Ciclo de encuentros Domingo, 26 de noviembre de 2017 | Edición impresa

"Es un derecho humano que el juicio se termine sin dilaciones indebidas”

Dice que la investigación del delito no puede seguir a cargo de la Policía, pero admite que los magistrados no están bien preparados.

Por Daniel Peralta - dperalta@losandes.com.ar

Esta charla con Aída Kemelmajer de Carlucci es una continuidad de otra, la que tuvo lugar en el Ciclo de Encuentros de Los Andes, cuando la ex jueza de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza fue parte del panel que debatió sobre justicia y seguridad. 

Las referencias a esa participación son inevitables porque surgieron ideas que ahora se completan, pero también habrá algunos rodeos para aclarar conceptos, para que no se pierdan algunos significados.

-En el Ciclo de Encuentros usted dijo que los fiscales no estaban formados para la investigación y la recolección de pruebas...

-La investigación del delito no puede seguir en manos de la Policía como ha sido tradicional en la Argentina. Hemos cambiado a un sistema acusatorio, que pone en cabeza del Ministerio Público la investigación.

Es obvio que el Ministerio Público tiene que estar formado para dirigir la investigación y los abogados no lo estamos. En las universidades es muy importante que haya un cambio de actitud y si no es en las universidades, tiene que ser en las escuelas judiciales.

-¿Qué son las escuelas judiciales?

-Escuelas judiciales existen prácticamente en todas las provincias, pero lamentablemente no siempre tienen en claro el objetivo. Pareciera que son para profundizar lo que se aprendió en la facultad y no es eso. La escuela judicial tiene que enseñar a resolver incluso cuando no hay ley.

Algunas dan cursos de redacción a los jueces para que la gente entienda las sentencias. Las escuelas judiciales, salvo honrosas excepciones, tampoco forman para ser juez ni fiscal.

-Otro de los temas de los que se habla en Mendoza es esa pelea entre “garantistas” y “mano dura”. ¿Cómo lo ve usted, ahora que está afuera de la Suprema Corte?

-Es ridículo hablar de “garantismo” como algo negativo, porque el derecho es eso, tener garantías. El lenguaje no es neutral, lo saben bien los periodistas; cuando se usa el término garantismo con ese sentido peyorativo, se está confundiendo a la población sobre los verdaderos fines del derecho, que es garantizar las libertades. Si no son garantizadas, tiene que venir la reacción del Estado respetando las garantías que tiene el otro.

Hay mucha gente que está en el lugar equivocado y el día equivocado y especialmente si está mal vestido y no tiene un auto...

-Las reformas del Gobierno están vinculadas con esta pelea. ¿Cómo ve las modificaciones?

-No soy especialista en derecho penal. En lo único que me he metido en derecho penal es en el de los menores infractores. En ese ámbito es en el que veo que hay grandes deficiencias y es por eso que he bregado en el Ciclo de Encuentros.

-¿Es la llave de entrada al delito?

-Hace muchos años escribí un libro que se llama “Justicia restaurativa”. No es invento mío. Es un trabajo de investigación sobre experiencias que se han hecho en otros países. El punto de partida no puede ser “éste es incorregible”. Las personas menores de edad están en desarrollo y siempre son corregibles. Es una tarea no sólo del Estado. Si no la hacemos, sepa usted que cada vez vamos a tener más delincuentes.

-Vuelvo atrás. Dijo que no se les entiende a los jueces...

-Los jueces siguen hablando en un lenguaje que mezcla latinazgos. Al que gana no le interesa, pero el que pierde quiere saber por qué perdió. 

-Dijo también que el lenguaje no es neutral...

-Noé Jitrik dice que el lenguaje es un modo de dominación. Utilizamos un lenguaje que sólo mi grupo entiende. De esa manera se domina a los demás. Eso lo tiene que abandonar la Justicia. El lenguaje no tiene que ser un modo de dominación sino de comunicación.

-Ya que estamos con los vicios ¿La Familia judicial?

-Eso sucedió mucho en la Justicia Federal. 

-Hay casos en la provincial...

-Sí... no lo niego. Cuando Alejandro Pérez Hualde llegó al Tribunal empezamos a designar todo por concurso.

-Otra vez retomo algo que dijo en el Ciclo de Encuentros. Habló de un “ejército de relatores” (nota de la redacción: relatores son colaboradores de los jueces que suelen redactar las sentencias de los supremos). Dijo que eran muchos menos cuando usted estaba en el tribunal...

-Porque yo gritaba a lo loca. La justificación es siempre que hay muchos casos, que no se puede solo. A mí nunca, en 26 años, se me venció un plazo.

Yo trabajaba para sacar la sentencia en término. Lo que hacen los demás no lo sé.

-Usted sabe que uno de los reclamos más fuertes es que la Justicia es lenta...

-Los jueces y todos los que trabajan en la Justicia tienen que entender que hay un derecho humano a que el juicio se termine sin dilaciones indebidas.

Eso está en la Convención Interamericana de Derechos Humanos. Si el proceso se dilata en forma irrazonable, es el Estado el que tiene que pagar los daños y perjuicios y los que trabajamos en el sistema judicial somos los responsables de que el Estado tenga que pagar a la gente por la violación de ese derecho.

-Ese entendimiento ¿incluye el trabajo vespertino?

-No siempre hay que estar en el palacio, pero hay que estar en las audiencias...

-Hace unos meses hubo una polémica por las audiencias por la tarde, ya que se retrasaba la resolución de las prisiones preventivas...

-Las audiencias a la tarde son muy importantes. Pero para redactar una sentencia puede estar en su casa. No es sólo estar en el tribunal, pero sí es importante el adelanto de las audiencias que demoran mucho el proceso.

-No parece haber voluntad de ampliar el tiempo de trabajo...

-No sé qué les pasa a ellos, a mí nunca se me venció un plazo.

-Entre las argumentaciones sobre el incremento de la litigiosidad, se dice que en parte es por la cantidad de abogados...

-No creo que el aumento de abogados sea la causa del aumento de la litigiosidad. Nuestras facultades no se preocupan mucho por los medios alternativos de resolución de conflictos, como la mediación, la conciliación, medios que sirven para resolver conflictos sin que haya sentencia.

El Código Civil y Comercial nuevo ha acentuado esos medios, fundamentalmente en el Derecho de Familia, porque ahí cuando se llega a una solución consensuada, siempre es de más fácil cumplimiento que cuando las cosas vienen impuestas desde arriba. Nuestras facultades no forman para estas vías alternativas, entonces fracasan.

-¿No influye también la regulación de honorarios?

-Por eso en el Código Procesal para cuestiones de familia de Mendoza, que lamentablemente no sé por qué todavía no se aprueba, ahí hay una norma expresa que dice que el abogado gana lo mismo con la sentencia que con la conciliación.

-Y para los otros fueros...

-Hay que aplicar el mismo principio. Un abogado que sabe conciliar es tan bueno como uno que sabe llevar el juicio final. Hay muchas cuestiones que se arreglan mejor cuando la gente se entiende y mucho más corto.

 

No quiere sólo mujeres sino visión de género en la Corte

Aída Kemelmajer de Carlucci llegó muy joven a la Suprema Corte de Justicia. Ella recuerda que juró para asumir el 4 de enero de 1984 y tenía 38 años. “Me llamó el doctor Llaver, quien había sido mi profesor en el colegio secundario. Fue un desafío muy grande para mí, porque fui la primera mujer en la Corte, la más joven y la primera de origen judío”.

Dice tajantemente que no se arrepiente de ningún fallo al que le haya puesto la firma. “Hay sentencias que podría haber hecho mejor, pero en los grandes temas de la política judicial del Estado, no me arrepiento”.

Es inevitable la referencia a un fallo que ha complicado todo intento de reforma constitucional: fue Aída Kemelmajer quien redactó esa sentencia que define que cualquier modificación de la Carta Magna debe ser apoyada por la mitad más uno del padrón inscripto y no de los votos emitidos.

Fue la primera mujer en la Suprema Corte y se cae de maduro preguntar si hace falta otra, justo cuando pueden generarse dos vacantes si se aprueba el proyecto de ampliación impulsado por el Gobierno (que ella no apoya porque cree que el trabajo puede hacerse bien sin agregar otra sala al tribunal).

“El tema no es tener mujeres sino personas con visión de género. En 2006, dos camaristas habían suspendido la posibilidad de interrumpir el embarazo de una pobre criatura de 24 años con mentalidad de cinco. No fue una sentencia de un hombre. Fueron dos mujeres”, remarca. 

La ex jueza alude al caso que empujó Ana Gazzoli, madre de una chica con discapacidad mental que quedó embarazada por un abuso sexual. En primera instancia, un juez de familia había autorizado la interrupción del embarazo.

El fallo fue recurrido por organismos antiabortistas y en segunda instancia una Cámara de Apelaciones suspendió el aborto. A esa cámara conformada por dos mujeres se refiere Kemelmajer.

 

Vida y obra

Aída Kemelmajer de Carlucci está casada hace casi 50 años con el abogado Nedo Carlucci. Tiene dos hijos y cuatro nietos. No duda en decir que esa parte es la mejor de su vida.

Es abogada egresada de la Universidad de Mendoza y doctora en Ciencias Jurídicas y Sociales.

Profesora titular de la cátedra de Familia en la Facultad de Derecho de la Universidad Nacional de Cuyo.

Profesora contratada de las universidades de París, Génova y Bologna.

Ha dictado más de 1.100 conferencias y más de 450 cursos de posgrado en Argentina y el extranjero. 

Ha publicado 27 libros, muchos de ellos en colaboración con otros autores y más de 450 artículos monográficos.

Integrante del Comité de Ética de Conicet Argentina, del Comité Científico de la Unión Internacional des Huissiers de Justice; también es parte del grupo Unesco sobre el principio de “precaución” (se trata del control previo de la aplicaciones científicas y tecnológicas en organismos vivientes y el entorno).

Fue miembro de la Suprema Corte de Justicia de Mendoza desde 1984 hasta 2010. La primera (y hasta ahora única) mujer en ese cargo en la provincia.

Fue parte de la comisión de notables encargada de la reforma del Código Civil y Comercial de la Argentina.