Arquitectura Miércoles, 14 de febrero de 2018

El amor hecho arquitectura

Quizás de entre todas las historias de amor que se hacen arquitectura, la más conocida es la que está detrás del Taj Mahal.

Por Arq. Andrés Muñoz

Votada en el año 2007 como una de las “Nuevas siete maravillas del mundo” y también “Patrimonio de la Humanidad”, el mausoleo de mármol fue construido en homenaje a la muerte de una de las esposas del emperador Shah Jahan, en la ciudad de Agra, India.

Hay otras historias menos difundidas, y más recientes, como la del agricultor inglés Winston Howe, que tras la muerte de su esposa en 1995 formó el corazón en el centro de un bosque de robles sólo visible desde el aire.

A principios del siglo XX, un millonario mandó a construir el Castillo Boldt, en el Estado de Nueva York, también dedicado a su esposa.

Un ejemplo más cercano es el Hotel Normandie en Puerto Rico. Allí, según el Arq. Ricardo Álvarez-Díaz, el estilo arquitectónico fue tomado en base al navío transatlántico S.S. Normandie, donde el dueño conoció a su esposa.

En el ámbito local, la historia más recordada es la leyenda detrás de la construcción del edificio Kavanagh. Según las malas lenguas, el edificio -que supo ser el más alto de Latinoamérica- fue pensado para tapar las visuales a la Basílica del Santísimo Sacramento, en particular desde la residencia de los Anchorena al otro lado de la plaza San Martín. Aparentemente, Corina Kavanagh no era digna de mantener un romance con un miembro de la familia patricia y su potencial suegra hizo todo para impedirlo. Hoy no sólo la iglesia tiene visuales muy restringidas, sino que además, la mejor visual se obtiene desde el Pasaje que lleva el nombre de la despechada amante.

En la reserva “Los Quebrachitos” a 7 kilómetros de Unquillo en la provincia de Córdoba, está la Capilla Buffo. Fue construida en 1940, luego de que el arquitecto italiano Guido Buffo perdiera a su esposa e hija víctimas de tuberculosis.

La singular construcción, difícil de definir a partir de los cánones estilísticos, está cargada de simbolismos e incluso posee escenas de la vida de las difuntas en coloridos frescos que casi las santifican.

Sea cual fuere el modo de materializar arquitectónicamente el amor hacia una persona, no siempre el homenaje implica fastuosas obras faraónicas. La tumba del inventor Charles Pigeon en el Cementerio de Montparnasse, París, lo retrata a él y su mujer. El inventor solía leerle a su esposa las ideas que se le ocurrían diariamente en la cama matrimonial. Y allí están, esculpidos en bronce, en tamaño real, impresionando por la simplicidad y belleza de una escena de la vida cotidiana, que dice mucho más del amor que compartían que aquellos otros homenajes fuera de escala.

Fuente: Guía de la Construcción