Opinión Fincas Sábado, 10 de febrero de 2018 | Edición impresa

Hacia un nuevo paradigma en el consumo mundial de carne - Por Jorge Castro

Por la epidemia global de obesidad y diabetes, el objetivo es instalar una cultura de austeridad y de cuidado de los recursos alimenticios.

Por Jorge Castro - Analista internacional

El cálculo del Foro de Davos es que la producción de alimentos del mundo avanzado (Estados Unidos representa más del 60% del total) cubre entre 150% y 200% de las necesidades nutricionales (medidas en términos calóricos) de los 900 millones de personas que integran su población.

Pero los supermercados norteamericanos pierden entre 5% y 10% de los productos individualmente vendidos debido a modificaciones en los pedidos de último momento.

Lo notable es que este nivel de pérdidas ha adquirido un carácter sistemático porque responde a una estrategia de marketing destinada a mostrar como argumento de venta una imagen de abundancia en los bienes más requeridos por el mercado. Por eso, el efecto acumulado de este desperdicio es 3 o 4 veces superior en términos anualizados.

El Departamento de Agricultura de Estados Unidos (USDA, por sus siglas en inglés) estima que las técnicas automatizadas de manejo de stocks (inventarios) pueden reducir o eliminar estas pérdidas en un plazo de 2 años, y garantizar al mismo tiempo la frescura y novedad marketinera de los productos.

En los países emergentes, la proporción de alimentos desperdiciados es más de 30% -en el caso de India el nivel de pérdidas es superior a 40%-; y la razón es la falta de sistemas de frío y almacenaje, sumado a la carencia, o total anacronismo, del aparato logístico y de distribución.

USDA señala que en Estados Unidos se pierde 19% del total de los alimentos proveídos por la cadena estadounidense de producción, debido a que son preparados pero no servidos, lo que significa que se tornan inutilizables en la fase de la cocina, o incluso porque se los sirve en porciones excesivamente grandes.

La República Popular China consume 63 kilos de carne por persona. Es el mercado más grande del mundo. 

Esta brecha de efectividad podría desaparecer con técnicas de control sustentada en la Inteligencia Artificial, que incluya los gustos y necesidades de los consumidores, lo que podría ocurrir en un plazo no mayor a 15 meses.

El Reino Unido se ha propuesto reducir a la mitad el 21% de los alimentos desperdiciados por lo hogares británicos en los últimos 10 años, a través de una campaña sistemática de educación social de carácter intensiva.

Todo depende del cambio de los hábitos sociales y del estilo de vida, más allá incluso de las técnicas utilizadas, centrados en lo que se refiere a una creciente conciencia pública del valor de los alimentos y del carácter restringido de su utilización.

Se trata de instalar una nueva cultura en la alimentación, con eje en la austeridad, el cuidado de la naturaleza y sus recursos, y ante todo la salud de las personas.

También hay que reducir el consumo de carnes y lácteos a los niveles existentes antes del boom de hiperconsumo desatado en Estados Unidos en las décadas del 50 y del 60; y que es una de las causas primordiales de la epidemia de hiperobesidad experimentada desde entonces, uno de los grandes flagelos sociales que afectan a la sociedad norteamericana.

La República Popular China consume 63 kilos de carne por persona, y es de lejos el principal mercado del mundo, pero aún así el consumo per cápita de carne de su población es sólo la mitad de los niveles estadounidenses.

Es obvio que el objetivo chino no puede ser alcanzar los niveles de Estados Unidos en lo que hace al consumo de carnes.

Ya hay en el gigante asiático una población de 100 millones de enfermos diabéticos y obesos o hiperobesos, y en el caso de permanecer la tendencia actual serían 300 millones en 15 años.