Opinión Sup. Economía Domingo, 12 de noviembre de 2017 | Edición impresa

La reforma viene con dudas y enojos

Mientras se analizan las reformas presentadas por el Presidente, siguen las dudas en medio de expectativas inflacionarias.

Por Rodolfo Cavagnaro - especial para Los Andes

La ausencia del ministro Dujovne en la reunión del miércoles pasado generó muchos enojos en los funcionarios mendocinos y sanjuaninos y muchos más en los empresarios.

Algunos lo tomaron como una actitud despectiva y soberbia de alguien que dice que quiere escuchar y negociar, pero de la boca para afuera.

A la hora de la verdad, se borró, no dio la cara y dejó sin respuestas. Eso no es propio de un negociador serio.

Por suerte la situación se resolvió en forma positiva y ni el vino ni los espumantes tendrán impuesto interno, al menos mientras Alfredo Cornejo sea gobernador.

No sabemos si los fundamentos que esgrimieron funcionarios y dirigentes fueron realmente evaluados, pero evidentemente la solución pasó por una decisión política del Presidente, que prefirió no confrontar con una provincia que le ha aportado muchos votos. Lo colateral fue no aumentar el impuesto a la cerveza, para evitar acusaciones de preferencias

Por ahora, se ve que la pulseada por la reforma viene muy controvertida, llena de dudas y algunos especialistas alertan que, aunque el resultado podría dar neutro, en realidad hay un golpe impositivo muy fuerte para la clase media y media alta y para los jubilados.

No obstante, dicen que la mayoría de las reformas son razonables, sobre todo las que plantean la baja de algunos impuestos. El problema es de tiempos, ya que las rebajas se hacen en dosis homeopáticas (en cinco años) y los aumentos tendrían vigencia inmediata.

Pero en la cuenta final, dentro de cinco años, no habrá baja de la presión tributaria y el gobierno cree que podría licuarla si la economía crece, pero no es una apuesta muy técnica.

El gobierno está militando muy fuerte las rebajas que las empresas tendrían en los próximos cinco años contabilizándolas como si fueran al contado, pero esquiva cuando tiene que dar explicaciones acerca de los aumentos o de nuevos impuestos. Esto ocurre con los impuestos internos al vino y a los espumantes, pero también a las gaseosas y las cervezas.

El tema del impuesto a la renta financiera es otro que genera diferencias y ha generado mucho revuelo en el mundo de las finanzas. El gobierno está seguro que este impuesto no tendrá oposición en el Congreso y gozará del fervor popular.

Pero el problema es que ni los legisladores ni los movimientos populares le van a comprar bonos al gobierno. Esos son los financistas y están muy enojados. Esto no significa que no conseguirá dinero, pero seguramente le saldrá mucho más cara. ¿Cuál el límite que aceptará el gobierno?


Coparticipación casi sin problemas

Aunque faltan precisiones, sería casi seguro el acuerdo entre el gobierno nacional y las provincias, aunque algunos no lo ven con mucha simpatía. Es que la parte sustancial del acuerdo es el Pacto de Responsabilidad Fiscal, que le impone a los firmantes límites a los aumentos del gasto, que deberán ser no mayores de la inflación, y el crecimiento del empleo público, que no deberá superar el crecimiento poblacional. 

La segunda parte del acuerdo deberá tejerse con más tiempo ya que implica varios puntos. El principal, es que el gobierno nacional quiere que las provincias bajen el impuesto a los ingresos brutos, que está ofrecido como la parte más atractiva de la reforma impositiva hacia las empresas. Las provincias no quieren resignar y, en su caso, quieren hacerlo en forma gradual pero, a cambio, le piden más plata a la Nación.

Y el problema es que las empresas, sobre todo las radicadas en las economías regionales se están quejando porque, sacando cuentas finas, llegan a la conclusión de que terminarán pagando más que ahora.  

O sea que la reforma será un impuestazo, pero los funcionarios nacionales tratan de convencerlos que los números se equilibran con la baja de ingresos brutos. Esta baja no es segura por lo que dijimos antes, por lo que se entiende la inquietud de las empresas.

Y aquí aparece un obstáculo porque la Nación tampoco podría agrandar sus gastos sino que, además, tiene que hacer frente a la demanda de la provincia de Buenos Aires para que le repongan el Fondo del Conurbano, que de salir favorable el fallo de la Corte, le haría perder muchos recursos a las provincias.

La salida no es fácil y hará falta mucha muñeca política y buena voluntad. Hasta ahora se les pide a las provincias que cedan pero el gobierno nacional no parece muy decidido a ceder porque parece el más necesitado.

 

Inflación, tasas y dólar

El Banco Central volvió a sorprender con una nueva suba de tasas. En dos semanas la tasa de las Lebac subió dos puntos y llegó a 28,75%. La explicación es la de intentar contener la suba de precios ante los inminentes aumentos de los precios de tarifas de servicios públicos.

El problema es que esta suba sigue alimentando la bicicleta financiera porque, ante una expectativa de que la inflación de este año termine cerca del 22%, pero con una proyección anualizada que da una posibilidad del 17%, la tasa parece demasiado elevada.

Ante esta situación, los operadores reaccionaron, vendieron dólares y se colocaron en las letras del Banco Central y, por supuesto, generó una baja en el precio del dólar.

Entre esta estrategia de la autoridad monetaria y el proyecto de impuesto a la renta financiera, los bancos ya tendrían pensado aumentar las tasas que pagan a los ahorristas, pero también subir las tasas que cobran por los créditos. Todo esto forma una combinación no muy positiva para pensar en una mejora en las inversiones y el crecimiento del empleo.

Hasta ahora, todos los especialistas coinciden en que el uso de la tasa es insuficiente para frenar la inflación, ya que además de la expansión monetaria hay un componente de expectativas inciertas que obliga a subir la tasa y hace que los precios crezcan.

Esto lo decía hace días el economista Guillermo Calvo quien explicó que la falta de certeza del tipo de cambio genera un pedido de mayor tasa para compensar una eventual devaluación.

Esta baja del dólar profundiza la pérdida de competitividad de la economía ya que se mantiene muy elevada la presión impositiva y no hay forma de mejorar la ecuación de costos. Además, al revaluarse e peso mucho más que las monedas de la región, el atraso cambiario se siente mucho más y complica mucho a economías como la de Mendoza. Si bien Brasil está mejorando, el nuestro atraso cambiario jugará en contra de los exportadores locales.

A pesar de todo, las proyecciones sobre los niveles de actividad económica parece que siguen en buen camino. En principio, se calcula que la economía habría crecido un 5% interanual en el tercer trimestre y esto podría repetirse en la última parte del año.

De esta manera, el año podría cerrar con un crecimiento del 3% en todo el año. Para el año próximo, el gobierno calculó en el presupuesto un crecimiento del 3,5%, en línea con las proyecciones de los analistas privados. 

Hay mucha esperanza en que, de sancionarse en forma positiva el proyecto de blanqueo laboral, durante el año próximo se puedan incorporar al menos 1 millón de trabajadores al circuito formal. Esto mejoraría la situación del empleo y la recaudación de aportes y cargas previsionales. 

Por ahora, muchas dudas y expectativas no resueltas que no ayudan a mejorar las inversiones y el desempeño general de la economía.