Editorial Jueves, 7 de diciembre de 2017 | Edición impresa

Evo Morales y la re-re-re-reelección

Evo impulsa ahora la posibilidad de postularse a un nuevo mandato presidencial, basado en lo que determina un Tribunal Constitucional.

Por Editorial

Al igual que su colega venezolano Nicolás Maduro, el presidente de Bolivia, Evo Morales, parece dispuesto a valerse de cualquier artilugio -legal o no- para preservar el poder. Intenta ahora candidatearse para un cuarto mandato "constitucional", siendo que la Carta Magna de ese país establece claramente que sólo puede haber una reelección a lo que se suma el hecho incontrastable de que la ciudadanía, en una consulta realizada meses atrás, rechazó, a través de los votos, la intención reeleccionista.

Evo Morales era -y es- uno de los principales impulsores de la ahora muy devaluada "revolución bolivariana" que implementó Hugo Chávez desde Venezuela. Chávez, muy enfermo, designó a Nicolás Maduro como su sucesor, un conductor de micros que no pudo conducir el país, llevándolo a una inflación descontrolada, falta de alimentos, medicamentos y artículos de primera necesidad, un avance sobre las libertades individuales que dejó más de cien muertos en protestas callejeras y la continuidad en el poder en base al encierro de los líderes de la oposición. 

Rafael Correa en Ecuador llamó a elecciones y designó "a dedo" a quien impulsaba como candidato a presidente, pero al poco tiempo de asumir lo criticó con severidad por haberse apartado del "camino de la revolución" que él había impulsado. 

En la Argentina, la imposibilidad de re-reelección de Cristina Fernández y la derrota del Frente para la Victoria en las últimas elecciones presidenciales, le restó un aliado importante, mientras en Brasil el desplazamiento de Dilma Rousseff dejó a la "revolución" aún más desamparada. 

El líder aymará se ha convertido, junto con Cuba, en el único defensor de aquella "revolución" y aspira a un cuarto mandato consecutivo a partir de 2019, señalando que no se puede abandonar el camino trazado y la excusa del crecimiento de la economía del orden del 4 por ciento en los últimos años. 

Dice que no se pueden abandonar los programas de ayuda social, que ha solventado con los recursos provenientes de la nacionalización de los hidrocarburos. 

Desde el mismo momento en que comenzó a gobernar, en 2006, ha buscado de manera incesante la continuidad en el poder. 

En 2009 había impulsado una reforma constitucional que sólo contemplaba una reelección consecutiva pero, en su momento, hizo que el Tribunal Constitucional Plurinacional le diera una interpretación conveniente a sus intereses, por lo que pudo ser candidato por dos nuevos períodos. 

En febrero del año pasado, el oficialismo impulsó un referéndum para promover una nueva enmienda constitucional que le permitiera postularse por un nuevo período de gobierno, pero la gente no lo acompañó y votó en contra. 

Pese a esa decisión popular, un grupo de parlamentarios oficialistas buscó otro mecanismo para dejar libre el camino a una nueva re-reelección, bajo el argumento de que la Constitución vigente -que había sido modificada por el propio Evo Morales para permitir sus reelecciones- vulnera los "derechos políticos" de cualquier ciudadano, al limitar la cantidad de veces que una persona puede postularse a un puesto público. También lo fundamentan en algunos artículos del Pacto de San José de Costa Rica,

Debemos advertir que no estamos juzgando al gobierno de Evo Morales, sino que estamos criticando las actitudes adoptadas por el Presidente y sus adláteres en su afán de mantenerse en el poder porque desconoce lo establecido por la Constitución y el no respeto a la Carta Magna lo convierte de hecho en un gobierno autoritario. 

Evo Morales deberá comprender que hay etapas que se cumplen y que deben ser respetadas. Basarse en un tribunal que sólo ejecuta los deseos del presidente es aceptar el "todo vale", como lo señaló muy bien Hugo Cárdenas, ex vicepresidente del país. 
Es de esperar que el presidente boliviano recapacite y deje de lado sus ambiciones personales. Será por el bien de su país y de una América  Latina que, salvo algunas excepciones, ha decidido vivir en paz y en democracia.