Estilo Domingo, 15 de abril de 2018 | Edición impresa

Milos Forman: el hombre que narró la opresión

El cineasta checo falleció el viernes a los 86 años. Dejó una carrera repleta de obras maestras.

Por Patricia Slukich - pslukich@losandes.com.ar

¿Cómo se escribe el obituario de un hombre al que no se conoce personalmente pero que, aun así, fue parte importante en el desarrollo de nuestra sensibilidad, del punto de vista y la mirada cultural que desplegamos en la vida? Tal vez sea esta la forma: poniendo en relieve el porqué se puede decir de él que ha sido uno de los realizadores europeos más importantes del siglo XX.

¿Y qué significa tal mención?, más si pensamos que compartió época con titanes como Jean-Luc Godard, Lucchino Visconti, Roman Polanski, Tony Richardson o Béla Tarr (sólo por mencionar algunos, de su misma generación). Pues que Milos Forman (Jan Tomáš Forman era su verdadero nombre) se encargó de ejecutar tan minuciosamente, y con tal convicción artística, cada proyecto que logró lo que pocos: dejar impreso su sello poético y al mismo tiempo “hablarle” con él a las masas.

No son solo un puñado de películas

En la filmografía de Forman no se puede hacer un listadito de filmes para acotar: “¡qué bueno este, este y este!”. O sí; pero, no solamente. Es que el realizador supo cómo poner el ojo de su cámara, cómo engarzar fotogramas en el montaje y aliarse con directores de fotografía elocuentes, para extraer de una película el metalenguaje que subyacía en un guión (que generalmente no era suyo).

Fue el caso de “Amadeus” (1984), escrita por Peter Shaffer, en la que Forman buscó la complicidad del formidable director de fotografía Miroslav Ondrícek, amigo, gran colaborador, y parte de la Nueva Ola Checa de la que participaron ambos.

Porque, hay que decirlo: los artistas inmensos, como Milos, no vienen “de la nada” sino que -y más tratándose del siglo XX- los movimientos estéticos son los que los contienen

Efectivamente, Forman fue parte de un movimiento cinematográfico que tuvo epicentro entre el 60 y 70 en su país natal (Checoslovaquia) que se considera como la “edad de oro” de la cinematografía checa, y que tuvo características absolutamente específicas: una profundización y despliegue de las poéticas visuales en conjunción con la narración textual. Fue en esa misma época la Nueva Ola Francesa, el Free Cinema inglés... Europa era un hervidero de ideas con plataforma de llegada o partida en el Mayo Francés.

De este movimiento checo dan cuenta cineastas que no lograron la proyección masiva y mediática que sí tuvo Forman: Jirí Menzel, Vera Chytilová, Jaromil Jireš, entre más. 

Por eso “Amadeus”, de Milos, tuvo una importancia especial: como expresión viva de este movimiento, y gracias a la muñeca expresiva de su director, pudo traspasar las ideas burguesas de la cultura de vanguardia del siglo XX y convertirse en expresión de masas, sin resignar ni un milímetro de concepción narrativa, artística y de procedencia. 

“Amadeus” ganó el Oscar -medida de las normas de calidad técnica de la alta industria masiva-, pero también es expresión genuina de un movimiento fílmico que la gestó mucho antes.

Aunque fue “Pedro, el negro” (1964) la película que concentró todo el poder y pulsión discursiva de su creador. Este filme no sólo fue dirigido sino también escrito por Forman (junto a Jaroslav Papousek) y constituye su gran aporte al movimiento del que fue parte. También es uno de sus iniciales gestos discursivos en torno a los lazos entre el poder y la opresión social. De ahí, la extraordinaria “Larry Flynt” (1996), o “Atrapado sin salida” (1975), o “El mundo de Andy” (1996), o “¡Al fuego, bomberos!” (1967).

Forman estuvo exiliado de su país tras la invasión rusa en Checoslovaquia. Tal vez esa forzosa relación con las audiencias de Estados Unidos fue la que forjó su capacidad para conectar con las masas. 

En 2007 se estrenó en la dirección de ópera con la obra jazzística “Un paseo bien pagado”, junto a sus hijos gemelos Matêj y Petr, una pieza que él mismo había realizado para la tv checa en 1966.

Podría haber hecho más, pero con la obra que dejó es suficiente: podemos seguir viendo a Milos y sus películas incansablemente, porque nos interpelan: seamos de la época que seamos.

Filmografía

Aunque su cine no ha sido parejo en cuanto a impacto, la capacidad iconoclasta de Milos Forman (esa posibilidad de incomodar al establishment aun trabajando en él) hacen de su filmografía un catálogo de gran cine.

Entre sus películas más notables, podemos citar:

“Pedro, el negro” (1964)

“Los amores de una rubia” (1965)

“¡Al fuego, bomberos!” (1967)

“Búsqueda insaciable” (1971)

“Atrapado sin salida” (1975)

“Hair” (1979)

“Ragtime” (1981)

“Amadeus” (1984)

“Valmont” (1989)

“Larry Flynt... el nombre del escándalo” (1996)

“El mundo de Andy” (1999)

“Los fantasmas de Goya” (2006)