Sup. Cultura Sábado, 13 de enero de 2018 | Edición impresa

Filosofía: la vedette de la tecnología streaming

La serie española Merlí es un ámbito propicio para la interpelación y para saber para qué sirve hacerse las preguntas de siempre.

Por Alejandra Olaiz - Especial para Cultura

Tanto el apellido Bergeron como la palabra vedette tienen en común el origen francés y (casi) el significado. El término vedette, antes de significar star, se utilizaba para denominar al jinete que, aislado, hacía de centinela del resto de la tropa. Así, la etimología de esta palabra nos remite al lugar que ocupa el Profesor de Filosofía, Merlí Bergeron (interpretado por Francesc Orella), en la serie homónima transmitida por Netflix. 

La sinopsis de la serie y el argumento, parecen destinados al fracaso, podemos leer en algunos de los cientos de medios en los que la serie catalana está siendo noticia. Algunas personas aman a este docente irreverente y disruptivo, mientras que otras lo odian. 

Esta polaridad se debe, en cierta medida, a los tópicos abordados por el escritor Héctor Lozano. La diversidad, la heteronormatividad, el bullying, la política, la adolescencia, la sexualidad, el capitalismo, las modas, el amor, la amistad, la muerte, entre otros, cada tema tiene un filósofo de referencia, se escapan de los libros y se viven. Así es la vida. Con todos sus bemoles aparece como protagonista de esta serie. 

Desde la felicidad en Aristóteles hasta La sociedad del espectáculo de Guy Debord, desde Maquiavelo a Hume, desde Hobbes hasta El género en disputa de Judith Butler. Acertadamente, Merlí, ese moscardón necesario, entreteje filosofía y cotidianidad, un profesor que, desde la dirección de Eduard Cortés, no sigue un programa. 

Merlí sucede dentro y fuera de las aulas de un instituto público. Merlí da un lugar a la adolescencia. Merlí pone en jaque a la escuela tradicional. En el video Abecedario de infancias, Walter Kohan juega a definir escuela. Allí, el filósofo argentino radicado en Brasil, se remite tanto a la etimología griega como a la latina, en la primera la palabra es skholé y en la segunda otium, es decir, como “tiempo libre”, y es una condición necesaria para la filosofía (Fedro de Platón). La escuela puede entenderse como espacio para el libre pensamiento, como ese lugar donde el tiempo (que no pertenece a nadie) puede ser compartido por todos, en esa relación docentes-estudiantes. Sin dudas la serie catalana nos interpela como docentes, como adultos y como sociedad. 

En el primer episodio de la segunda temporada, hay un diálogo intenso entre el estudiante Pol Rubio, quien muestra interés en la materia, y el profesor Merlí, en la cocina del instituto. Pol ha dejado la escuela para trabajar, Merlí se opone a ello. El diálogo se centra en la utilidad de la filosofía, en su vigencia, en tanto carrera. Pol entiende que la insistencia de Bergeron para que estudie la carrera se remite a saciar su ego ¿Para qué sirve la filosofía? ¿Es útil para el siglo XXI? Se pone en cuestión la legitimidad de la filosofía, el lugar que ocupa y que debe ocupar en el currículum escolar.

Pol encuentra la respuesta y la filosofía se autoafirma, aparece en cada resquicio vital, se torna horizonte de comprensión.

Merlí nos ofrece la posibilidad de cuestionarnos, de interpelar la realidad y de modificarla, como un centinela que observa, como la lechuza que aparece en la serie o en el vuelo matinal de la calandria, para citar a Roig.