Opinión Domingo, 14 de enero de 2018 | Edición impresa

Gardel canta cada día mejor en Jerusalén - Por Esteban Cichello Hubner

Por Esteban Cichello Hubner - Especial para Los Andes

Estoy acostumbrado a escuchar que Gardel canta cada día mejor, que Elvis Presley vive y que el gobierno de Tel Aviv decidió tal cosa o tal otra…   El hecho que esté acostumbrado no significa que esta manía de cambiar nombres e inventar realidades sea correcta: es un engaño que toleramos... ¿Pero ¿hasta cuándo hay que tolerar este delirio de tergiversar lo que es real?

Durante la campaña presidencial, Donald Trump prometió que mudaría la Embajada de EEUU desde Tel Aviv a Jerusalén. Recientemente ha hecho un anuncio declarando que pronto cumplirá su promesa de campaña. El reconocimiento de la realidad está casi 70 años atrasado.

Los sospechosos usuales -los palestinos y sus partidarios, ciertos gobiernos árabes y algunos en el Departamento de Estado norteamericano- están gruñendo como lo hacen cada vez que se plantea el asunto. Los palestinos dicen que no negociarán, los árabes dicen que el mundo musulmán se rebelará contra Israel, y algunas voces del Departamento de Estado sostienen que los intereses estadounidenses serán amenazados y que el proceso de paz terminará. El presidente Trump ha ignorado estos malos augurios y a todas las voces que expresan con sorpresa cuán osados son esos judíos que declaran que Jerusalén es su ciudad capital ¡Cómo se atreven a declarar semejante realidad!

Decisión soberana

Por ejemplo, así como podríamos preguntarnos a quién se le puede ocurrir interferir en la soberana decisión de Australia de declarar a Canberra su ciudad capital, aunque prefieran a Sidney, y crean que Sidney es más apropiada, ¿no es acaso menester de los propios australianos decidir cuál es la sede de su gobierno? Lo mismo sucede con Israel.

Durante el primer Estado Judío de la historia, terminado con la invasión Babilónica, Jerusalén fue la capital del reino.  Durante el segundo Estado Judío, acabado por los romanos, Jerusalén fue nuevamente la capital de Israel y desde 1948 sigue siendo la capital de Israel. Nunca durante la historia, la Ciudad Santa fue la capital de un estado palestino, simplemente porque no lo hubo.

La decisión del presidente Trump, nos guste él o no, viene a normalizar lo anormal.  

Las embajadas deben estar en la cuidad capital escogida por el país soberano donde se envían las misiones diplomáticas. Esta decisión no excluye que la creación de un Estado palestino también pueda escoger a Jerusalén oriental como su ciudad capital. De hecho, hace días representantes de los 56 países musulmanes miembros de la Organización para la Cooperación Islámica, más Nicolás Maduro de Venezuela, reunidos en Estambul, emitieron una declaración unánime reconociendo a Jerusalén oriental como capital del futuro Estado palestino. Con su decisión, Trump ha logrado que se comiencen a mover las cosas en esta dirección y que los palestinos sientan la necesidad de ponerse de acuerdo y avanzar en las negociaciones de paz. 

Mis amigos palestinos de la ciudad vieja de Jerusalén, 30 años atrás, me decían que eran jordanos, mis amigos de Gaza me decían que eran egipcios, ahora algunos de ellos me dicen que son palestinos y otros que son árabes israelíes.  La realidad es que el Estado palestino es justamente eso, ya casi “una realidad” y hay que reconocerla como tal. 

La comunidad de las naciones, mudando ya a Jerusalén occidental sus embajadas que tienen en Tel Aviv, también podrán tener sus embajadas en Jerusalén oriental ante el Estado palestino. Así como Roma alberga las embajadas ante el Estado italiano y ante la Santa Sede en la misma ciudad.

Ser adelantados

Argentina aún carece del liderazgo diplomático internacional que supo tener otrora; no obstante, no debería tener miedo y adelantarse, ser una nación vanguardista y ya ir comprando las propiedades para albergar sus dos misiones diplomáticas en Jerusalén. Siendo vanguardista también ahorraría algunos millones antes de la inminente suba de precios en el mercado inmobiliario jerosolimitano.

Sin duda, todos queremos la paz. Los palestinos se han negado a negociar con Israel durante 8 años. No quisieron incluso negociar después de que Obama coaccionara al primer ministro Netanyahu a que congelara la construcción de asentamientos durante 10 meses. No han puesto más que excusas desde entonces.

Durante el verano, el presidente de la Autoridad Palestina, Mahmoud Abbas, alcanzó un acuerdo de reconciliación con Hamas, estrechando sus manos con la organización cuya razón de ser es la aniquilación de Israel.

¿Es posible que algunos musulmanes se enojen con los países que reconozcan el hecho obvio y real de que Jerusalén es, y ha sido, durante tiempos inmemoriales la capital de Israel? Los musulmanes radicales no necesitan nuevas razones para atacar a Israel. Ya ven a medio mundo como infieles decadentes que merecen la muerte.

No se debe permitir que la política exterior de un país sea rehén de los que desprecian los valores democráticos y religiosos. Si las políticas externas se basasen en alterar o no el temperamento de los extremistas musulmanes, estaríamos totalmente paralizados.

A los que dicen que mudar las embajadas matará el proceso de paz, tengo una pregunta sencilla: ¿Qué proceso de paz sería ése?

En cuanto a la importancia religiosa, la totalidad de Jerusalén es santa para los judíos. Los musulmanes sólo veneran la mezquita al-Aqsa. Los palestinos tienen derecho bajo la ley israelí a rezar en esta mezquita, un derecho que siempre se debe proteger.

Ahora que EEUU ha actuado, el resto de los líderes del mundo deberían seguir el ejemplo. De hecho, para aquellos que temen la violencia debido a un cambio de política, la mejor manera de enviar un mensaje a los extremistas para que no pueden intimidarnos es que cada país traslade su embajada a Jerusalén.

El presidente Trump ha electrificado al mundo con el reconocimiento oficial estadounidense a la eterna conexión judía con la ciudad Santa de Jerusalén y como la capital de Israel. Esa es la realidad. Los periódicos deben dejar de escribir expresiones como “el gobierno de Tel Aviv decidió que...”, simplemente porque no es real, no hay gobierno nacional israelí en Tel Aviv, sino en su ciudad capital que es Jerusalén. 

Como no es real que Gardel cada día cante mejor. El “Zorzal Criollo” hoy sigue cantando igual que antes como lo podemos escuchar en las grabaciones de su magnífica voz mientras los israelíes bailan tango en su capital, Jerusalén.