Arquitectura Viernes, 22 de diciembre de 2017

Experiencia sublime: la casa de los coleccionistas

Un espacio místico y lleno de espiritualidad. Una mirada desde el interior hacia el coleccionismo.

Por Lic. Laura Gilabert - Diseñadora de interiores

Hace poco tiempo tuve la oportunidad de hospedarme en el maravilloso departamento de Pedro Gilabert y José Soto en Nueva York, y habitar la experiencia en estos espacios repletos  de arte, hicieron que cambiara mi percepción (siempre pensé en limitar la cantidad de objetos de arte dentro de un ambiente). Fue precisamente el impulso que me llevó a escribir esta nota desde la mirada de una interiorista.

Pedro es Licenciado en informática y José médico psiquiatra. Viven en Estados Unidos desde la década de los ´90, ambos amantes de las obras de arte y de los viajes por el mundo comenzaron su colección casi sin quererlo, como casi todos los coleccionistas.

Para ellos comprar arte no es una experiencia intimidante, al contrario, es embarcarse en una aventura para toda la vida. Creo que uno de los aspectos más gratificantes de adquirir arte es lo que se aprende, pensando que los artistas crean arte que refleja sus experiencias personales y su interpretación del mundo que los rodea. Al aprender sobre la obra de un artista, se aprende también sobre nosotros mismos y el mundo en que vivimos. Además, tener arte es una maravillosa manera de expresarnos como individuos, sin que necesariamente seamos artistas, y comunica nuestros valores y filosofía.

Coleccionar arte requiere sensibilidad; los conocedores coinciden en que, en principio, se debe adquirir arte porque nos agrada una obra, porque nos sentimos cómodos viviendo con ella y porque representa una afirmación de nuestro gusto. Pedro comenta “lo que me atrae de una obra de arte es lo que me comunica. Sus formas, colores, en definitiva, los sentimientos que me expresan, lo más importante para mí es la relación entre la pintura  y el espectador”. Pero, ¿cómo deciden qué comprar y dónde?. “De manera intuitiva”, es la respuesta absoluta.

La pasión por el arte en ellos creció a medida que viajaban, lo que les ha permitido conocer lugares y personas extraordinarias y por supuesto, arte. Van a ferias y exposiciones, y se interesan por revistas y libros especializados en el tema, lo cual les ha servido para pulir su criterio con experiencia y estudio. ¿El resultado?... ya no les caben los cuadros que tapizan las paredes de su residencia.

Dentro de su colección, predominan las temáticas religiosas, místicas y espirituales que con la presencia de dos grandes Budas traídos del Sudeste Asiático, custodian el resto de los objetos. Baúles y sillones asiáticos, acuarelas de Nyoman Gunarsa de Bali, Peggy Hopper de Hawai, Paula Lagacé de Canadá y destacadas obras latinoamericanas que van desde los cubanos Clara Morera, Jesús Rivera, Vélez Martínez y Rigoberto Mena,  el dominicano Cándido Bido y los argentinos Carlos Alonso y Severino, de nuestra provincia, y cuantiosísimos objetos más componen una colección llena de espiritualidad.

El criterio utilizado para la organización de las obras en los espacios del departamento fue variando. En algunos casos organizan las obras sobre el muro por temática y se dejan llevar por los mismos colores de las obras, el ánimo de los propietarios y sobre todo por los sentimientos que les van generando en ese momento. Para Pedro, el goce que se deriva de la apreciación de las obras es incomparable. Al entrar a su casa y caminar por los diferentes espacios, repletos de cuadros desde el piso hasta el cielorraso, el poder admirar día a día las obras que con tanto esmero han seleccionado, es parte de su vida, un gozo muy personal que lo llena enormemente.

La iluminación, puntual, específica, sin que sea la protagonista pero siendo indispensable, y el color blanco de los muros, es fundamental para destacar las obras, que además están acompañadas con  una selección de sillones estilo Art Déco, tapizados en color crema y una extraordinarios sillones traídos de la isla de Bali.

Pedro tiene un entusiasmo contagioso, admira el arte en todas sus manifestaciones y procura compartir esta admiración. "El arte debe ser algo que nos llene de alegría la vida", concluye. Su afán es contagiar a otros esa pasión compartida. Y precisamente este punto provocó una revolución en mí, porque no sólo es verlos, es sentirlos, disfrutarlos sin ese “temor” a los muros repletos que me llenaron de buena energía y regocijo.