Sociedad Domingo, 21 de mayo de 2017 | Edición impresa

Próvolo: los graves cargos por los que está presa Kumiko

Tres son los delitos de los que se la acusa y por los que tras las rejas. En todos hay detalles aberrantes. Ella desacredita a los denunciantes por sus contradicciones.

Por Ignacio de la Rosa - idelarosa@losandes.com.ar

Los detalles de la causa Próvolo son escabrosos. Desde noviembre de 2016, la Justicia investiga los episodios en los que al menos 27 personas sordomudas e hipoacúsicas sostienen haber sido abusados sexualmente en el instituto religioso de Luján de Cuyo.

En la época en que denuncian haber sido atacados -las primeras datan desde 2005-, la totalidad de las víctimas eran menores de edad, y por estos episodios están imputadas y detenidas 6 personas: 2 curas (Nicola Corradi y Horacio Corbacho), una monja (Kumiko Kosaka) y 3 ex administrativos (José Luis Ojeda, Jorge Bordón y Armando Gómez).

En el establecimiento de 6 hectáreas, además del instituto, funcionaba un albergue para aquellos alumnos que dormían en el lugar de lunes a viernes. Es en este sector donde sostienen haber sido violados, golpeados, manoseados y obligados a ver pornografía y tocarse entre sí.

 

 

A continuación se detalla cuáles son los delitos por los que 3 chicas denuncian a la monja japonesa Kumiko Kosaka (tal es su nombre y apellido) y qué argumentó ella en su defensa, según el detalle de su declaración ante el fiscal al que tuvo acceso exclusivo Los Andes. 

Pese a que los delitos por los que se acusa a la religiosa son compartidos con los otros 5 denunciados -al igual que muchas de las pruebas y testimoniales-, el fiscal Gustavo Stroppiana decidió instruir la investigación sobre estos 3 episodios como una causa separada.

Denuncia 1

La “hermana Kumiko” -como todos la llamaban en el Próvolo- trabajó en el albergue para mujeres del instituto entre 2004 y 2012, año en que la Congregación de las Hermanas del Huerto se retiró. En ese período, son 3 las denunciantes que la acusan de entregadora y encubridora de los abusos, además de filmarlas y tocarlas.

La testigo de identidad reservada número 1 -clave en la investigación- fue la primera en incluir en las acusaciones a la monja. La joven se presentó 4 veces a declarar, y manifestó haber visto cómo el cura Corbacho sometía sexualmente a otra chica en el baño del albergue de mujeres.

Dijo además que la japonesa la asistió luego de la violación, pasándole servilletas para que se limpiara la sangre de las heridas en sus partes íntimas. Días después, esta otra víctima denunciaría a Kumiko por encubrimiento de este episodio.

La denunciante protegida describió además otro hecho  -en 2006, cuando ella tenía 16 años- en que la monja le dio una bolsa con tortitas para llevarle a Corbacho.

En el expediente, la chica relata que en esa oportunidad el cura la tocó, cerró la puerta y procedió a violarla analmente, además de obligarla a masturbarlo. La misma víctima relata haber sido toqueteada por Gómez y Bordón también, y aclara que no dormía en el albergue, pero que iba al colegio y al taller de panadería.

El detalle de que no estaba internada en el lugar es en el que se detiene la monja para desacreditar esa acusación. “Según esta nena, iba a repartir tortitas. Tampoco es posible que haya sucedido, porque las chicas que acercaban el canasto con las tortitas eran las chicas albergadas. El resto, venía el transporte y se tenían que retirar”, declaró Kumiko en la audiencia del martes 9 de mayo.

La religiosa también resaltó que a la zona del albergue no tenían acceso quienes no dormían en el lugar, por lo que “nunca pudo haber visto” la violación detallada. Asimismo, la monja japonesa se detuvo en lo “confuso” de los relatos, la descripción de los lugares y los múltiples cambios en los nombres.

“Kosaka dice que ‘es imposible’ que haya entrado a la zona del albergue alguien ajeno porque la llave estaba en su poder. No es imposible, que no haya tenido que pasar y ocurriese esa otra cosa. También dice que ‘es imposible’ que le haya llevado tortitas a Corbacho, pero es posible ya que la chica iba al taller de panadería aunque no haya estado albergada. La testigo es contundente”, destacó el abogado querellante Oscar Barrera.

Denuncia 2

La segunda joven que involucra a Kumiko dice haber tenido “entre 5 y 6 años” cuando fue víctima. Esta denunciante se encontraba albergada y es justamente a quien la testigo de identidad reservada manifestó haber ayudado en el baño tras ser violada por Corbacho.

La acusación concreta contra la monja en este caso es la de haberle puesto pañales a la niña una vez ocurrido el vejamen, para ocultar la hemorragia en su zona íntima. La testigo de identidad reservada también hace alusión a este episodio de ocultamiento, aunque con nombres y horarios cambiados en comparación con la denuncia que días después hace la propia víctima.

Para defenderse, la monja recurre a estas contradicciones y detalla que hasta existen diferencias en el momento del día. Mientras que la primera denuncia -de la testigo protegida- relata que fue en horario de día (lo que justifica su presencia al tratarse de horario escolar), luego la propia denunciante ubica el episodio en la madrugada. 

“No me quedó en absoluto claro. Por eso mismo decía que los hechos sucedieron en lugares confusos.  No está claro tampoco el turno, si es a la mañana o a la tarde”, indicó Kosaka ante el fiscal. Además, manifestó que en el lugar no habían pañales mientras la congregación estuvo allí, y que la testigo de identidad reservada no debería haber podido estar en el baño donde -cuenta- ocurrió el abuso, ya que estaba en el albergue.

“Hay situaciones que narra que han sucedido en un lugar, y después narra que han sucedido en otro. Menciona años en los que yo no estuve presente, situaciones, hechos, lugares, personas que han ingresado a un lugar al cual no podían ingresar”, destacó la religiosa.

Al hablar de años en los que no estuvo, refiere que si el episodio ocurrió en horas de la mañana “entre 2005 y 2007”, ella se encontraba cursando el profesorado de Educación Especial en el Instituto Goretti de Luján. “Yo cursaba  de lunes a viernes en el horario comprendido entre las 7 que salía de la casa y las 13 o 13.30 horas, dependiendo de los días. Había veces en que regresaba después de las 12”, declaró.

Ante esta defensa, otro abogado querellante, Sergio Salinas (Xumek), recoge el guante. “A la monja se la acusa de haber visto a una menor sangrando y con dolor, y de haberlo ocultado. Esto la hace, cuando menos, partícipe primario de encubrimiento de abuso sexual”, indicó.

Sobre la confusión en los nombres y los diferentes momentos del día en que se sitúan los hechos, se remitió a las pericias psicológicas que le realizaron a la testigo protegida. “Los resultados indican que la denunciante no miente ni fabula, y que su relato es veraz”, explicó Salinas. Destacó que los resultados de los exámenes físicos a la segunda denunciante son contundentes: “Tiene una lesión en sus partes íntimas, constatadas por el Cuerpo Médico Forense y de larga data”.

Además, refutó la afirmación de la monja referida a que no había pañales en el establecimiento. “En uno de los allanamientos se encontró un placard lleno de pañales”, sostuvo y concluyó: “Es totalmente posible que esto haya sucedido cuando ella estaba al cuidado de los chicos”.

 

 

Denuncia 3

A las ya mencionadas se suma una tercera denunciante. Se trata de otra chica, quien también sostiene haber sido tocada en reiteradas oportunidades por Corbacho (relata que la llevaba en trafic a hacer las compras y la sentaba en su falda diciéndole que le iba a enseñar a manejar para tocarla).

En sus testimonios, la joven suma un detalle escalofriante: denuncia que una noche el jardinero Ojeda (vivía en el Próvolo) intentó violarla metiéndose a la habitación por la ventana que daba al jardín; y que otra noche decidió escaparse por esa ventana sabiendo que el jardinero podía volver.

Siempre de acuerdo al relato, la chica manifestó que la noche en que se escapó fue sorprendida en el jardín por 4 personas (3 hombres y una mujer que todavía no han sido identificadas), quienes la ataron a una reja y la subieron a otro vehículo para desvestirla y tomarle fotos desnuda. 

En lo que respecta a Kumiko, destacó que la noche en que Ojeda se metió a la habitación por la ventana, ella (la chica) fue a despertar a la monja para contarle lo ocurrido. Además, sostuvo haber visto cómo la monja filmaba a las niñas, las tocaba y las obligaba a besarse y tocarse entre sí. También sostuvo que Kumiko era “mala” y que le pegaba con un palo en la cabeza.

Ante esto, la acusada descartó haber tenido alguna vez una filmadora en sus manos y también se refirió a las otras acusaciones. “Los hechos que esta chica narra me parecen muy inverosímiles; no afirma en qué momento del día, el año en el que sucedió, en qué época. Si es tan real lo que ella dice, ¡pobre nena que fue abusada por tantos varones!”, sostuvo en su declaración.

La monja manifestó que nunca ninguna chica la despertó a raíz de que alguien ingresara por la ventana y sostuvo que eso es imposible, ya que todas las ventanas que daban a las habitaciones tenían rejas.

“Esta nena se escapó una sola vez a la hora de la tarde. Yo nunca le pegué y menos con un palo en la cabeza, no es mi forma de ser”, se defendió la religiosa.

“Los chicos que hacen las denuncias dicen que en esa época no habían rejas en el Próvolo, y que las pusieron después”, replicó a su turno el abogado Barrera para replicar a Kumiko Kosaka, la monja japonesa que protagoniza un histórico caso judicial en Mendoza, pero con impacto mundial.

 

Algunas frases de su declaración ante el fiscal

“Me parecen totalmente aberrantes, increíbles. No puedo creer que hayan hecho ese tipo de denuncias. Todavía no salgo de mi asombro. ¡Tantas calumnias, tantas humillaciones y no comprendo por qué!”.  

“¿Cómo me puedo defender ante tantas injusticias o mentiras que hacen sin aclarar fecha concreta?. Hay descripción de lugares que están confusos. Hay chicos que me denuncian que dicen haber estado albergados cuando nunca lo estuvieron”

“Narran hechos que son imposibles que hayan sucedido, como que ingresen por las ventanas cuando todas las ventanas tienen rejas, y la única ventana que no tiene está a 15 ó 20 metros de alto”.

“Los chicos eran de portarse bastante bien, no tenían malas conductas en lo general. Las pocas veces que habían malos entendidos entre ellos, siempre se acudió al diálogo y a la reconciliación, nunca con violencia”.

“No me considero para nada violenta. Cuando no me gusta algo por ahí lo conversamos y haciendo chistes tratamos de entendernos. Son chicos muy ubicados. No recuerdo que haya vivido una experiencia de falta de respeto”.

 

El miércoles se define    si sigue detenida

El miércoles, la Justicia define el futuro de la monja japonesa Kumiko Kosaka. Mientras su abogado defensor, Carlos Varela Álvarez, solicitó que se le otorgue la libertad, el fiscal Gustavo Stroppiana pidió la prisión preventiva (los otros 5 imputados la están cumpliendo).

Será la jueza de Garantías, Alejandra Alonso, la que resolverá a cuál de los dos pedidos hace lugar.