Opinión Domingo, 14 de enero de 2018 | Edición impresa

Los jóvenes inmigrantes en EEUU se debaten en la incertidumbre - Por Vivian Yee

Los comprendidos en el programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia (DACA) viven momentos de zozobra.

Por Vivian Yee, Caitlin Dickerson y Sheryl Gay Stolberg © The New York Times 2018

Llenos de angustia y oraciones, con una cuenta regresiva en la cabeza y el teléfono de sus abogados de inmigración muy a la mano, cientos de miles de jóvenes inmigrantes habían pasado todo el otoño y el invierno viendo al presidente Donald Trump y a los líderes del Congreso negociar su destino, y cada mínima noticia se convertía en un presagio martirizante.

"Es como ver una telenovela: cada día es distinto", comentó Francis Madi, de 28 años, quien llegó a Estados Unidos de Venezuela en 2003 y ahora vive en Long Island, Nueva York. "En este momento estamos pasando por la parte en la que nos mordemos las uñas, preguntándonos qué le depara el futuro a la protagonista".

En este caso, sucede que la protagonista es ella.

Quizá más que las de cualquier otro grupo de personas en el país, las vidas de los "dreamers" (soñadores), como se les conoce a estos jóvenes inmigrantes, han sido moldeadas directamente por los cambios de humor de la política nacional.

Un martes cambiante

Sin embargo, en los cuatro meses transcurridos desde que el gobierno de Trump anunció que pondría fin al programa de Acción Diferida para los Llegados en la Infancia, o DA CA por su sigla en inglés, que protege a 800.000 jóvenes inmigrantes que fueron traídos al país ilegalmente cuando eran menores de edad, los tejemanejes de Washington se han sentido especialmente personales. Mientras el Congreso está inmerso en un concurso de alto vuelo en aguantar la mirada en lo referente a un programa sustituto, los inmigrantes ya han comenzado a perder sus protecciones, quedando expuestos a la deportación.

Después vino la tarde del martes pasado, cuando hubo atisbos de un acuerdo bipartidista. Y un poco más tarde, el mismo martes, cuando Trump pareció listo a abrir nuevamente todo el debate de la reforma migratoria. Un poco después, en la noche de ese mismo día, tuvimos noticias de un sorprendente dictamen de la Corte que amenazaba con enturbiar las aguas una vez más. Hasta llegar al miércoles por la mañana, cuando ni si quiera sabíamos cómo sentirnos.

Con todo, el martes sí tuvimos la impresión de que nos estábamos acercando con pasos vacilantes a un acuerdo, aunque pareciera imposible predecir qué tanto, incluso para los negociadores, entre el maremágnum de señales confusas del mandatario republicano.

Después de un año de mantener una mano dura en materia de inmigración, el presidente sugirió en una reunión con líderes del Congreso que no solo apoyaba que hubiera un acuerdo para proteger a los "dreamers", sino además un paquete de reformas migratorias integrales, lo que aumenta la posibilidad de que la seguridad de los beneficiarios del DACA dependan de un conjunto de compromisos mucho más desorganizados.

Las vidas de los “dreamers” (soñadores), como se conoce a los jóvenes inmigrantes, han sido moldeadas por los cambios de humor de la política en EEUU.

Mientras tanto los republicanos, todavía siguen presionando para vincular los beneficios de los jóvenes migrantes a restricciones a la inmigración legal basada en la familia, la seguridad fronteriza y otras prioridades conservadoras que los demócratas y los defensores de los migrantes han desaprobado.

"Nos están usando como moneda de cambio", comentó Rafael Robles, de 26 años, beneficiario de DACA en Chicago, quien es propietario de una empresa de desarrollo de arquitectura, diseño y bienes raíces. "No estoy abogando por una ley para los 'dreamers' a costa de todos los demás".

La noche del martes, un juez federal en San Francisco dictaminó que el gobierno de Trump había revocado el programa de manera incorrecta y ordenó su restablecimiento. Aunque los defensores de los migrantes vieron la decisión con buenos ojos, advirtieron que esperaban que fuera impugnada, si no es que anulada, y advirtieron que un mandato judicial no podía remplazar una legislación del Congreso.

Alrededor de las cinco de la mañana, en Fall River, Massachusetts, Hellosa Silva, de 18 años, quien estudia el último año de preparatoria y llegó a Estados Unidos desde Brasil cuando era un bebé de brazos, se levantó sobresaltada con la alerta en su celular de una noticia que informaba sobre la sentencia del juez. "Me emocioné mucho", dijo.

Cansados emocionalmente

Los abogados migratorios se vieron abrumados la mañana del miércoles por clientes ansiosos de aprovechar el restablecimiento ordenado por el tribunal. Jeremy McKinney, abogado migratorio en Carolina del Norte cuyo despacho legal tiene más de mil clientes que pertenecen al DACA, comentó que publicó la sentencia del tribunal en la página de Facebook del despacho, lo que ocasionó que sus teléfonos comenzaran a sonar sin cesar.

McKinney comentó que había aconsejado a sus clientes no presentar documentos para la renovación debido a que no había garantías de que el gobierno aprobaría nuevas solicitudes, incluso de no ganar la apelación, y que no se sentía cómodo aceptando honorarios por algo que probablemente sería un esfuerzo inútil.

Fue difícil dar esta noticia a clientes que están cansados emocionalmente.

"Ciertamente, hemos estado haciendo nuestro trabajo aquí en el despacho de abogados", comentó. "Hacemos lo posible por explicarles el proceso con la finalidad de disminuir sus niveles de ansiedad pero, honestamente, no está funcionando".

Ramiro Luna todavía estaba trabajando el martes en Dallas, después de haber terminado su turno oficial, cuando vio la noticia sobre el dictamen del juez en Facebook. En realidad, no alivió la tensión que siente cada vez que piensa en su condición como DACA, es decir, cada vez que echa un vistazo a la cuenta regresiva en su iPhone que le dice cuántos días le quedan antes de que expire.

El miércoles, el conteo marcaba 280 días.

"Todos los días", manifestó, "me siento como si solo me quedara un día en el que pudiera considerarme seguro aquí".

Luna, de 33 años, vino a Estados Unidos de México con su padre a la edad de 7 años. Ahora estudia psicología en la Universidad del Norte de Texas en Dallas y trabaja como director de campaña de la representante estatal de Dallas Victoria Neave, quien es demócrata.

Comentó que se había acostumbrado a vivir en el caos y la incertidumbre. Para empezar, podría perder su permiso de trabajo antes de las elecciones en las que estaba trabajando.

El DACA les ha permitido a sus beneficiarios obtener empleos, ir a la universidad, obtener licencias para conducir y abrir planes de retiro denominados fiscalmente como "401(k)". Todas esas oportunidades ahora están en riesgo.

"Estamos a merced del gobierno. Estamos a merced de las sentencias de los tribunales", señaló Luna. "En este momento ya estoy pensando en qué tipo de trabajo informal para subsistir podré hacer sin papeles".

Tocar puertas, llamar a los miembros del Congreso, hacer que corriera la voz en las redes sociales: el activismo fue la única esperanza que la mayoría de los beneficiarios de DA CA tuvieron para influir en un proceso que se había desarrollado frente a millones, en la televisión y en los medios de noticias de todo el país pero que, en última instancia, quedaría en manos de las inclinaciones de unos cuantos.

Ahora, el momento

La mayoría de los activistas migratorios creen que la mejor oportunidad de que haya un acuerdo para los "dreamers" es el momento actual, ahora que los demócratas pueden amenazar con retirar su apoyo a un proyecto de ley de gasto que el Congreso necesita aprobar para evitar que el gobierno se detenga el 19 de enero.

Más de cien beneficiarios del DA CA se han dado cita en el Capitolio en Washington durante los últimos dos días, narrando sus historias a los legisladores en un esfuerzo urgente para persuadirlos de convertir el programa en ley.

Uno de ellos fue Héctor Rivera Suárez, de 20 años, presidente del consejo estudiantil de Guilford College, en Greensboro, Carolina del Norte, cuyo estado como DACA expira el 21 de este mes.

"Ahora siento que ya no tengo el control sobre mi propio futuro", manifestó. "Tenía muchos planes, pero ahora dependen de que alguien más tome esas decisiones por mí".

(Liz Robbins contribuyó con este reportaje desde Nueva York y Manny Fernández, desde Houston).