

Apacible, atesora un acuario natural para el buceo recreativo. Además, cerca de allí está la playa Madama, solitaria y bella, a la que se accede por alguno de los dos senderos eco-turísticos.

Si hay suerte, hasta ballenas verán porque estos cetáceos, más precisamente, las jorobadas, se dejan ver desde mediados de enero a mediados de marzo, cuando arriban a la bahía para aparearse y cuidar a sus crías.

 

 

México viene muy bien posicionado 

En el caso del país azteca, los precios son un gran atractivo para los que compran paquetes o para quienes toman un vuelo y alquilan por allá. Atraen sus aguas turquesas como sus resort que son un seguro de placer junto a las ciudades cercanas, por ejemplo en Playa del Carmen o Cancún en la Riviera Maya. De hecho las autoridades mexicanas hablan de un incremento de un 25% en 2017 y la temporada que inicia 2018.

Así Cancún tiene todo para conquistar a los de acá pues dispone de un aeropuerto internacional con muy buena conectividad: Copa Airlines, Avianca, Aeroméxico y Aerolíneas Argentinas, entre otras, unen desde Mendoza, Buenos Aires y Santiago de Chile a la provincia con el paradisíaco destino-descanso.

Aquí la infraestructura turística es apabullante: hay de todo y para todos los bolsillos, desde resorts de lujo con régimen all inclusive sobre las playas de arenas blancas, parques arqueológicos, nado en cenotes, snorkel en arrecifes y tours embarcados a isla Mujeres y Cozumel.

También Tulum, la única zona arqueológica a orillas del mar Caribe. Un paquete de 7 noches en all inclusive en Cancún o Playa del Carmen ronda los $ 38.800 y $ 43.200 en un solo pago, o 12 cuotas con algunos bancos. 

 

 

Playa del Carmen, el viejo puerto de pescadores

Mar turquesa, la arena de harina a metros de las comodidades hoteleras, que van desde 5 estrellas hasta hostels y cabañas. Además de acercarse a Cancún, hay que pasear por el centro de Playa del Carmen. Es un paso obligado y un entretenido recorrido, colorido y sabroso como todo México.

Entonces deberá llegar a la Quinta Avenida, peatonal que aglutina desde marcas internacionales como Forever 21 o Banana Republic hasta pequeños negocios de artesanías que dejan ver el costado más auténtico todavía presente en esta afamada calle.

Allí, máscaras de lucha libre (desde 250 pesos mexicanos), camisas bordadas a mano (desde 300 pesos mexicanos), artesanías en cerámica (desde 50 pesos mexicanos) o imanes con la cara de Frida Kahlo (desde 20 pesos mexicanos), todo y en gran medida.

Además, pintorescos restaurantes y bares se ofrecen al transeúnte y resultan ideales para hacer una pausa y disfrutar de algún manjar local acompañado de una chela bien fría -como llaman los mexicanos a la cerveza-, o una Michelada; por supuesto nadie se niega al Tequila, mientras se observa el devenir despreocupado de los viajeros.  

Todo el que va a Yucatán, pisa Xcaret Parque ecológico donde es posible conocer la riqueza de este paraíso natural del sur mexicano. Nadar con delfines o tiburones, sumergirse en ríos subterráneos o hacer snorkel, son algunas de las actividades acuáticas más populares.

Aunque fuera del agua, la gama es igualmente amplia: visitar el acuario de arrecife de coral, su aviario -con más de 50 especies de coloridas aves y un millar de ejemplares-, conocer acerca de su programa de protección a la tortuga marina donde se puede aprender más acerca de este milenario animal o acudir a la isla de jaguares y observar estos imponentes felinos son sólo algunas de las propuestas.

Xcaret también ofrece espectáculos como el de los voladores de Panpantla -rito indígena considerado Patrimonio Cultural Inmaterial por la Unesco-, una exhibición ecuestre y finaliza cada día con un show donde intervienen 300 artistas donde se relata la historia de México desde épocas pre-hispánicas hasta la actualidad. www.xcaret.com.mx

 

 

Colombia no se queda atrás en las preferencias

A las preferencias ya mencionadas que expresan las búsquedas y compras de los argentinos para sus vacaciones,  les sigue San Andrés y Cartagena

La ciudad amada de García Márquez combina Caribe y realismo mágico como fórmula de un viaje con una mística que no se puede reproducir en ningún otro rincón del mundo.

Aromas a café y tabaco, sones de ballenato y bachata y el sol brumoso contra los adoquines de la histórica ciudad amurallada maravillan al viajero más reticente.

Por aguas celestes, langosta y postales idílicas hay que tomar una excursión en catamarán hasta las Islas del Rosario. De noche, el mejor programa es salir de rumba en chiva, una gira en una suerte de trencito de la alegría por todas las plazas de la ciudad donde la gente se reúne a bailar, con ron y músicos en vivo a bordo. 

En cuanto a la isla que atesora los 7 colores del mar, si bien hay que volar desde Bogotá o Cartagena, también se puede llegar navegando. Es un recorrido que merece cada minuto.

A San Andrés se va a disfrutar de la naturaleza, de los placeres terrenales y nada impide que todo el día se esté bajo el sol o en el agua. 

Hacer kayak en los manglares o snorkel en los corales, nadar a sus anchas y disfrutar de pescado frito recién sacado del agua, alguna langosta y una cerveza helada con los pies en la arena.

 

 

La isla de San Andrés es la mayor y la que nombra al archipiélago que comparte con Providencia, Santa Catalina y otros cayos menores. La extensión de 27 m2 se puede recorrer en una mañana en mulitas (algo así como un buggy), carritos de golf o bicicletas.

Sólo el 70% de la superficie está construida, y el resto mantiene zonas vírgenes de vegetación autóctona. La cueva de Morgan es un paseo turístico donde se pueden ver garfios, machetes y hasta un ancla de hierro fundido de una tonelada, casi todo hallado en las inmediaciones del archipiélago donde, cuentan, escondía sus tesoros Johnny Cay, donde podrá hacer la plancha en el Caribe transparente hasta que se le arruguen los dedos.

En el Cayo Acuario o Rose Cay podrá alquilar máscaras de snorkel y patas de rana, y nadar con peces de colores de cientos de especies diferentes, manta rayas, hipocampos y estrellas de mar.

Tanto en Cartagena como en San Andrés, la tradición culinaria revela lo que da la tierra: frutas tropicales, pescados y frutos de mar. Patacones (rodajas de plátano frito y salado), arroz con coco y fruta pan (algo parecido a una papa que consideran bendita porque crece de árboles autóctonos) acompañan todos los platos y son el sello de la cocina local.

Para disfrutar de la comida local es también buena idea pasear por la Zona Rosa y los 3 km de peatonal que se extienden a lo largo de la Avenida Colombia, plagada de tiendas de cosmética, chocolates, licores, tabaco, carteras, ropa deportiva y relojes importados. San Andrés es un gran free shop, un puerto libre de impuestos para saciar la voracidad de consumo.

 

Cuba: cayos y una ciudad museo 

Cuba nunca defrauda con su ecuación de exquisitas playas caribeñas y recorrido histórico-cultural. Las reliquias de La Habana, en uno de los cascos históricos coloniales más bonitos de América Latina y los hilos de la revolución.

Es ineludible el recorrido por sus antiguas plazas rodeadas por los edificios señoriales de la opulencia de antaño, como el edificio Gómez Villa frente a la Plaza Vieja, entre fuertes y castillos, Morro Cabaña por ejemplo y su museo, una exquisitez.Caminar por callejuelas de piedra, tomar mojito en La Bodeguita del Medio o daiquiri como Hemingway. Es posible también asistir a galerías de arte, tiendas de artesanías y antigüedades. También llegar al Hotel Nacional, que data de 1930, escenario del show de cabaret Parisien. La plaza de Armas como la Vieja son sitios para comprar reliquias en libros, cuadros u objetos realizados a mano. Un paseo por el Malecón, un helado en Copelia, y un buen ron; si se anima, un cigarro.

En Varadero hay mucho para hacer: la mayoría llega para aprovechar el confort de la vida all inclusive en la que todo está resuelto: reposeras y sombrillas para disfrutar de la playa todo el día, kayaks, bicicletas de agua, veleros y siempre hay un mojito con snacks al alcance de la mano. Hay shows y se baila mucha música cubana.

Sólo hay que entregarse a una de las mayores infraestructuras hoteleras del Caribe, montada sobre los 22 kilómetros de playas de la península de Hicacos.

 

 

Desde allí una excursión a Santa Clara, por la historia, o a Cayo Blanco, por sus playas, un paraíso, donde se puede comer langosta y se hace un alto para interactuar con delfines. 

Cayo Guillermo, Santa María y Cayo Coco son los más concurridos. El más virgen es Cayo Largo, a 177 km al sur de La Habana, y al que se llega con vuelo interno. Allí hay modernos hoteles desde donde los visitantes toman un trencito que los lleva a las intactas playas de Paradiso, Lindamar, Blanca, Tortuga y Sirena.

Los cayos son una serie de islas e islotes, descubiertos entre 1513 y 1514 por los españoles. En la actualidad están entre los destinos más buscados por la sensación de ser vírgenes aunque tienen mucha infraestructura para el turismo. 

Cayo Coco es uno de ellos; con una extensión de 370 km2 se une a la isla por un pedraplén. Se llega por vía aérea -1 hora- o terrestre -bus, 5 horas- desde La Habana. Lo mejor: caminar sus playas blancas, nadar, admirar las bandadas de flamencos que se posan sobre las piscinas naturales, fascinarse con los corales que llevan años en procesos de descalcificación, conocer las bellas playas como la del Pilar, de Los Flamencos y Larga.

En todos los lugares la gastronomía hace mella; desde pescados y mariscos, frescas langostas a los más representativos del país como la ropa vieja: carne desmenuzada con verduras, el cerdo en guisos, el arroz blanco, los frijoles negros o moros con cada plato, los caldillos de res, la yuca y el plátano maduro. 

Hay paquetes que combinan unos días en La Habana con alguna playa (Varadero o un Cayo, como Santa María, Guillermo o Coco). Así un paquete de 3 noches en febrero a La Habana con desayuno y 7 a Varadero all inclusive, vuelos, traslados, asistencia al viajero y visa de Cuba, $ 45.800 por persona en base doble, desde Buenos Aires.