Opinión Lunes, 8 de enero de 2018 | Edición impresa

Ley de vinos: buenos muchachos, pero atrás del mostrador… - Por Sebastián Lafalla

Por Sebastián Lafalla - Presidente de la Cámara de Agricultura Industria y Comercio de Tupungato

Si aceptamos la refermentación diferida de mostos, lo que implica una profunda modificación del sistema de elaboración que caracteriza al vino argentino -su genuinidad, producto exclusivo de la fermentación de la uva- pasaremos a tener fábricas de vino, como las de cola. Esto significa que accederemos a un producto industrial desvinculado de la bodega y su lógica consecuencia: el fin de los productores de uva y peor aún el fin de nuestra tan preciada industria. 

Este nuevo intento de desregular el mercado con el pleno y claro objetivo de bajar los precios de la uva o el vino de traslado dejando en manos del sector industrial que lo regule a su gusto, no lo podemos permitir. 

Hace más de 20 años, luego de otra gran crisis, la industria dijo basta y tomó la decisión de autoregularse y por ello creó por ley el acuerdo Mendoza-San Juan. Esta herramienta funcionó siempre que se la manejo técnicamente.

Hoy luego de muchos años, la vamos a destruir por el mero interés de una parte del sector industrial, que argumentando temas enológicos, buscan en realidad soluciones económicas para su codicia. Van a  bastardear así a todos los productores y por sobre todas las cosas al mercado y al tan preciado consumidor por el que luchamos día a día para recuperarlo o simplemente mantenerlo. Vamos a transformar esa gran identidad que tiene hoy el vino argentino, (donde la ley que lo regula 14.878 establece  que es sola y exclusivamente un producto de la  fermentación de uvas frescas) para transformarlo  en un producto industrial que cualquiera y en cualquier lugar puede producir. 

El segundo paso del plan va a ser agregar enoceanina (producto derivado del ollejo de la uva) para teñir vinos y así lograr del mosto un vino tinto con ¡0% de uvas tintas! En esta lógica estaría aceptado, por qué no. ¿Esto es lo que queremos? El tercer paso será llevar los tambores de mosto a todos los lugares de consumo para fermentar todo el año, al igual que las empresas de bebidas colas y así bajar la incidencia de la mano de obra y el valor agregado local y por supuesto la calidad del vino.

Descartamos como argumento técnico la demanda de nuevos productos por los mercados. Si quieren refermentar mostos que sea para bebidas que no usen la palabra vino, como aperitivos, refrescos y otras, donde ya hay antecedentes, que el INV los autoriza, pero no con el nombre vino. Hay que cuidar la identidad del vino y su pureza, es la marca registrada que tenemos como país y por sobre todo cuidar a la producción primaria que es la que realmente da trabajo en esta actividad. 

Con esto, insistimos, van a lograr hacer todo tipo de trampas, no faltarán los especuladores que importen mosto y que lo refermenten aquí para luego con muy poca uva tinta lo transformen en vino. Ya debe haber algún pícaro que exportó mosto a Chile y se trajo vino…

No nos extraña que sin consenso, ni discusión alguna una serie de personajes y una legisladora salgan al unísono a plantear este tema. ¿No será que los malos precios disimulan las ineficiencias de muchos sectores y que quieren que el pato de la boda siga siendo el sector primario aún en empresas integradas?.

Como decía don Bono, el cantinero del club Argentino en Junín (provincia de Buenos Aires): “Todos son buenos muchachos, pero atrás del mostrador”. Con esta nueva modificación de la ley 14.878 estamos cruzando a los “buenos muchachos” al lado de la caja, cosa que don Bono no hubiese permitido ni un por un segundo.