Turismo Domingo, 8 de octubre de 2017 | Edición impresa

El bronce que eterniza mitos y mil historias

La nota nos regala hoy 3 personajes de la América colonial caribeña con sus estatuas y todo.

Por Gabriel Rey / Especial para Turismo

El Medio Hombre

De lejos llamó mi atención que la estatua lo representara blandiendo su espada con la mano izquierda. Es Blas de Lezo y Olabarrieta aunque algunas crónicas americanas lo escriben erróneamente como "Olavarrieta". El hombre era vasco, de Guipúzcoa, y en el idioma euskera no existe la letra “v”.

Llena muy acabadamente la figura del héroe clásico pero no fue un personaje de novelas sino uno bien real. Le llamaban "El Medio Hombre" pues con apenas 26 años de edad su incipiente y brillante carrera militar ya le había cobrado una pierna, un brazo y un ojo. Murió combatiendo, defendiendo la ciudad de Cartagena de Indias de un ataque corsario, como lo había hecho varias veces antes. Era 1741, tenía 52 años.

Fue un marino excepcional, un estratega brillante y un combatiente bravísimo de un valor increíble. También fue hombre de familia, padre amoroso de 7 hijos con su esposa peruana. No era lerdo para las cosas mundanas. Supo invertir muy bien la dote de su esposa que era de familia pudiente y sus altos sueldos de almirante (los que le pagaron, ya que tuvo pleitos jurídicos por largos meses sin cobrar).

Nunca pasó penurias económicas. Curiosamente, a pesar de haberse batido furiosamente contra las flotas inglesas, siempre mantuvo abierta una cuenta personal en el Banco de Londres.

Don Blas de Lezo: la foto lo muestra al pie del Castillo San Felipe, la más grande fortificación de la América hispana y la mejor conservada.Vale la pena visitarla. Se lo ve tuerto del ojo izquierdo, con su brazo derecho inutilizado pendiendo inerte, con su pata de palo debajo de la rodilla izquierda y blandiendo el arma con la zurda amedrentando a corsarios salteadores.

 

 

El Esclavo de los Negros

Hay otros héroes, con un diferente código de honor. Un prisionero negro se compraba en las costas de África a dos escudos en aquellos años y se vendía como esclavo en Cartagena a doscientos.

Por aquellos días, había mucha demanda de esa mano de obra esclava en minas y plantaciones. Un barco cargaba normalmente 200 hombres en su bodega (piezas, les llamaban), 300 a veces y hasta 400 si era muy grande. El tremendo viaje de 50 o 60 días en pésimas condiciones los diezmaba pero, aun perdiendo la mitad de su infame cargamento, los negreros lograban ganancias siderales. Ni las censuras del Papa ni otros escándalos hacían mella en ese repugnante y vigoroso negocio.

Pedro Claver Corberó era un humilde jesuita de origen catalán. Se enfrentó a las autoridades civiles, a la Inquisición, (que era muy fuerte en Cartagena y creía que les negros eran animales sin alma) y a los propios negreros para dedicar su vida al servicio de estas víctimas de la codicia.

Pedía limosna y con lo poco que juntaba compraba a muy bajo precio esclavos enfermos o malheridos, los curaba o sanaba y los dejaba libres. Se autoproclamó "El Esclavo de los Negros" y pasó su vida al servicio de ellos.

Enfermó y vivió sus últimos cuatro años solo, casi paralizado, en su celda donde murió. Hoy ese lugar es un museo. También vale la pena visitarlo. También tiene una estatua.

La India Catalina

Pertenecía a la etnia Mokará y se sabe que era sobrina de algunos caciques principales de su región, Zamba, también llamada Galerazamba. El explorador español Diego de Nicuesa, deslumbrado por su hermosura, la raptó alrededor de 1509 cuando era casi una niña. Tenía unos 14 años de edad, y se la llevó amancebada a la isla de Santo Domingo.

Allí Catalina adoptó ese nombre castizo y aprendió la lengua y las costumbres de España. Don Pedro de Heredia, el madrileño fundador y primer Gobernador de Cartagena de Indias, la llevó de vuelta al continente pero esta vez contratada como traductora.

Tenía casi 40 años de edad, hacía mucho que demostrando gran carácter se había liberado de su captor y vivía independientemente su vida. Su labor en Cartagena fue mucho más allá de una simple traducción desarrollando brillantemente un verdadero trabajo diplomático, muy difícil, por cierto.

Ella sabía que el Imperio no iba a detenerse ante nada y que un inmenso baño de sangre americana iba a ser la consecuencia de una hipotética confrontación bélica. Logró que muchos pueblos aceptaran pacíficamente la dominación española y éste es el punto más controversial de su vida. Muchos la critican, un poco apresuradamente a mi entender.

No existe documentación suficiente y muchos detalles de su historia se desconocen. Se dice que fue amante de Pedro de Heredia y se dice también que se casó con uno de los sobrinos del fundador. Se ha probado que llegó a su región y se reencontró con sus familiares. También, porque se conservan los documentos, que acusó a Pedro de Heredia de robar oro en los llamados Juicios de Residencia, en 1537 y 1538.

Algunos historiadores han insinuado que estuvo en Sevilla, España. Esto no ha podido probarse. El importante Festival de Cine de Cartagena entrega como premio una estatuilla con su figura y en la década del ’70 se inauguró un monumento en la ciudad.

Se la representa como una mujer alta y esbelta, muy bella. Su rastro histórico se pierde alrededor de 1540. La leyenda dice que viajó a España y vivió en Madrid hasta su muerte, centenaria y rodeada del afecto de varios hijos y muchos nietos. Ojalá sea verdad.

Cartagena de Indias, 25 de julio y Sherbrooke, 3 de agosto de 2017