Opinión Martes, 17 de abril de 2018 | Edición impresa

Elecciones universitarias - Por Elia Ana Bianchi Zizzias

Por Elia Ana Bianchi Zizzias - Educadora

El 7 de junio habrá un nuevo escenario electoral en la Universidad Nacional de Cuyo. Comenzarán las pujas por el poder. 

Esta vez, se vuelve a aplicar la modificación del Estatuto Universitario del año 2013: es decir, la supresión de elección indirecta por la posibilidad del voto directo y obligatorio de todos los claustros universitarios: docentes, estudiantes, graduados y personal de apoyo. 

Este hecho parece tener un valor democrático, pero la pregunta es: ¿conocen todos lo que está en juego en esta instancia? Se trata nada más, ni nada menos, que de la elección de aquellos que representarán a los ciudadanos en la conducción de la Universidad, según expertos, la expresión más alta del sistema educativo. ¿Conocen, acaso, la mayoría de los votantes cuáles son la políticas educativas que se llevarán a cabo?  

Me permito dudarlo, porque noto en la ciudadanía una falta de interés individual en la cosa pública, una crisis y una desconfianza en la política y en la educación que afecta a todos los niveles.

Han comenzado las rondas, las "trenzas" partidarias  para integrar las listas de candidatos. Aparecen los viejos fantasmas del peronismo, siempre presentes, aunque no por sus méritos u honradez: los Jaque, los Costas, los Vegas  y otros en las sombras, quienes no conformes con recibir el repudio de la población por sus acciones de gobierno durante la "década ganada", pretenden nuevamente "formar" a nuestros jóvenes.

Surgen alianzas inverosímiles, vergonzosas, con representantes de PJ, hasta con kirchneristas, con tal de llegar al poder. Reparto de candidaturas, promesas de cargos, infidelidades, negociaciones espúreas.

No son los únicos que hacen alianzas, así nos va.

Hay mucha hipocresía en ronda, desde los que manifiestan que la Universidad debe ser apolítica y que, seguramente, integraron claustros en las épocas más nefastas de la dictadura militar. Los que, seguramente, habrían votado en contra de la Reforma Universitaria del 18.

Lo que no debe haber en la Universidad es la politiquería barata, la que interpreta la misión de la Universidad como un bastión del poder político y no del conocimiento.

Es necesario un voto responsable. Preguntemos, entonces, quiénes son los integrantes de las listas, qué formación tienen, qué hicieron por la Universidad durante sus anteriores gestiones, qué proponen ahora.

El presente de la Institución nos muestra una acción sostenida en infraestructura, en diversidad de carreras, en asistencia global para estudiantes, en acciones comunitarias con apertura a la sociedad, relaciones institucionales con el mundo. 

Por supuesto, hay muchas acciones para realizar. Todavía hay Facultades que funcionan como viejos feudos, aisladas  de un enfoque más integrado. 

Por ejemplo, la carrera de Ciencias de la Educación, que tuve el honor de crear, durante mi decanato en 1984, debería ser parte de la recientemente inaugurada  Facultad de Educación y no de Filosofía y Letras. 

Pienso que no deberían multiplicarse las ofertas de maestrías, especializaciones, doctorados en cada facultad,en detrimento de la calidad, de la excelencia de las mismas.

He reflexionado profundamente sobre la Misión de la Universidad, desde la concepción de los filósofos  desde Fichte hasta los actuales, de sociólogos, de pedagogos.

Soy autora de un proyecto del Ley de Universidades Nacionales durante el  advenimiento de la democracia. Y con la experiencia que me dan los años puedo decir que la Misión de la Universidad en los presentes escenarios es formar ciudadanos honestos y promover la Ciencia con conciencia y las humanidades. 

De nuestros claustros saldrán futuros dirigentes en la justicia, la salud, la educación, la economía,la política, las ciencias y las artes que incidirán en nuestra vida. 

Cambiar viejos paradigmas por propuestas que tengan impacto en el mundo actual dominado por la violencia, las desigualdades, las guerras, los usos indiscriminados de armas nucleares, de productos químicos, la desnutrición, el clientelismo, el analfabetismo puro y funcional, por el mundo del espectáculo.

Votemos por representantes honestos y capaces, solo así estaremos seguros que nuestros jóvenes podrán desarmar este andamiaje de corrupción que cambia valores por mercado y que no deja despegar a los argentinos hacia un escenario más justo y solidario.