Opinión Fincas Sábado, 3 de febrero de 2018 | Edición impresa

Nuevos contratos de comercialización de bebidas alcohólicas - Por Francisco Ugarte

“Se dice que el vino, es un producto netamente artesanal pero se convierte en un artículo de lujo por el costo de la distribución”.

Por Valentín Francisco Ugarte - Abogado. Asociación Internacional de Juristas del Derecho de la Vid y del Vino

¿Qué novedad aporta el nuevo Código Civil y Comercial (CCCN) aplicable a la comercialización de vino embotellado?

La gran novedad es la incorporación en el CCCN de algunos de los modos contractuales aplicables a la distribución de esas bebidas, que hasta entonces gozaban de amplia consideración social pero no estaban regulados por el Código de Comercio derogado.

¿Qué tan útiles son los contratos de comercialización en el comercio vitivinícola?

Las grandes, pequeñas y medianas empresas productoras de vinos suelen necesitar invariablemente de la colaboración de otras empresas o personas para poder colocar con efectividad sus productos en el mercado (de consumidores),  sin un alto costo. Estas redes de comercialización   conocen el mercado de primera mano y por tanto gozan in situ de un amplio abanico de contactos.  Alivian a la empresa productora de estructuras internas  que incrementan su burocracia y costos. Cooperan con la colocación de los vinos en botella en manos del consumidor final. La forma de exteriorizar esos acuerdos de colaboración, entre productor y comercializador,  lo es a través del contrato.

Sin el contrato, en cualquiera de sus formas, no se concebiría la comercialización de bebidas alcohólicas como fenómeno jurídico. Algunos regulados en el CCCN.

¿Cuáles son esos nuevos contratos de comercialización regulados en CCCN?

Se los identifica como “nominados”, y ellos son: 

-el de agencia, 

-el de concesión y,  

-el de franquicia,

-el conexo.

El “nominado”, es el contrato seleccionado entre otros contratos por el legislador, para reglamentarlo en el mismo CCCN bajo un nombre, una serie de elementos y datos particulares.

¿Cuál es el contrato que pese a contar con consideración social, no fue regulado en el CCCN?

A éste se lo identifica como “innominado”, y es:

-el de distribución.

Por el contrario al nominado, el contrato innominado no ha sido seleccionado por el legislador y, sobrevive fuera del CCCN por el reconocimiento social que de él hace el mercado y se rige en el caso de distribución de vinos, por los usos y prácticas corrientes de ese negocio.  Y también, por las normas del contrato nominado de concesión, siempre que sean pertinentes.

¿A qué interés responde que un contrato innominado adquiera la categoría de nominado?

Esto tiene que ver con dos puntos de vista que dividen aguas, los que ven el peligro de que una sobre regulación puede reducir “en exceso” la efectividad del principio de libertad de contratar, de una manera innecesaria y desproporcionada. Y por el otro, a pesar de que alerta sobre este punto, quienes reconocen que la reglamentación equilibra las relaciones entre las dos partes (bodega y agente, concesionario o franquiciado).

Otros opinan que la falta de regulación de este tipo contractual hace que exista una laguna legal importante que hay que tratar de solventar lo antes posible en aras de una mayor seguridad jurídica, como la proporcionada por la Convención de Viena de 1980 sobre contratos de compraventa internacional. Asimismo a consecuencia de esta laguna, lo establecido por las partes en el contrato cobra una gran importancia en la práctica, al entrar plenamente en juego la autonomía de la voluntad, de ahí la necesidad de contar con expertos a la hora de establecer el contenido del mismo, criterio que se ha impuesto en el Nuevo Código Civil y Comercial.

Las partes, ¿qué grado de libertad contractual tienen?

Las partes, al momento de negociar sobre la comercialización de los vinos, y definir el contenido de su negocio, pueden optar válidamente por alguno de los contratos  específicamente regulados por el CCCN, es decir por los contratos nominados. O bien, por entender que esos contratos nominados no son suficientes para satisfacer sus diferencias, pueden optar por el innominado de distribución, o crear otra figura contractual que se ajuste más a sus necesidades. La lista de contratos innominados no se ha agotado y difícilmente lo sea algún día. La ley no podría prever ni nominar toda la amplia gama de contratos posibles. En efecto, siendo el mercado el que constituye el marco económico institucional de la comercialización de vinos, nuevas modalidades contractuales surgirán. Un ejemplo, el contrato de hosting. 

En particular en los contratos innominados, la realidad demuestra que es cada vez más infrecuente el contrato discutido por las partes en un plano de igualdad. Por el contrario, se firman contratos-tipo, de contenido rígido y predeterminado que se repiten uniformemente.

¿Es suficiente que las partes le den el nombre del contrato (de agencia, concesión, franquicia, o distribución) para que sea  considerado válido?

No es suficiente. Para que sea calificado como, de agencia, concesión, franquicia o distribución, lo que debe interesar no es el nombre sino que sus cláusulas se hayan pactado según los requisitos esenciales propios del tipo (ejemplo, naturaleza del acto a celebrar,  finalidad, competencia, etc.).

¿Con esto el Derecho no invadirá el campo de la economía privada?

No muy lejos de la superficie de las novedades contractuales aquí comentadas, se encuentran algunos de los temas acuciantes: revisar el papel del distribuidor de vinos. Se dice, que el vino "es un producto netamente artesanal" pero se convierte en un artículo de lujo por el costo de la distribución. Se dice, la distribución, no añade valor al producto y, sin embargo, determina su costo. Se dice, el costo de la distribución termina con muchos autoproductores. Se dice que las grandes cadenas de distribución acorralan al sector imponiendo precios por debajo del coste. Alguien pregunta, ¿hasta cuándo el derecho puede seguir protegiendo a gigantes distribuidores, otorgándoles el monopolio?