Suplemento Op. Opinión Domingo, 12 de noviembre de 2017 | Edición impresa

En Texas, casi cualquier lugar público puede ser un espacio para portar armas

Por Cat Cárdenas y Nabby Fernández - Servicio de noticias The New York Times © 2017

Algunos texanos llevan sus armas a la iglesia el domingo y a la oficina el lunes. Los estudiantes las portan en los campus de las universidades en Texas, y los capataces las llevan en los sitios de construcción. La gente las tiene en el Capitolio de Texas. También en sus autos y en sus embarcaciones. Los republicanos las portan y lo mismo hacen los demócratas. 

"Siempre cargo con mi arma", dijo Jerry Patterson, un exsenador estatal republicano que redactó la ley de 1995 que les otorgó a los texanos el derecho de portar armas ocultas y que ayudó a que Texas se convirtiera de manera constante en uno de los Estados donde mejor se aceptan las armas en Estados Unidos. "Ya no hay 'espacios seguros' en nuestro mundo". 

Un día después de que en el tiroteo en la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs resultaran muertos 26 feligreses, los texanos y sus armas fueron una pieza ineludible de un drama descorazonador que se desarrolló a nivel nacional. 

Hubo llamados por parte de los republicanos texanos para que más feligreses porten armas en las iglesias los domingos, mientras que los demócratas respondieron denunciando ese tipo de decisiones. 

Hubo preguntas acerca de cómo el tirador compró armas en una tienda de productos deportivos en Texas, y también se hizo presente el hecho poco sorprendente de que uno de los tiroteos más mortíferos de Estados Unidos fue interrumpido por un texano que usó un rifle. 

El tirador, Devin P. Kelley, fue confrontado por uno de los vecinos de la iglesia, Steven Willeford, después de que Kelley salió de la iglesia y Willeford disparó a Kelley, quien dejó caer su propio rifle, escapó en su vehículo y después fue encontrado muerto. 

Pero a pesar de todas las preguntas acerca de las armas que estuvieron presentes en la tragedia, hay algo que no estuvo en duda. En un Estado donde la era moderna de tiroteos masivos comenzó con el perpetrado por Charles Whitman en 1966 en el campanario de la Universidad de Texas, las armas siguen siendo parte inseparable del ADN texano. 

 

Un día después de que en el tiroteo en la Primera Iglesia Bautista de Sutherland Springs resultaran muertos 26 feligreses, los texanos y sus armas fueron una pieza ineludible de un drama descorazonador que se desarrolló a nivel nacional. Hubo llamados por parte de los republicanos texanos para que más feligreses porten armas en las iglesias los domingos, mientras que los demócratas respondieron denunciando ese tipo de decisiones.  Hubo preguntas acerca de cómo el tirador compró armas en una tienda de productos deportivos en Texas, y también se hizo presente el hecho poco sorprendente de que uno de los tiroteos más mortíferos de Estados Unidos fue interrumpido por un texano que usó un rifle.

 

"Creo que los texanos tienen un historial de cuidarse, una historia de responsabilidad y de libertad al mismo tiempo", dijo Mike Sullivan, un antiguo miembro del ayuntamiento de Houston, quien afirmó que estaba considerando llevar un arma de fuego oculta a la iglesia los domingos después del ataque en Sutherland Springs.

"Ya no hay un lugar donde no se deba portar un arma". 

Willeford, quien vive cerca de la iglesia, surgió claramente como un héroe texano en la tragedia. En una entrevista con la televisora KHBS, dijo que su hija escuchó disparos y le avisó. Fue por su rifle y se dirigió a la iglesia: 

"Cada vez que escuchaba un disparo, sabía que eso probablemente representaba una vida", dijo en la entrevista. "Estaba muerto de miedo, así es. Tenía miedo por mí y por cada uno de ellos. Y tenía miedo por mi familia, que vive a menos de una cuadra". 

Agregó: "Solo desearía haber llegado ahí más rápido. Pero no lo sabía. No sabía qué estaba pasando". 

El reverendo Stephen Curry, pastor de la Iglesia Metodista Unida de La Vernia, a 11 kilómetros de la Primera Bautista, dijo que no había duda de que algunos de los que se reúnen en su iglesia los domingos portan armas de fuego ocultas. 

"Sé que lo hacen", dijo Curry. "No es poco usual en esta parte del país. La mayoría de ellos son muy discretos al respecto". 

Incluso a pesar de estar cerca del tiroteo el domingo -uno de los miembros de su iglesia perdió a un familiar en la Primera Bautista-, Curry sostiene que consideró el ataque y las armas como dos temas separados. 

"No culpo a los objetos por el bien o el mal que las personas ejercen con ellos", afirmó Curry. "Los objetos no son el problema. El problema es la maldad que habita en el corazón humano. Sí, el perpetrador utilizó un arma, pero lo detuvo un hombre con otra arma". 

Fredda Connally y su esposo viven a menos de un kilómetro de la iglesia en Sutherland Springs, y han asistido a la Primera Bautista de manera intermitente a lo largo de los años. Su esposo no había llevado armas antes a la iglesia, pero quizá lo hará en el futuro debido al tiroteo. 

"Creo que ambos lo haremos", dijo. "No quería formar parte de eso, pero siento que quizá debemos hacerlo. Es terrible".