Sup. Economía Lunes, 2 de octubre de 2017 | Edición impresa

La economía y los plazos: bien en el corto, mal en el largo

Los últimos datos muestran una leve mejoría de la economía, pero indicadores estructurales preocupantes en el largo plazo.

Por Rodolfo Cavagnaro - Especial para Los Andes

 

Varios indicadores se han conocido en las últimas semanas, que marcan las formas que va adquiriendo la economía argentina y las proyecciones que se pueden hacer acerca de su evolución.

Por lo pronto, se advierte una recuperación del ritmo actividad que, de alguna manera, está alcanzando los niveles que tenía en 2015, aunque aún está lejos que de llegar a los que tenía en 2011, cuando comenzó la recesión. El indicador de Actividad Económica (EMAE) mostró un crecimiento interanual del 4,9% en julio, en comparación con igual período del año anterior. El acumulado de año marca 2,1% respecto de los primeros 7 meses de 2016.

Este crecimiento está basado en el fuerte desempeño de actividades como la construcción, muy traccionada por la inversión pública; también la industria y la inversión. Si bien hay indicadores que muestran crecimiento en el consumo, los mismos son mixtos, porque crecen las ventas de autos y motos así como las transacciones inmobiliarias, apalancadas por las líneas de créditos hipotecarios, pero el consumo masivo no muestra signos de mucha fortaleza.

La balanza comercial sigue siendo deficitaria por un doble efecto. Por una parte, el fuerte ingreso de dólares de las emisiones de bonos realizadas para financiar el impresionante agujero fiscal, causa atraso cambiario y genera pérdida de competitividad de muchos sectores exportadores. Pero además, y según informes del INDEC, los precios de los productos que estamos exportando están cayendo mientras aumentan los precios de los que importamos.

El problema más serio se verifica en la cuenta corriente, donde se contabiliza la balanza de servicios. Si bien Argentina está creciendo de forma sostenida en la exportación de servicios, y éste es un indicador positivo, tiene un agujero negro por el lado del turismo. Más de 50.000 millones de dólares salen por turismo, alentados por el atraso cambiario.

Este atraso cambiario es el resultado del déficit fiscal y la forma de financiarlo ha sido un sutil esquema de cambio ya que no se emite moneda sino que se emiten bonos; una parte se venden en el mercado interno y la mayoría se venden en el exterior.

De los datos de la balanza comercial se puede rescatar un crecimiento de importaciones de bienes de capital así como de partes para bienes de capital, pero también crecen los bienes de consumo. Se ha registrado también un leve crecimiento de las exportaciones de Manufacturas de Origen Industrial (MOI), pero han caído las de Manufacturas de Origen Agropecuario (MOA).

En general los indicadores están mostrando un ritmo sostenido desde enero pasado, que permite proyectar un crecimiento del 3% punta a punta para 2017 y que, de no haber ninguna variante extraña, podría repetirse en 2018, más cercano al 3,5%. En tanto, la inflación será el acompañante de esta economía por un largo trecho. Se calcula que podrá cerrar 2017 con un registro cercano al 22%, mientras que podría caer al 17% en 2018.

Estos niveles no son buenos pero no pueden ser mejores si está la economía presionada por un exorbitante déficit fiscal que termina ahogando a la economía privada. Aunque se han anunciado rebajas impositivas, será difícil verlas antes de 2019.

 

El corto plazo

La economía del corto plazo puede decirse que está mejorando. Es probable que veamos algunos signos positivos con cierta mejora en los niveles de empleo, en algunos sectores, y algunas mejoras en el consumo, aunque de forma selectiva. Incluso, a pesar del crecimiento del turismo hacia el exterior, es posible que haya una mejora en el turismo interno, si los operadores no se vuelven locos con los precios.

Es posible que en los próximos días se anuncien mejoras en los índices de pobreza e indigencia que mostrarían un camino de mejoría de una situación social que es mucho más compleja de lo que los mismos índices reflejan.

Todo parece indicar que en lo que resta de 2017 y en 2018 veremos una situación de mejoras, a pesar de que están anunciados nuevos ajustes en los precios del gas y electricidad. La liberación del precio de los combustibles es otro elemento que genera un poco de incertidumbre, entre otras cosas, por la falta de costumbre de tener este precio liberado en un contexto internacional inestable.

 

El problema del largo plazo

Las mayores dudas han comenzado a surgir respecto del largo plazo y están vinculadas a la política gradualista que eligió el gobierno de Macri con la excusa de tener sensibilidad social. Para financiar ese gradualismo se está emitiendo mucha deuda en dólares en el exterior y el contexto internacional se está poniendo cada vez más incierto, tanto en lo económico como en lo político.

En general a nadie le gusta mucho ocuparse del largo plazo, recordando la frase de Keynes de que “en el largo lazo estaremos todos muertos”, con lo cual pareciera que es preferible pegarse una borrachera de presente sin atender lo que vendrá. Así, nadie se prepara para eventuales crisis y las que nos pegan lo hacen con mucha dureza, para castigar nuestro espíritu existencialista.

Hoy aparecen posibles “cisnes negros” en la economía mundial que en todo el mundo ya están siendo considerados. Los operadores avezados de nuestros mercados ya han comenzado a prestarles atención, mientras los políticos, tanto oficialistas como opositores, discuten sobre el sexo de los ángeles.

Uno de esos “cisnes negros” es el conflicto entre Corea del Norte y EEUU. Por ahora, está en tono de bravuconadas de patoteros con armamento nuclear. El problema es la inestabilidad emocional de ambos patoteros que podría desatar una fenomenal crisis y nos afectaría en cuanto a nuestra dependencia de financiamiento externo. Si algo ocurre, se vendrá el ajuste en serio; hay que estar preparados.

Otro cisne es la política de EEUU ya que mientras el gobierno de Trump emite grandes cantidades de dinero, agravada ahora la necesidad para financiar la reconstrucción de zonas importantes afectadas por los huracanes, la presidenta de la Reserva Federal anuncia que se terminó el tiempo de tasas baratas. Es real que a la señora Ayelén se le termina el mandato y que Trump no se lo renovará, pero nadie sabe quién vendrá y qué nivel de independencia tenga. 

En cualquier caso, el mercado ya descuenta un costo mayor de financiamiento, lo que empeora la posición de Argentina, que viene pagando tasas muy superiores a las del resto de los países emergentes, situación que aprovechan los inversores viendo la fuerte dependencia del endeudamiento del Gobierno por la falta de vocación por hacer el ajuste que el Estado necesita hacer.

En el Gobierno, el único ajuste que prometen es el de las tarifas, pero parece un chiste, porque ese ajuste los financian los privados pagando mayores tarifas. El Estado no achica en nada. Esto muestra la falta de vocación por meter mano hasta donde haya que hacerlo para sanear una estructura que no sólo es cara, sino, demasiado ineficiente.