Sup. Cultura Sábado, 13 de enero de 2018 | Edición impresa

¡Criminal! - Por Juan Pablo Lemos

Por Juan Pablo Lemos - Actor, mecánico y escritor mendocino

Dicen: El otro tiene la culpa de tanta miseria.

Digo: Yo tengo las manos limpias y los otros son todos criminales.

Decimos: Todos los otros deberían desaparecer, inmediatamente, a como dé lugar.

Anécdota: Un conocido, a quien admiro por ciertas facetas puntuales, un día nos contó abiertamente que, por estar cansado de los casi veinte gatos que su vecina tenía de mascotas y usaban el techo de su casa como centro nocturno, sala coral y paseo gatuno, había tomado la decisión de preparar bolitas de carne molida mezcladas con yeso en polvo como señuelos. Al lado de las mismas, había dejado un tarrito con agua. Entonces, los gatos que comieran las bolitas de carne y tomaran el agua, morirían con una piedra de yeso dentro, en algún otro lugar. Otro conocido, que era parte de la platea y oía con mucha atención, dijo que eso era lo mismo que aquellas personas que preparaban esos señuelos con carne y vidrio molido. A lo que el primero, expositor de la aventura personal diaria, exclamó enfáticamente que, nada parecido la carne molida con yeso y la carne con vidrio molido.

Que los que hacían los señuelos con vidrio eran "criminales". Todos, los que nos hallábamos como auditorio de aquella eventual jornada, nos miramos mutuamente, algunos con asombro, otros con una pequeña risa absurda, y alguien con cierta cara neutral de indignación; y nos fuimos, dejando al orador con toda la intriga en expresión corporal, que no entendía el por qué lo dejábamos hablando solo. Claro, él estaba convencido de que un gato que muere desangrado de tripas por haber comido vidrio molido, era brutalmente muerto por un criminal, y que, en cambio, un gato que muere duro por haber comido yeso y tomado agua, era magistralmente muerto por un artista.

Moraleja: Así somos a la hora de vernos a nosotros mismos y juzgar al otro. Al saber nada de justicia, sin un análisis profundo de la totalidad del otro y ajenos de nosotros mismos, somos criminales.