Turismo Domingo, 8 de octubre de 2017 | Edición impresa

De cuevas y otros agujeros

Por CC

Las cavidades naturales en las piedras suelen ser lugares muy atractivos: objeto de estudio de espeleólogos y desafío para viajeros ávidos de aventuras. Sabemos que cada vez hay más destinos que ofrecen adentrarse en eso laberintos insondables, húmedos y oscuros. Algunas cavernas tienen techos tan altos que se las compara con catedrales góticas. Otras, pasos tan estrechos que hay que deslizarse arrastrándose. También las hay con cortinas de estalactitas y estalagmitas, que cuelgan o crecen.

Entre las cavernas más bellas y grandes del planeta están Las Grutas de Cacahuamilpa, en México. Para dominarlas, hay que escalar por sus paredes interiores, pues los ángulos de inclinación son muy pronunciados.

Hace apenas diez años se descubrieron y abrieron a los curiosos unas cavernas de cristales de selenita (yeso puro) en las Cuevas de Naica, en Chihuahua. En ese país del norte de América hay muchas muy antiguas. Las Cuevas de García tienen unos 500 mil años. Acondicionadas para el turismo, se preservan en su interior restos de fósiles marinos.

En la Argentina, en tanto, hay formaciones similares. La Caverna de Las Brujas, en Malargüe, en nuestro sur mendocino, conforma una experiencia muy atractiva, con ascensos y descensos a través de distintas “salas”. La más llamativa es una donde asoman los corales y a la que bautizaron “de las flores”. Allí se puede ver una curiosa formación de silicios, que llaman “La virgen”. Adentro se realiza una prueba “singular”: se apagan las linternas y en la total oscuridad resuenan, apenas, los murmullos de algunas gotas de agua horadando la piedra.

Es debido hacer lugar a los caminos en las Cuevas de Altamira, famosas por su legado antropológico. Están pintados con imágenes de animales y signos. Jabalíes, toros y caballos de colores que van del ocre al rojizo con líneas negras de carbón vegetal, muy cerca del Cantábrico.

A lo ancho del mundo, las cavernas son invitaciones para turistas osados. También hay cuevas artificiales como las Grutas de Mogao, conocidas también como las Cavernas de los Mil Budas, en China. 

Hay otras que presentan fenómenos curiosos, como la Gruta Verde en Jamaica, en cuyo final espera un lago de profundas aguas de color esmeralda.

Las cálidas aguas del Caribe son ideales para practicar buceo. Pero en la Península de Yucatán, además, hay un sistema de cavernas subacuáticas -cenotes- que ofrecen un espectáculo impresionante por el color de aguas y corales y gran cantidad de especies marinas. También allí se puede nadar y esas aguas llegan a tener hasta 80 metros de profundidad.

La gruta azul en Capri, una cueva marina entre las muchas que hay en la isla, sobresale por su impresionante color y la fama que los famosos supieron darle.

Muchas cuevas en Austria están preparadas para el turismo. Se accede por teleféricos o caminando por escaleras excavadas en el hielo. En el valle de Saas Fee Eispavillon está la mayor cueva de hielo del planeta.

El que llega no deja de sorprenderse en su vista a las Aggtelek Karst y Slovak Karst. Allí, en el límite entre Hungría y Eslovaquia, se concentran 712 cuevas de piedra caliza que registran en sus paredes los efectos climáticos glaciares y tropicales, que han generado un mundo de extrañas formaciones a través de las cuales se puede conocer la historia geológica de la región en los últimos 10 millones de años.

Lo más curioso es que muchas cavidades se utilizan aún como residencia o se alquilan para vacaciones. En España se ofrece alojamiento en cuevas: son reducidas, con tres habitaciones dispuestas en profundidad o abanico y algún hueco pequeño como almacén. Ninguna tiene ventanas. Un fin de semana allí es un desafío para viajeros valientes, buceadores de placeres extremos.