Opinión Domingo, 8 de octubre de 2017 | Edición impresa

La carrera después de la carrera

Cornejo se encamina a ganar las legislativas por mayor margen que las primarias. El peronismo busca contener los votos kirchneristas.

Por Por Marcelo Zentil - mzentil @losandes.com.ar

Alfredo Cornejo debió sacarse el viernes a la noche su traje de gobernador en campaña. La veda le impide seguir inaugurando obras y hacer anuncios hasta que pasen las elecciones.

Pero eso no quita que él siga al frente de la promoción de sus candidatos: mantendrá su alto perfil, con apariciones frecuentes ahora sólo de carácter institucional, como ayer en el almuerzo de la Feria Agroindustrial de Rivadavia.

El Gobernador hizo de esta legislativa una suerte de ratificación personal: quiere saber cuántos mendocinos apoyan una “provincia que mejora todos los días un poquito” y quieren terminar “con el pasado y con el verso”, como él mismo dice en el spot que se difunde hace más de una semana. Un Cornejo auténtico, que ratifica aquello de las metas austeras y fustiga al peronismo siempre.

En esta nueva instancia, tendrá dos apoyos inestimables: el primero, el de los intendentes propios, con los que ya contaba en las PASO aunque se confiaron, militaron poco y perdieron votos. 

“Ahora estamos más activados territorialmente”, avisa uno de ellos. El enojo de Cornejo y las necesidades y ambiciones propias de cara al 2019 los obligan.

El segundo apoyo, que en las PA SO tenía más la forma de una mochila, es el del Gobierno nacional. La economía mejora, aunque aún sea más una sensación que una realidad palpable en los bolsillos. Y la expectativa positiva crece, modificando sensiblemente el humor social.

Una medición de la consultora Reale Dalla Torre le pone números: el optimismo sobre lo que viene creció 10 puntos con relación a la previa de las primarias, también mejoró seis puntos la evaluación de la situación económica personal. Los encuestados son más optimistas aún cuando se les pregunta sobre la situación económica general: ocho puntos más.

Esto impactó fuertemente en la imagen de Macri, que dejó de ser para el oficialismo provincial el ancla que hundía los números. Según Reale Dalla Torre, la aprobación de la gestión nacional se ubica en 60%. 

Un agudo observador de la política, que suele ver más lejos que el resto, cree que esa mejoría tiene una raíz política más que económica: el triunfo nacional de Cambiemos en las primarias les demostró a muchos que Macri no es De la Rúa. “Pasó el test del helicóptero”, describió. 

Todo esto ayuda a Cornejo, que en las encuestas logra una ratificación muy superior a la que espera el 22: su gestión tiene el visto bueno del 72% de los mendocinos. Aunque cuando se pregunta sobre él en particular, el apoyo es de 57%. 

Éste es un número alto pero que muestra a la vez las limitaciones del Gobernador: no es un líder carismático que enamore, encante, y él lo sabe.

Gusta lo que hace y lo que dice, pero tal vez no cómo lo expresa. 

Paradójicamente, su caso es inversamente proporcional al de su ex jefe político Julio Cobos, que llegó a tener 70% de imagen positiva personal, pero cuya gestión nunca llegó al 60% de aprobación y terminó perdiendo la provincia en su despedida.

La carrera en marcha muestra, en la mayoría de las encuestas, a la lista del oficialismo, encabezada por Claudia Najul, superando por tres o cuatro puntos el 41 por ciento de las PASO. “Vamos a estirar la diferencia a unos 12 puntos”, se entusiasman en el Ejecutivo, pensando en el reparto de bancas en la Legislatura.

Mientras que todas las mediciones, aun las propias, ponen al peronismo de Somos Mendoza, con Omar Félix a la cabeza, por debajo de la suma de las tres listas que compitieron en agosto. Lo que varía es la caída: entre 1 y 8 puntos.

 

Desde la Nación ya le garantizaron a Cornejo que no van a hacer nada para contrariar su decisión de no ceder poder hasta el final. Prometen en breve un fuerte gesto para demostrarlo.

 

Un encuestador consultado explicó que es lógica esa caída tras las primarias, pero también consideró que la intención de voto va a ir creciendo a medida que se acerque la elección y se cohesione el voto peronista. Aunque no se animó a pronosticar que llegue al 33% de hace dos meses.

En el mismo peronismo, verían como un éxito lograr ese porcentaje y se admiten hoy al menos cuatro puntos por debajo. Nadie habla de superar aquella marca.

Los votos que “faltan”, dicen, son los de los kirchneristas que no parecen dispuestos a bancar a un candidato que representa al ala más conservadora del PJ. 

Esto explicaría el crecimiento, de hasta cuatro puntos, del Frente de Izquierda de Noelia Barbeito, que parece haber ampliado su ventaja sobre José Luis Ramón (PI).

El FIT explícitamente busca conquistar a los “desilusionados” del peronismo y amenaza con arrebatarle a Somos Mendoza la segunda banca.
Por eso, los militantes K han salido a las calles a convencer a sus fieles de apoyar a Somos Mendoza. 

“Félix ya entró aunque no lo votés, pero falta para que entre Juri”, repiten por los barrios donde se saben fuertes y dejan la boleta con una foto de Cristina Kirchner, como para que no queden dudas. El problema es que nadie identifica a la camporista Cecilia Juri como “embajadora” de la ex presidenta. 

 

La sucesión

Siguiendo la idea instalada en la tradición política mendocina, sin la posibilidad de reelección para el gobernador, el 23 de octubre debería empezar a discutirse la sucesión en el oficialismo. El peronismo tiene mucho por discutir antes de ponerse a pensar en ese próximo paso. 

Aunque la tradición esta vez parece que al menos se demorará: Cornejo no está dispuesto a ceder poder hasta el final de su mandato. 

Pero también es cierto que para llegar con chances al momento de la decisión, difícilmente antes de marzo de 2019, el que tenga pretensiones debe construir poder e imagen.

Ya hay dos oficialistas trabajando con ese objetivo. Uno es el ministro de Economía, Infraestructura y Energía, Martín Kerchner, que ante referentes partidarios, empresarios y sociales no oculta su ambición. Tiene el aval de Cornejo para jugar y obviamente es su plan A.

El otro es el intendente de Luján, Omar De Marchi. Respaldado por un sector del Gobierno nacional y aprovechando su sello de presidente del Pro, recorre la provincia buscando adhesiones. El apoyo macrista, dicen, incluye el desarrollo de la estrategia comunicacional.

Los dos saben que las encuestas definirán su futuro. Sin apoyo popular no habrá candidatura para ninguno. Kerchner debe primero hacerse conocido. De Marchi transformar el conocimiento que tiene, con tres campañas provinciales a cuestas, en intención de voto. 

Detrás, hay dos intendentes que esperan, sin hacer movimientos explícitos por ahora. Ambos, con el aval de las mediciones, pueden transformarse en el elegido de Cornejo. 

Uno es el capitalino Rodolfo Suárez, que tendrá como respaldo el ambicioso plan de obras que está ejecutando. El otro es el godoicruceño Tadeo García Zalazar, un discípulo al que el Gobernador siempre halaga.

Por fuera del planeta Cornejo, aparece el ex ministro Enrique Vaquié, siempre anotado en esta carrera en los últimos años, con respaldo de un sector radical.

Desde la vicepresidencia del Banco Nación tiene llegada a la Rosada y recorre el país con buenas noticias a partir de la multiplicación de los créditos hipotecarios y para pymes.

Por ahora, y por mucho tiempo, todas esas ambiciones seguirán transitando los caminos subterráneos de la política. Desde la Nación ya le garantizaron a Cornejo que no van a hacer nada para contrariar su decisión de no ceder poder hasta el final. Prometen en breve un fuerte gesto para demostrarlo.