Opinión Jueves, 11 de enero de 2018 | Edición impresa

El fuego, nuevo ingrediente del clima - Por Rodolfo Cavagnaro

Por Rodolfo Cavagnaro - especial para Los Andes

Los incendios de campos que se están produciendo en General Alvear y San Rafael han adquirido una gravedad inesperada y no prevista y obliga a reflexionar rápidamente acerca del riesgo de que este tipo de sucesos se produzcan cada vez con mayor asiduidad.

Una de las consecuencias del cambio climático es que estamos pasando entre extremos (del Niño a la Niña) con una diferencia de tiempos cada vez menor.

Hasta hace 20 años estos procesos pasaban por un estado neutro y los extremos se repetían cada 5 años en promedio. Pero pasamos de 2 años de lluvias intensas, con un Niño claro, a este año con una Niña también muy definida.

Así como el granizo, todos lo aceptan, no es un accidente climático sino parte del clima de Mendoza. El fuego debe comenzar a considerarse también como un nuevo integrante del clima a efectos de tomar medidas de prevención, ya sea físicas como culturales porque es una tarea que debe comprometer a todos.

Entre las medidas adecuadas hay que pensar en mayor cantidad de aviones hidrantes así como en la disponibilidad de pistas de reabastecimiento cercanas a las zonas más sensibles. De la misma forma debe ampliarse la cantidad de brigadistas con el entrenamiento adecuado para tratar con un enemigo de características tan especiales.

En todas las zonas del país donde existe conciencia del riesgo del fuego existen especies de relojes públicos que advierten el riesgo de incendios que se acelera a medida que aumentan las sequías y bajan los índices de humedad. Toda la población consulta esos avisadores diariamente. Son parte de su vida.

La parte más riesgosa se da en tierras utilizadas para ganadería de secano, donde los animales se alimentan de pasturas naturales, que conviven con la flora autóctona. Ésta sufre la sequedad y se transforma en combustible ante caída de rayos. Las tormentas eléctricas son habituales pero también han crecido en frecuencia e intensidad.

Otro aspecto es el cultural. Habrá que enseñar, primero, a los dueños de los campos a establecer picadas que actúen como cortafuegos y la forma de hacerlas.

Luego, deberán ser exigidas porque cuando los campos se incendian hay que usar recursos públicos que los privados nunca devuelven. Por esa razón hay que exigir porque el ambiente no forma parte de la propiedad privada.

También hay que extender el aspecto cultural, primero, y sancionatorio después, para la población para que se eviten fuegos en las zonas declaradas de riesgo, y una transmisión cultural que debe expandirse. Hay que empezar rápido, porque la batalla contra la basura la venimos perdiendo y no ha habido formas de que los ciudadanos cambien su conducta.