Editorial Sábado, 20 de enero de 2018 | Edición impresa

Los menores y el consumo de alcohol

Cifras dadas a conocer por diversos organismos dejan al descubierto que muchos menores consumen alcohol en las “previas”.

Por Editorial

Hay estudios cuyos resultados sorprenden, no sólo por la contundencia de las cifras sino también por las circunstancias que rodean a los hechos. Es lo que sucede con una investigación independiente realizada por la Universidad Católica Argentina y el Observatorio Argentino de Drogas, que permitió establecer que existe un fuerte incremento en el consumo de alcohol por parte de adolescentes y de jóvenes y que en muchos de los casos esa situación responde a la permisividad de los padres al ofrecer sus propias casas para que los chicos realicen "la previa" antes de partir hacia los boliches. Previas que comenzarían, según se indica, con el consumo de bebidas de menor contenido alcohólico, como la cerveza, pero que con el correr del tiempo van incrementando la graduación, a lo que se suma el hecho de que llegarían a sumar algunas pastillas muy perjudiciales para la salud por el alto contenido de adicción.

La preocupación sobre la situación planteada por los jóvenes y el alcohol no es nueva. Los mendocinos debemos recordar las reuniones que se multiplicaron en la Legislatura provincial cuando se trató la apertura y cierre de boliches y la hora en que debía prohibirse el expendio de alcohol, de las que participaron legisladores, empresarios de locales bailables, jóvenes y padres. El objetivo principal se centraba en establecer pautas que permitieran que los chicos dejen de beber alcohol un tiempo prudencial antes de retirarse y que contemplaban otros aspectos, como el del "conductor designado". Es más, sin que la ley lo determine, se conformaron grupos de "padres preventores" que actúan en las cercanías de los boliches para evitar accidentes. 

Situaciones similares se plantean en otros lugares del país y hasta se dan casos insólitos en el afán de llevar algún tipo de solución, como sucediera en la Capital Federal cuando se prohibió la publicidad callejera del vino porque en un evento hubo muertos por el combo conformado por el consumo de drogas con bebidas de alto contenido de alcohol.

Sin embargo, de nada valen las leyes ni las buenas intenciones de los padres preventores cuando nos encontramos con progenitores que, tal como lo señalan los estudios, brindan oportunidades a sus hijos para que realicen "previas", en las que se consume alcohol, antes de concurrir a los boliches.

Padres que, en su afán de demostrar su complicidad, con toda seguridad van a protestar si por cualquier circunstancia al joven no se le permite el ingreso a los locales. También serán los primeros en criticar a los dueños de los boliches si su hijo participa de alguna discusión o una pelea. Según el estudio, los adultos suelen dejar la "zona liberada", que puede ser el living para que los chicos hagan la previa, indicando en ese marco que en siete años la cantidad de menores de edad que consume alcohol aumentó de manera preocupante, del 42% en 2010 a 60,5% en 2017 y la Universidad Católica Argentina advirtió que las previas son un factor de riesgo para los jóvenes y más aún para los menores, a lo que le suma una encuesta que indica que, entre los jóvenes mayores de edad el 78,9% de los participantes tuvo un episodio de consumo excesivo en los últimos 30 días y el 31,7% indicó consumir de manera excesiva al menos una vez a la semana.

Mucho más preocupantes son los datos proporcionados por el Observatorio Argentino de Drogas, que advierten sobre un incremento en el consumo de cerveza a partir de los 12 años, destacando que en una encuesta realizada en 2010 había un 21,4% de la población de 12 a 17 años que consumía alcohol regularmente y que en 2017 ese porcentaje subió al 34,7%, mientras que se ha establecido que la edad del inicio del consumo es a los 13 años, cuando en generaciones mayores era de entre 19 y 20 años.

Las autoridades han advertido la situación y han profundizado las campañas y los controles, pero esas iniciativas terminarán diluyéndose mientras existan padres permisivos que no comprendan que ejercer un control sobre sus hijos no los convierte en sus enemigos, sino en un pilar para encaminar su futuro.