Más Deportes Jueves, 7 de diciembre de 2017 | Edición impresa

Gimnasia salvó el invicto y Gutierrez sumó afuera

Mientras el Lobo agregó un punto a su gran campaña, la igualdad premió al Celeste en su lucha desde el fondo.

Por Diego Bautista - dbautista@losandes.com.ar

Un empate pobre, que, en cierta manera, satisfizo las necesidades de ambos, y que dejó muy poco para destacar. Eso ofrecieron Gimnasia y Esgrima y Gutiérrez Sport Club en el 0 a 0 que protagonizaron en el “Legrotaglie”.

El primer tiempo fue netamente favorable a Gimnasia. El Lobo salió a presionar desde el comienzo sobre la salida de un Gutiérrez lleno de dudas. El Lobo ahogó al Perro y lo obligó a defenderse muy cerca de Silva, quien a los 6’ le sacó un zurdazo de volea a Palacios Alvarenga con destino de gol.

A los 12’ el que tuvo la chance de poner en ventaja al Blanquinegro fue Cucchi,  quien ejecutó un tiro libre que se fue apenas desviado contra el palo izquierdo. 

A los 23’ otra vez Pato Cucchi quedó de cara al gol, y definió muy alto mano a mano con Luciano Silva. Era todo de Gimnasia. El Celeste se replegaba y no podía hacer pie. 

Cinco minutos después, Viscarra se equivocó en la salida, el balón le quedó servido a Neri Espinosa, quien le dio desde lejos y se fue alta. 

Aislado, Gatto parecía el Llanero Solitario y al Celeste no se le caía una idea para atacar.

El complemento siguió con la misma tónica. Gimnasia era el que iba y Gutiérrez el que esperaba sin proponer nada más que voluntad para achicar espacios y aferrarse al puntito. 

A los 14’, tras un córner desde la derecha, Diego Mondino encontró un rebote frente al arco, pero insólitamente la mandó a las nubes. 

La lluvia estaba presente en el Legrotaglie. A los 28’, a instancias del asistente Pascual Fernández, el árbitro Gabriel Araujo anuló la conquista de Yair Marín, quien había cabeceado al gol un tiro libre envenenado de Domínguez.

Gutiérrez tuvo la primera situación clara en todo el partido a los 37' cuando Alejandro Capurro le metió la cabeza a un centro y el balón se fue apenas desviado. El Celeste ya no sufría tanto y se animaba a atacar.

Pero la pólvora mojada por la noche lluviosa era para ambos. Con muy pocas chances, se repartían las desprolijidades y se iban conformando con una igualdad que poco le sumaba a la campaña de cada uno pero al menos salvaguardaba las metas originales. El Lobo no perdió y el Celeste sumó un poco.