Suplemento Op. Opinión Domingo, 12 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Estimación del impacto de la reforma tributaria en la competitividad

Por Alfredo Aciar - Jefe de Gabinete del Ministerio de Economía de la provincia

Una vez que dejó de pender la espada de Damocles del Impuesto Interno sobre nuestra industria madre (que nos tuvo en vilo por casi dos semanas), creemos necesario levantar la mirada y poner en valor lo que significan el resto de los puntos que incorpora el Proyecto de Reforma Tributaria sobre la economía de Mendoza, profundizando en la agroindustria y en la vitivinicultura, como emblema.

La reforma tributaria, además del cambio en Impuestos Internos, incluye modificaciones en: aportes y contribuciones de la seguridad social, impuesto a las Ganancias corporativas y personales, IVA, impuesto sobre los créditos y débitos bancarios, acuerdo con las provincias para reducir impuestos: Ingresos Brutos, sellos, impuestos ambientales (CO2) a los combustibles e impuesto a la transferencia de inmuebles.

Dentro de éstas, las reformas que impactan de lleno en la competitividad de los sectores exportadores mendocinos son: reducción en el impuesto a las ganancias corporativas no distribuidas, devolución anticipada de saldos a favor de IVA por inversiones, implementación de mínimo no imponible para contribuciones patronales y el incremento del pago a cuenta de ganancias generado por el impuesto sobre los créditos y débitos bancarios.

Por tanto, cabe preguntarse en cuánto impactan éstas reformas en la competitividad de los sectores agro exportadores; en especial el vitivinícola, ya que de 100 dólares que ingresan a Mendoza, entre 60 y 70 provienen de esta cadena productiva.

Según los informes: Impacto de la Vitivinicultura en la Economía Argentina y Distribución de la Renta en la Cadena vitivinícola, realizados por la UNCuyo en 2010 y 2015, se puede decir que la vitivinicultura aporta al fisco un monto que ronda los 1.000 millones de dólares por año.

Ahora bien, yendo al punto de esta nota de opinión, los beneficios impositivos que plantea la Reforma cuando opere plenamente (año 2021) muestran un impacto fiscal positivo para la industria vitivinícola que rondaría los 136 millones de dólares anuales, lo que equivale al 5,5% de la facturación total de la industria y cerca de un 15% de su tributación total, donde la mayor parte del impacto corresponde a la reducción de Aportes Patronales, debido a la condición mano de obra intensivo del sector, fundamentalmente, en lo que respecta al eslabón primario de la cadena productiva.

Es decir que, además de tener efectos reales significativos en la competitividad, la Reforma también es progresiva desde el punto de vista de la distribución de la renta intra cadena. 

Si bien es cierto que la Reforma es gradual, cuando se estiman sus beneficios para el primer año (2018), los mismos no son menores, ya que representan cerca del 2% de la facturación del sector y del 5% en el ahorro de impuestos a tributar.

Estos valores serán, sin lugar a dudas, aún más importantes en otros sectores exportadores, como la fruta industrializada y las exportaciones de frutas y hortalizas en fresco. Solamente, porque allí el componente mano de obra, es más relevante que en la vitivinicultura. 

Por último, no queremos dejar pasar los beneficios sociales que, muy probablemente, traiga aparejada la Reforma debido el mayor incentivo a formalizar la contratación de mano de obra en estos y otros sectores de nuestra economía, lo que también reducirá significativamente la "litigiosidad" entre patrones y empleados, un camino que la sociedad pide a gritos y que se encuentra con escollos como el fallo de la Corte Suprema que indexa las costas de los juicios laborales.

Por tanto, estamos frente a una medida de política muy auspiciosa para volver a potenciar las exportaciones de productos agroindustriales, mejorar la competitividad general de nuestras empresas y dar un paso adelante en materia de formalización del empleo. No es poca cosa.