Mundo Domingo, 8 de octubre de 2017 | Edición impresa

El separatismo divisor Miedo, rabia y ansiedad

Entre los gritos que piden cárcel para Puigdemont o juicio político para Rajoy, un clamor de fondo sube a la superficie: “Una sola España”.

Por Roland Lloyd Parry y Diego Urdaneta De la Agencia AFP, especial para Los Andes

Unos con ansiedad y otros con rabia, miles de españoles se lanzaron ayer a las calles vestidos de blanco o envueltos en la bandera nacional para mostrar su rechazo a la independencia unilateral de Cataluña.

Con concentraciones en Madrid, Barcelona y otras ciudades, dejaron traslucir la ansiedad de años de desconfianza entre la región del noreste de España y el resto del país.

Con banderas blancas y ropas del mismo color, miles de personas pidieron al jefe de gobierno, Mariano Rajoy, y al presidente catalán, Carles Puigdemont, que desactiven el conflicto y dialoguen.

Otros manifestantes con banderas españolas, inclusive algunas de ellas mostrando el águila negra usada bajo la dictadura franquista (1939-1975), vociferaron su patriotismo.

Bajo un mar de banderas españolas, unos 50.000 manifestantes en la Plaza Colón del centro de Madrid gritaban “¡Viva España!” y “unidad nacional” entre el sonido de tambores.

Irritados con los separatistas catalanes, que el 1 de octubre realizaron un referéndum de autodeterminación pese a la prohibición de la justicia, pero también temerosos de que la situación degenere en caos, exigieron a los líderes de Madrid y Barcelona resolver la crisis.

“¡Rajoy, cabrón, defiende a la nación!”, cantaba un grupo de jóvenes que caminaba hacia la Plaza Colón, presidida por una bandera española de 50 metros.

Los manifestantes cargaban contra los separatistas catalanes por hacer peligrar la unidad de España, pero también criticaban al gobierno central por permitir que la situación se saliera de control.

Escenas de policías españoles cargando con violencia contra manifestantes decididos a votar en el referéndum de autodeterminación, produjeron consternación.

“Hay mucha preocupación, el gobierno ha jugado la baza al último minuto”, dijo en la Plaza Colón Joaquín Peñas, coronel fuera de servicio arropado con una bandera que le llegaba casi a los tobillos.

 

“La tensión social no se puede negar, hay ruptura, hay fractura, hay insultos, hay negación del otro”, analiza la profesora universitaria Alicia Doménec.

 

En la capital catalana de Barcelona, donde más de 5.000 personas vestidas de blanco colmaron la céntrica plaza Sant Jaume para pedir diálogo, también había expresiones de temor.

“Últimamente tengo miedo de ver como se amenazan unos a otros y que no bajan la guardia y que esto puede terminar en una ruptura social que puede ser grave”, admitió el catalán Pedro Lario, profesor de meditación trascendental de 53 años.

“Yo soy catalana de cuarta generación, pero soy española y ciudadana del mundo y lo he pasado fatal”, señaló Ana Chueco, una empresaria de 51 años que alzaba sus manos pintadas de blanco.

Unos leves signos de distensión emergieron el viernes, cuando el gobierno central se disculpó por los heridos causados durante el referéndum.

Pero los soberanistas catalanes parecen mantener la ruta hacia una declaración unilateral de independencia, mientras Madrid afirma que no habrá diálogo hasta que renuncien a ello. “Vivimos con mucha tensión, nuestras vidas están embargadas por todo esto, no sabemos qué hacer con nuestro dinero ni con nuestros empleos, no sabemos qué va a pasar”, dijo Alicia Doménec, profesora universitaria de 39 años, acompañada de su hijo de 3.

“La tensión social no se puede negar, hay ruptura, hay fractura, hay insultos, hay negación del otro”, añadió en la repleta plaza barcelonesa.

En otra manifestación por el diálogo, en la plaza Cibeles en Madrid, la actriz Marta Muro de 67 años, ojos cubiertos por anteojos oscuros, recordó las muertes cuando estaba activa la organización separatista vasca ETA. “Me siento triste pensando qué país malo tenemos, qué gobierno más malo”, dijo. “Yo no tengo nada en contra de los catalanes. Habrá que prestarles la oreja, escuchándoles con respeto”.

La estudiante de 21 años, Natalia Bermejillo, estaba sentada con tres amigos cerca de la Plaza Colón. Dijo no sentir vergüenza de estar en una manifestación que incluyó a pequeños grupos de extrema derecha, ya que ellos defienden “la misma causa”.

“En Cataluña lo que inculcan a sus hijos es el odio hacia España”, afirmó. “Es una ideología muy extremista”.

Ayer, un miembro del independentista gobierno regional catalán pidió un “alto el fuego” con España para bajar la tensión. Santi Vila, consejero de Empresa en la Generalitat catalana, dijo que está presionando para abrir una “nueva oportunidad al diálogo” con las autoridades españolas.

Vila dijo oponerse a que Cataluña haga una declaración unilateral de independencia en este momento y propuso crear un comité expertos de ambos bandos para buscar una solución a la crisis política.