Escribe el Lector Sábado, 13 de enero de 2018 | Edición impresa

Minería y glaciares 

En relación a la nota publicada en Los Andes el 30 de diciembre, "Impacto de la megaminería en los glaciares andinos", queremos hacer los siguientes comentarios:

1. La palabra "megaminería" no es propia de científicos ni de los tratados y glosarios relacionados con los fundamentos científicos y tecnológicos en los que se basa la actividad minera moderna. 

2. La nota expone opiniones de tres glaciólogos que tratan de justificar la denuncia contra un colega de ellos, el doctor Villalba.

3. El verdadero motivo de la denuncia es el que hemos venido explicando públicamente los profesionales y trabajadores de la minería. Los glaciares deben ser relevados y estudiados por el organismo nacional idóneo, como se hace en otros países, pero la Ley de Glaciares N° 26.639 fue redactada con la inclusión de un ambiguo y extenso ambiente periglacial, de tal manera de impedir la actividad minera en la cordillera y en otras montañas de nuestro territorio. Prueba de ello es que ninguna mina de la cordillera fue puesta en producción desde la sanción de la ley, hace más de siete años. Por eso, la denuncia contra un brillante científico o contra una empresa minera parecen ser sólo "pasos" para impedir la creación de nuevas fuentes de producción y trabajo.

4. Los argumentos que se usan, en general, evitan las comparaciones con otras actividades, para dar a entender que la minería es la única que produce impacto. Aunque se trate de hechos conocidos, no podemos dejar de explicar a los lectores que el desarrollo de las poblaciones, de la agricultura, de la ganadería, de la industria, de la infraestructura, como así también el haber quitado a los cauces naturales el agua para desparramarla en grandes superficies que llamamos oasis artificiales. Son una larga historia de intervenciones humanas que impactaron y cambiaron las condiciones y el paisaje original de estas tierras. Todos los impactos y cambios se hicieron para beneficio del país y de sus habitantes, y los impactos de la minería deben tener la misma finalidad.

5. Llama la atención que se hable de un impacto pronunciado y que se atribuya el retroceso de glaciares a la actividad minera; en todo el mundo se culpa de eso al calentamiento global.

6. En la parte medular se argumenta que la intervención minera afecta al recurso hidrológico de la cuenca y que ese impacto no ha sido evaluado por un estudio serio tanto en los caudales como en la hidroquímica del agua. Sin embargo, es muy fácil hacer una estimación del impacto de esa intervención. En efecto, según la definición de ambiente periglacial de la Asociación Argentina y Sudamericana de Permafrost, la extensión del ambiente periglacial de la cuenca del Jáchal, entre las latitudes 27°40'S y 30°30'S, tendría un orden de magnitud de unos 10.000 km2. A la vez, la intervención minera (labores a cielo abierto y accesos) afecta una superficie cercana a los 10 km2 que representa una milésima parte del total. Aún así, ¿cuánta agua contienen las rocas del yacimiento que son extraídas? Esas rocas son volcanitas silicificadas cuya porosidad efectiva es muy baja y por esa condición no se comportan como un acuífero. 

Por lo tanto, la extensión de la intervención es insignificante y si la roca extraída no es un acuífero, la operación minera no produce ningún impacto en los caudales de la cuenca.

Eddy Lavandaio
Geólogo