Opinión Martes, 3 de octubre de 2017 | Edición impresa

La corrupta impunidad

Por Luis Sarmiento García - Doctor en Ciencias Jurídicas y Sociales

Corromper es alterar, dañar, podrir, pervertir, viciar. Punir es castigar e impunidad, falta de castigo. Esta puede obedecer a que el condenado esté prófugo o a que se vive un sistema corrupto, ya que la corrupción siempre produce impunidad, se necesitan mutuamente. Cuando en una democracia hay corrupción es esencial que exista impunidad para que pueda prosperar, porque  los corruptos no son castigados. De lo contrario si los castigos se aplicaran realmente, se evitaría la corrupción. En general siempre hay algún corrupto en el gobierno pero si la corrupción se incorpora sustancialmente al mismo, el corrupto está exento de todo castigo, queda impune.

La corrupción se contagia y expande

Una democracia deja de serlo cuando el gobierno es sistemáticamente corrupto aunque haya sido elegido por el pueblo en comicios libres y sin fraude. Porque puede haber legitimidad de origen (elección) pero si la gestión es corrupta, carece de legitimidad de ejercicio y el gobierno se transforma en ilegítimo. La corrupción comienza en el poder ejecutivo que es el que administra cuantiosos recursos y así empiezan los “negociados” o negocios ilegítimos. Como el Congreso o poder legislativo debe controlar al ejecutivo, se requiere también que buena parte de sus miembros no controle o rechace el control que intentan ejercer las minorías. De esta forma se rechazan las comisiones investigadoras y también el juicio político de los funcionarios del ejecutivo acusados de corrupción o delitos en el ejercicio de sus funciones. Es obvio que en este sistema tampoco hay Justicia y el poder judicial está integrado por jueces corruptos.

Así se logra que la corrupción invada a los tres poderes del Estado.  Jueces subordinados al poder ejecutivo y corruptos son indispensables. La falta de punición o de castigo es funcional al corrupto para que sea tal.

Entonces se completa el ciclo de corrupción, enquistándose un sistema corrupto e ilegítimo, con contaminación también a la parte del pueblo que sostiene al gobierno.

Pero no siempre se requiere un coimero para corromper, como hipócritamente se sostiene. Si no hay quien ofrece una coima no puede haber funcionario coimeado lo cual es verdad. Pero si el ejecutivo roba o defrauda al Estado, no hay coima ni coimero pero sí corrupción.  

Con los jueces dentro del sistema corrupto se logra impunidad, que puede ser por acción, sobreseer de inmediato o absolver al corrupto y dejarlo sin castigo; o por omisión, no investigar al corrupto y archivar la causa sin motivo válido alguno. Como ejemplos de estos casos se pueden citar presuntamente a los ex jueces Norberto Oyarbide y Eduardo Freiler respectivamente.

Un gobierno corrupto es incompatible con la democracia. Según Aristóteles ésta es una forma “pura” de gobierno en la que el poder radica originariamente en el pueblo, quien mediante comicios lo delega en un gobierno para que cuide sus intereses y el Bien Común. El corrupto ejerce el poder no en beneficio de sus mandantes sino en exclusivo y delictual beneficio personal, lo que por definición, destruye, pudre, altera y desvía toda forma de democracia.

La historia reciente

He intentado exponer sencillamente y con claridad los conceptos precedentes que devienen de la ciencia política y que usualmente no son manejados correctamente. Además sirven objetivamente para calificar los últimos gobiernos argentinos a los que les pueda corresponder estas adjetivaciones. Descarto de cuajo a los gobiernos militares como democráticos porque por definición fueron dictaduras. El gobierno de Raúl Alfonsín fue democrático aunque incurrió en graves errores económicos que nos llevó a la hiperinflación del 5.000% anual en julio de 1989, con muy graves daños para la Nación y el pueblo. 

Con Carlos Menem tengo dudas. Si bien no creo que existió un sistema corrupto organizado sí afirmo que presuntamente hubieron graves actos de corrupción como el desvío de armas destinadas a Panamá, país que no tiene ejército (¿¡), y la explosión de la fábrica militar de Río Tercero, aparentemente para borrar todas las pruebas del desvío. Además se detectaron serias irregularidades en las privatizaciones que pagó con la cárcel la fallecida María Julia Alsogaray aunque también existen sospechas sobre algún ministro. Por eso creo pertinente la pregunta ¿fue el gobierno de Menem una democracia? No tengo seguridad. La de Fernando de la Rúa fue una efímera democracia, muy cuestionada por las coimas en el Senado aunque para el poder judicial no quedó probado el hecho, pese al testimonio de Mario Pontaquarto. El fallo no satisfizo al pueblo en general. 

Los gobiernos de Kirchner y Cristina

Resta analizar los gobiernos de Néstor Kirchner y Cristina Fernández de Kirchner. En el de NK se conocieron algunos casos de corrupción suficientes para  catalogar su gestión como corrupta. Trascendieron sus actos al frente de la intendencia y gobernación de Santa Cruz, la desaparición de los fondos que correspondieron a la Provincia por regalías petrolíferas mal liquidadas, más de 600 millones que con intereses se calculan en 1.100 millones y que fueron girados a su nombre a bancos suizos. Más sus vínculos con Julio De Vido y  Lázaro Báez, ambos multiprocesados, y otros posibles testaferros.

Durante su gestión CFK heredó a casi todos los funcionarios de NK, muchos de ellos sospechados, algunos procesados y otros condenados por enorme corrupción. También existen graves sospechas de corrupción de algunos jueces federales y de la denominada “justicia legítima”, que sin dudas alentó la impunidad de los ex funcionarios y de la propia CFK en su gestión, procesada por muy graves delitos. En estos casos se puede visualizar  con cierto grado de certeza la presunta “corrupta impunidad” del régimen cristikirchnerista. Y en caso que el poder judicial lo confirme, los doce años precedentes al gobierno de Mauricio Macri no podrán catalogarse como una democracia.

Lo cual nos llevaría a preguntarnos: de resultar electa senadora, ¿podrá Cristina ingresar al Senado Nacional sin que sus pliegos sean rechazados por el órgano? ¿Será válida y legítima la resolución de la mayoría de senadores que rechace las impugnaciones de los que las presenten? ¿Podrá admitirse nuevamente la réplica del caso De Vido en el ingreso de Cristina? ¿No tendrá nada que opinar la Corte Suprema de Justicia al respecto?

Estamos intentando implementar nuevamente una Democracia con mayúscula. Las reflexiones que formulo deben obtener una respuesta acorde con un sistema de gobierno incorrupto y sin impunidad. De no ser así habremos fracasado nuevamente como democracia y seguiremos perdiendo prestigio interno e internacional. 

 

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Los Andes.