Opinión Fincas Sábado, 7 de abril de 2018 | Edición impresa

El contrato de agencia entre bodeguero y agente comercial - Por Ángel Cereda

Por Ángel Cereda - Presidente de la Fundación por el Agua

Al igual que los códigos comerciales de su generación, el argentino de 1890 no regulaba más contrato de colaboración empresaria que el de comisión, configurado como mandato mercantil.

Con el transcurso del tiempo, de ese tronco común de la comisión han ido surgiendo otros muchos contratos de colaboración, impulsados por nuevas necesidades económicas y sociales resultantes de las transformaciones del sistema de distribución de bienes y servicios.

Entre ellos el de agencia: a la colaboración aislada y esporádica para contratar, característica del comisionista, se opone la colaboración estable o duradera propia del agente.

Esa nueva relación contractual no estaba prevista específicamente en la ley, planteando muchas dudas sobre su aplicación, al no estar diferenciada con otras figuras afines.

Así, por ejemplo indistintamente se lo designaba “contrato de agencia o representación comercial”. En el presente, con el nuevo Código Civil y Comercial (CCC) se marca la diferencia, al precisar que es propio del agente la independencia o autonomía, que falta en el representante.

La independencia del agente es el requisito esencial de diferenciación. Tan importante, que cuando el agente no ha podido organizar su actividad profesional (con personal, local y demás medios autónomos), se puede presumir que la relación es laboral y no mercantil. O sea, el elemento de diferenciador es la "profesionalidad".  

Por otra parte, para que el sector vitivinícola desplegase todo su potencial en el correcto funcionamiento de la cadena de comercialización, resultaba indispensable atajar claras asimetrías en el poder de negociación, que en ocasiones derivaban en una falta de transparencia en la retribución y en prácticas comerciales potencialmente desleales.

Lo que era fácil de apreciar, en uno de los canales de comercialización de bebidas alcohólicas, que está concentrado en empresas con superficies de venta de mediano y gran tamaño que ofertan una amplia gama de productos, mermando la competitividad y rentabilidad del distribuidor.

Sin duda la novedosa regulación de contrato de agente aporta transparencia, mejoras en el funcionamiento de ese eslabón,  que revierte en beneficio  de los consumidores. 

Embotellar vinos significa sobre todo conseguir nuevos clientes, llamar a puertas y recorrer mucho;  pero además enterarse qué se bebe, de si gustan los blanco, los tintos o los dulces.  Ahí está la nueva figura legal, el agente comercial.

Que se convierte así en un intermediario económicamente independiente entre el bodeguero y el consumidor final, al promover negocios, de manera estable, continuada e independiente (y no meramente eventual o esporádica), sin que medie relación laboral alguna, mediante el pago de una retribución.

En otras palabras, comercializa los productos vínicos del bodeguero, pero no los adquiere, ni los revende, ni asume el riesgo de las operaciones, ni representa al bodeguero.

Y además, no queda personalmente obligado frente a los terceros con quienes negocia, ya que no es parte en contrato compraventa, celebrado entre el empresario de bodega y el cliente final.

“Para que el sector vitivinícola desplegase todo su potencial en el correcto funcionamiento de la cadena de comercialización, resultaba indispensable atajar claras asimetrías en el poder de negociación.”

No confundir,  una cosa es la comercialización directa que puede hacer el bodeguero de su producto, y la mera intermediación.  Si el agente llega a asumir el riesgo de la operación se produce una verdadera desnaturalización en esta clase de contratos. 

Otra novedad significativa en el CCC, para garantizar la seguridad jurídica y la equidad de las relaciones comerciales, es el establecimiento de la obligación de instrumentarse por escrito el contrato. Incorporando los elementos esenciales del  mismo (identificación de las partes, objeto, retribución, condiciones de pago, zona de exclusividad, confidencialidad, derecho y obligaciones, duración, y causas y efectos de la extinción) pactados libremente por las partes.

Cada una de las partes podrá exigir de la otra, en cualquier momento, la formalización por escrito del contrato de agencia, en el que se harán constar las modificaciones que, en su caso, se hubieran introducido en el mismo. Si aparecieran divergencias entre los ejemplares, se estará a lo que resulte de los libros de las partes.

¿Existe un plazo mínimo de duración? El contrato se caracteriza por la estabilidad y continuidad: es un contrato de duración. Pero, a fin de eliminar equívocos en torno al sentido de la estabilidad y continuidad, el legislador aclara que la duración puede ser por tiempo determinado o indefinido.

Con la salvedad, que la continuación de la relación con posterioridad al vencimiento de un contrato con plazo determinado, lo transforma por tiempo indeterminado. 

Materia de singular relieve es la relativa compensación por clientela. El contrato de agencia, genera en su desenvolvimiento una clientela fiel a la marca del vino que promueve, y una vez concluido  el contrato, el bodeguero puede aprovecharse de aquella.

Ese eventual activo (clientela), común a la empresa elaboradora y al agente, y su potencial futuro aprovechamiento por el empresario había sido motivo de arduas discusiones y reclamos judiciales.

La regulación en el nuevo código civil y comercial del contrato de agencia ha venido a dar solución a esa diferencia, al prever una indemnización por clientela en caso de resolución del contrato por causa distinta al incumplimiento del agente.

El derecho a la indemnización por clientela existe también en el caso de que el contrato se extinga por muerte o declaración de fallecimiento del agente.

Indemnización de daños y perjuicios. Sin perjuicio de la indemnización por clientela, el empresario que denuncie unilateralmente el contrato de agencia de duración indefinida, vendrá obligado a indemnizar los daños y perjuicios que, en su caso, la extinción anticipada haya causado al agente, siempre que la misma no permita la amortización de los gastos que el agente, instruido por el empresario, haya realizado para la ejecución del contrato.

Tras las consideraciones anteriores,  forzosamente breves y precipitadas, por último señalo que para el cumplimiento del objetivo del  contrato que analizo su perfección debe ser compatible con la normativa de defensa del consumidor y competencia desleal.  

Derivado de la intrínseca relación que el vino tiene con los consumidores, con la generación de riqueza y contribución significativa al crecimiento económico y al desarrollo, la salud y progreso del medio rural, entiendo que debe soslayarse la legislación sobre vinos. ¡Y qué decir de la reserva de confidencialidad empresarial!