Turismo Domingo, 11 de febrero de 2018 | Edición impresa

Milán: bella por contraste

Una de las urbes más vibrantes del mundo donde el pasado y el futuro conviven, como lo religioso y lo pagano, lo moderno y lo antiguo.

Por Tania Abraham - turismo@losandes.com.ar

Milán es pura inspiración, para los adoradores de dioses modernos, como los diseñadores de moda, claro, pero también para artistas de toda estirpe, para científicos de toda laya, para innovadores y vanguardistas, si cabe aún el término (discusión aparte). Para amantes también, por más que ya no están los canales que permitían navegar desde allí hasta Venecia, allá lejos en el Medievo. La ciudad inspira aun cuando la Gran Guerra destruyó la tercera parte de su edificios monumentales, esos que comenzaron a erigirse desde el siglo IV a.C.

Cierto es que desde la joya de la urbe -la Piazza del Duomo- hacia las antiguas puertas de las murallas -Porta Giovia, Vercellina, Ticinese, Vittoria, Venezia y Garibaldi- construidas por los conquistadores españoles y austríacos que gobernaron Milán entre el siglo XVI y el XIX, la renovación que acompaño más tarde el final del XIX y el comienzo del XX, hasta la década del 30, marcó la urbe de forma tajante: pura efervescencia, auténtica inspiración.

Imaginen: en 1882 se abrió el túnel ferroviario de San Gottardo hacia Suiza, lo que logró una red de comunicación en el Norte sin precedentes. Más adelante Milán prosperó con las barriadas obreras en torno a fábricas como Pirelli, Alfa Romeo, Marelli. Ya por aquel tiempo la Galleria Vittorio Emanuele II -construida en 1878 por Giuseppe Mengoni- que conecta la Piazza del Duomo con la Piazza della Scala y el Teatro alla Scala de Milán, era un paseo único, y lo sigue siendo. Hoy entre grandes marcas en fascinantes escaparates, un Campari o ristretto en el bar Camparino, cuyo primer dueño fue Gaspare Campari, es menester del viajero. Por cierto, el trago lo creó Gaspare en su café que se llamaba Zuca hacia 1867; merece un homenaje en las mesas del local actual.

El Duomo, entre lo pagano y lo católico

En medio de un círculo el Duomo, la Catedral de Milán,  las calles a modo de radios dan a él. Gótico y ecléctico, católico y pagano, la dualidad es lo que atrapa al viajero que con libro en mano sigue los designios de los siglos en la fachada y en el interior. Es una de las iglesias más grandes del orbe -tiene 157 metros de largo, 100 de alto y puede albergar a 40.000 personas. Desde la primera basílica de San Ambrosio del siglo V, pasando por la de Santa Tecla 3 siglos más tarde, hasta que en  1386 nació este nuevo proyecto en estilo Gótico radiante, el Duomo tuvo su derrotero hasta el mismísimo siglo XX cuando se finalizó.

Así llegó a las 3.400 estatuas, 96 gárgolas y cerca de 153 agujas y los excelsos baptisterios externos. La hermosa fachada con Maria Renacenti en el centro, sus 5 puertas labradas en bronce, con la mezcla de gótico recargado y neoclásico, con millares de detalles que nunca terminarían de contarse.

Es que nervaduras, hojas, flores en piedra, junto a ángeles de rostros amenazantes, extrañas estatuas, santos y mártires, pueblan los muros como hombres  de seis dedos y serpientes disimuladas, también pasajes del Evangelio, y hasta un erguido Napoleón tiene su escultura sobre una aguja, cerca de la Madonnina...

De ese eclecticismo, de esas contradicciones entre religión y herencias paganas (recordemos que Milán fue fundada por una tribu celta), surge la fascinación por este sitio. Sin olvidar el capricho de Bonaparte en concluir la fachada para ser coronado allí rey de Italia en 1805 junto a Josefina: él mismo se colocó la corona... pero la historia  de la construcción y sus misterios continuaron hasta el siglo XX. Aún hay mucho para ver y contar.

Puertas adentro

Llama la atención el reloj de sol en la entrada. Una línea de metal incrustada en el pavimento marca el meridiano del lugar, de norte a sur, entre placas de mármol con los signos del zodíaco y las fechas de la entrada del sol en cada uno. Por una cavidad situada en la bóveda a 24 metros cada jornada, exactamente al medio día, un rayo que se cuela por el orificio del techo determina la fecha y signo zodiacal. 

En el subsuelo, en tanto, pueden verse los cimientos del siglo IV, a 4 metros por debajo de la plaza. Testimonios de los 2 templos que precedieron al Duomo, con mosaicos, pinturas  y una gran pila bautismal. El espacio subterráneo da cuenta de los inicios del cristianismo en el decadente imperio romano. En ese reducto del pasado San Ambrosio bautizó a quien sería San Agustín. 

Una vez arriba, el altar mayor luce descomunal con sus  2 púlpitos, un baldaquino o templete y una cúpula de 8 columnas corintias que resguardan en el interior el sagrario, las estatuas de San Carlos y San Ambrosio, los custodios del templo y del pueblo. 

En lo alto, sobre la bóveda, hay una cruz señalada con una luz roja. Abajo, a modo de cesta de metal, una cruz dorada y una cortina roja. Se trata de un ascensor en forma de nube que se eleva 45 metros hasta la bóveda en la que se encuentra un clavo que traspasó el cuerpo de Jesús. Cada 14 de setiembre es rescatado de los cielos del templo para ser adorado por la comunidad.

Pero quizá lo más monumental, además de los vitrales, es la posibilidad de subir a los tejados por las escaleras, a más de 100 metros de altura.

Líneas de piedra como venas, pináculos y torres, arbotantes, que también envían el agua hacia las gárgolas, terroríficas ellas, y cientos de estatuas sobre las agujas y millares de adornos, flores, hojas, rosetas, ángeles, hombres y bandidos, porque aquí se representaron los poderosos donadores de fortunas para la construcción de la iglesia, nobles y obispos, también niños y hasta obreros que se retrataron a sí mismos. 

¿Qué ver en Milán?

No se puede obviar una visita al Teatro alla Scala de Milán -construido por Piermarini en 1778- escenario de las esenciales óperas de Rossini, Bellini, Donizetti, Verdi y Puccini. Tampoco hay que dejar de admirar la Pinacoteca de Brera y la Biblioteca Ambrosiana. Y el castillo medieval de los Sforza, donde se conserva la "Pietá Rondanini" esculpida por un Miguel Ángel ya anciano. 

Merece también una visita el Cementerio Monumental, la  grandiosidad de la arquitectura de las tumbas hace de este camposanto un museo al aire libre, con obras realmente sorprendentes.  Y si de arte hablamos, la Iglesia de Santa Maria delle Grazie se encuentra a muy poca distancia. Allí, La Última Cena, de Leonardo Da Vinci, en vivo y en directo, pero ojo hay que sacar el ticket por internet con meses de antelación.

Piazzale Loreto es otro ícono, donde el 29 de abril de 1945 la brigada Garibaldi, antifascistas ellos, mostró a la multitud el cadáver de Benito Mussolini, entre otros altos mandos del régimen, quienes habían sido fusilados cerca del Lago de Como, en las afueras de Milán. Ese día muchos recordaron que en agosto de 1944 los fascistas y nazis habían fusilado a 15 partisanos, cuyos cuerpos quedaron en Piazzale Loreto, como burla y castigo.

La moda, la gran inspiración

Es imperdible  el paseo por Via Monte Napoleone hacia el "Quadrilatero della moda". Via Monte Napoleone, Via Manzoni, Via della Spiga y Corso Venezia encierran este cuadrado que da taquicardia a los fashionistas de todo el mundo.

Louis Vuitton, Hermés, Dior, Armani, Prada, Gucci, Versace, Chanel,  Zegna, Ferragamo, Fendi, entre los que llegan de otros lares para quedarse y dejar su sello. 

Las noches en la ciudad del glamour

Hablar de la vida nocturna de Milán es cosa seria. Hay infinidad de locales al aire libre como en el parque Idroscolo o en la zona de Navigli, esta última junto a las calles que rodean la galería Brera, son geniales. Para glamorosos el área del Corso Como, con gran variedad de locales  y donde las modelos suelen aparecer para tomar algo después de los desfiles. Tocqueville es un buen lugar para bailar; Hollywood Rythmoteque, muy top.

En Corvetto, está Karma. También recomendable Shocking club, en Bastioni di Porta Nuova, especialmente los miércoles, donde tienen lugar las locas noches temáticas. Y si todo esto no alcanza hay que ir a  las famosas macro discos de Milán, como Alcatraz, en vía Valtellina 21 o Propaganda en vía Castelbarco 11.

Como puede verse se  trata de una ciudad de contrastes, con zonas de aire romántico como Navigli, con sus mágicos canales, zonas muy vanguardistas como la de Corso Como, barrios deportivos como San Siro y plazas que evocan al Milán medieval, como la Piazza dei Mercanti.

Y si hablamos de los alrededores, lugares como el mágico Lago Como y ciudades del Medievo como Bérgamo, Brescia o Parma, esperan al viajero a poca distancia.