Opinión Jueves, 28 de septiembre de 2017 | Edición impresa

Ni de derecha ni de izquierda

Por Lucas Alan Galla - Licenciado en Administración de Empresas

 

¿Qué significa ser de derecha o de izquierda?

Según cuenta la historia esta distinción política e ideológica de hoy, nació en la Francia revolucionaria del siglo XVIII. Tuvo lugar en la Asamblea Nacional que buscaba redactar la ley fundamental que definiría y regiría la vida de los franceses. A medida que la misma se iba desarrollando, los asambleístas se fueron colocando a ambos lados del estrado. A la izquierda los jacobinos, que buscaban establecer un cambio total, de raíz y violento, y a la derecha los girondinos, quienes buscaban un cambio gradual y metódico, sin imponer la fuerza o la violencia.

Otra versión de esta historia es la que se ve en el siglo XX, con el marxismo y el liberalismo. Ser de izquierda en política es ser estatista; el estatismo llevado a cabo a través de la planificación e intervención del Estado en la sociedad y en el control central de la economía. La posición inversa, la del liberalismo económico, que busca imponer un capitalismo de mercado sin el arbitraje prudencial del Estado, favoreciendo la propiedad privada y exaltando la libertad como valor supremo del hombre.

Una versión contemporánea es la de la izquierda progresista, que busca aumentar el abanico de libertades individuales que, bajo la bandera de "derechos humanos", no busca sólo imponer igualitarismo sino conceder libertades como "la libre decisión sobre la vida" propia (eutanasia) o de terceros (aborto legal). La derecha moderna cree en la libre competencia y el consumo desregulado, además de favorecer el individualismo total.

¿Cuál es el camino a seguir, cuál es la vía correcta, cuál es el modelo?

Si somos devotos de la izquierda progresista, vamos a estar en contra de la violencia de género; a favor de la igualdad entre varones y mujeres pero a la vez, para no caer en la incoherencia, debemos apoyar el aborto legal. Pero claro, aquí ya surge un absurdo: ¿Cómo es posible que los promotores de los derechos humanos, de la igualdad y la fraternidad, quieran imponer como ley el homicidio de un niño por nacer, atentando contra el primer derecho humano que es el de la vida, negando su igualdad por ser ya un ser humano? 

La derecha más dura, resalta la total libertad individual. El hombre se salva solo. Allí surge el individualismo total. El hombre como ser individual y social, es un complemento íntegro, que se desarrolla individualmente en sociedad; depende, desde que nace hasta que muere, de los demás. La derecha moderna anula esta realidad del hombre, la social, al exponerlo como la medida de sí mismo. Allí surge, en la práctica, la ley del más fuerte, creando un sistema en el que muchos quedan afuera. Un reflejo de esto es el sistema de mercado actual, que condena a muchos a la pobreza y la miseria extrema.

Es comprensible que, con el devenir del día a día, haya muchos problemas que deseamos resolver. La corrupción política, la inseguridad, el narcotráfico, la pobreza, el desempleo, etc., son productos de la matriz social con la que convivimos y coexistimos. Ahora imagínense teniendo la posibilidad de cambiar esta cruel realidad, si queremos un cambio total de la vida que vivimos, corremos el riesgo de ser como los jacobinos, es decir la izquierda francesa del siglo XVIII, y si buscamos cambiar ciertos aspectos y de manera gradual, y no violentamente, somos de derecha o girondinos. Tiene más valor lo ideológico que la verdadera realidad de las cosas. No importa tanto si una medida o política sirve al Bien Común. Importa más si es de derecha o de izquierda. Eso califica, en el mundo de hoy, la nobleza de las cosas. Ahora, ¿cuál es bueno o malo? 

En la Argentina de los últimos años, vimos a un kirchnerismo que levantaba las banderas de izquierda, pregonando la defensa de los más pobres, para lo que promovió políticas de igualdad que dieron el acceso a un consumo desmedido y generalizado. Favoreció el consumismo y a la vez dejó al país con 30% de pobreza, y 7,6 millones de niños bajo los riesgos de la pobreza multidimensional. Lo malo del kirchnerismo no es el hecho de que sean de izquierda sino el hecho confuso de promover el consumismo de mercado descontrolado, a través de un mal manejo de las arcas del Estado, y eso trajo la miseria que hoy padece el país. 

La derecha nacional y liberal no está exenta de esta realidad: la década del 90, con el menemismo, favoreciendo la propiedad privada, privatizó todo, hasta los ahorros de la clase media luego que se terminara la novela del uno a uno. Es verdad que la bomba explotó en el gobierno de la Alianza, pero esta bomba de tiempo la armó la derecha liberal menemista.

Volviendo a la defensa de la vida, es verdad que la izquierda progresista busca implantar, como derecho, la interrupción terapéutica y legal del embarazo. Pero la derecha, que exalta al individuo por sobre todo, respeta la libertad de la madre en este sentido, y también lo favorece. Claro, el individualismo todo lo puede, y primero está el bienestar personal y después, si hay tiempo, el de los demás. En ese círculo de indiferencia, el derecho a vivir de los niños por nacer es lo menos, porque no son necesarios parece; será porque no pueden consumir.

También en la actualidad, podemos ver cómo el gobierno de Macri aumentó la Asignación Universal por Hijo, a más familias. Macri, que es tildado de derecha por la oposición, promulgó una medida social, que busca igualar hacia arriba los ingresos familiares. ¿Acaso Macri no es derecha y sí de izquierda por buscar la igualdad, o su decisión política en este caso es correcta porque es supuestamente de derecha? Yo creo que ni una, ni la otra. La decisión política es buena en sí misma porque favorece y fortalece la primera infancia, la maternidad y la familia. Lo mismo podemos decir de la decisión política del peronismo en Salta, que creó el Ministerio de la Primera Infancia, con el fin de invertir en el cuidado y desarrollo de los más pequeños, porque son el futuro de la patria. Esa decisión es buena porque favorece al Bien Común y no porque el gobierno sea peronista. Vale agregar que esta misma medida está siendo implementada por el gobierno de Macri, que parece de derecha pero es de izquierda, o sabe a izquierda pero es de derecha. ¿ Confuso? Y ahí está la razón de toda esta trama.

La confusión primero, después la división. No hay derechas ni izquierdas. Lo que sirve al Bien Común de la sociedad es lo correcto. La derecha y la izquierda son etiquetas ideológicas que sólo generan confusión y división. Y hoy lo que tenemos es una sociedad dividida y a la vez empobrecida y pisoteada por el poder. El bien y el mal no es creencia de ingenuos, al contrario, es la interpretación producto de la abstracción de interpretar la realidad. Es decir, sólo vale la distinción de lo bueno y lo malo. Después, todos somos iguales en dignidad por ser de la misma naturaleza creada por Dios.

Y en política, y en sociedad, debemos tomar todo aquello que sirva al Bien Común de la Argentina y de la sociedad y debemos descartar todo lo que vaya en contra de la patria. La prosperidad de un pueblo está en su cultura y no en las ideologías. Es más, somos libres en esta patria que supimos conseguir por ser nacidos aquí. Ni de derecha ni de izquierda, pero sí argentinos.

 

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.