Opinión Domingo, 15 de abril de 2018 | Edición impresa

Cosmos - Por Jorge Sosa

Miren si damos con un planeta donde sus habitantes no conozcan el vino. Flor de negocio haríamos.

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Algunos dicen: “Resulta que ahora gastamos miles de millones de pesos para salir de la Tierra a conocer el Cosmos, cuando aún no conocemos la Tierra misma”, y algo de razón tienen. Aún la Tierra guarda, para darnos, sorpresas enormes. Todos los días ocurren acontecimientos especiales en la historia, la cultura, la ciencia y varias ramas más del conocimiento, descubrimientos que cambian la historia, hechos que han quedado tapados por verdades que no lo son, investigaciones que cambian lo que hasta ahora dábamos por sentado. 

Así, resulta que los vikingos llegaron a América 500 años antes que Colón, por lo que este continente (y fundamentalmente Colombia) deberían llamarse Vikinguia. Ahora resulta que pudo haber conexiones de los quechuas con los pueblos de la Polinesia, y viceversa. Ahora resulta que a Lincoln no lo mató John Wilkes Booth en soledad sino que fue una sociedad secreta residente en Canadá la que planeó su muerte. 

Todos los días se están descubriendo especies nuevas de animales en tierra y mar, y según los estudiosos, el mar, sobre todo, puede darnos sorpresas que nos van a conmover. 

Pero también se descubren señales, algunas muy evidentes, de que, posiblemente, hemos sido visitados por culturas cósmicas hace miles y miles de años. Muchas cosas permanecen ocultas en archivos oficiales porque no es conveniente que la comunidad se entere, pero la comunidad siempre encuentra atajos para llegar al valle inexpugnable y enterarse de lo que pretenden permanezca en silencio. 

Supongamos, nomás, supongamos que sea así, que los llamados extraterrestres o alienígenas no solo nos han visitado sino que han tenido intercambios varios con las culturas milenarias. Eso estaría diciendo que los de afuera, los desconocidos pero conocidos habitantes de otros planetas, se interesan por nosotros. No sabemos si buena o malamente, pero se interesan, y de ser así sería lógico imaginar que se interesan por todo el Cosmos. 

Nosotros recién empezamos, estamos dando los primeros pininos, y a pesar de que todavía no nos conocemos, no es malo tomar la actitud que toman ellos. Salir, conocer, comprender y a lo mejor habitar en lugares que hasta ahora parecen inalcanzables. Apenas hemos pisado la Luna, y eso es demasiado cerca para ser considerado Cosmos. Estamos cerca de visitar Marte, y esto puede ser el inicio de un quiebre de la historia: cuando el hombre comenzó a buscar otros lugares para colonizar. 

Tal vez a algunos le parezca una tontería pensar tanto en el futuro cuando el pasado aún no se ha ido de las injusticias que nosotros mismos hemos sabido crear, pero la realidad es una y no le resulta favorable a nuestro planeta. Muchos científicos, entre ellos el recientemente fallecido Stephen Hawking, vaticinaron el fin de la vida en este planeta. Tal vez por acción de agentes exteriores (un asteroide, por ejemplo), o tal vez por la misma acción de los que hoy poblamos el planeta y estamos destruyendo, lentamente, nuestras fuentes de vida. Valga el calentamiento global como ejemplo. 

Por lo tanto, es bueno empezar a pensar en las generaciones futuras y tratar de encontrarles un departamentito con todas las comodidades a varios años luz de este cascotito cósmico que habitamos. Nosotros también podemos ser alienígenas y buscar la continuidad de la especie. Cuando miremos el cielo, que no solo lo miremos como la posibilidad de la vida actual, sino como la realidad de la vida futura. 

Miren si damos con un planeta donde sus habitantes no conozcan el vino. Flor de negocio haríamos.