Más Deportes Martes, 14 de noviembre de 2017 | Edición impresa

Coraje “Toponero”

Rodeo del Medio le ganó a Pacífico de Alvear y mantuvo la categoría. El Lobo sureño complicó su clasificación a la próxima instancia.

Por Juan Azor - jazor@losandes.com.ar

Pocas tardes se recordaran tanto como esta en que Rodeo del Medio alejó definitivamente los fantasmas del descenso con un partido memorable, repleto de goles y frente a un rival, Pacífico, que tenía todo para quedar a un paso de la clasificación y que terminó retrocediendo un par.

Mientras que el Toponero supo en todo momento lo que se jugaba, los alvearenses no parecieron comprender la necesidad de jugar con el cuchillo entre los dientes. El primer tiempo fue escaso de emociones pero con los maipucinos haciendo el gasto.

Pacífico aprovechó esta etapa para golpear gracias a su enorme efectividad y así se fue al descanso en ganador. Amaya definió con mucha jerarquía por encima de Olguín y Carrasco, en su afán de despejar, terminó metiendo el balón en su arco. 

Las palabras de Giménez, hablando del compromiso y la necesidad de apretar más porque Rodeo estaba con la cabeza en la guillotina, hicieron efecto en el inicio del ST. Antes de los 6’ lo ganaba el Toponero por convicción y una alarmante desconcentración de la visita, que dejó espacios por doquier. Primero Salomón, de cabeza y tras un córner de Dellarole, y Montaña, luego de un despeje largo de Lobarbo y un quedó de la última línea visitante, hicieron delirar a los hinchas. Pero este Pacífico de los nombres importantes volvió a pegar sobre los 13’ luego de un centro, una pifia de Amaya y la aparición de Navarrete para igualar nuevamente. 

Y el juego se hizo intenso. De un lado y del otro había determinación. El detalle, no menor, por cierto, fue la forma en que unos y otros fueron. Rodeo lo hizo con orden y cautela para no quedar nunca expuesto, mientras los sureños hicieron todo lo contrario.

Los espacios en defensa fueron el peor pecado de Pacífico, que terminó de rodillas tras ese tanto de Pizarro. Así, mientras unos festejaban la permanencia, otros lamentaban la chance desperdiciada y avizoraban un futuro negro. “Sólo un milagro nos puede clasificar”, avisó Villafañe. Todo dicho.