Opinión Sábado, 30 de septiembre de 2017 | Edición impresa

Cómo ser un entrevistador exitoso

Por Héctor Ghiretti - Profesor de Filosofía Política y Social

La entrevista periodística a la ex presidente Cristina Elisabet Fernández ha puesto en evidencia algunas cuestiones en torno a las condiciones de posibilidad del diálogo político, tanto en general como en nuestro contexto.

Acuciada por estimaciones electorales cada vez más exiguas, la actual candidata a senadora nacional por Buenos Aires decidió buscar un canal de comunicación masivo para darse a conocer a sectores de la ciudadanía que no están al alcance de sus recursos habituales de campaña: punteros, clientelas de los intendentes del Conurbano, medios de comunicación afines, redes sociales, actos masivos, visitas, timbreos.

Con un electorado fiel pero minoritario y un alto nivel de rechazo en el resto de la ciudadanía, sumar votos se vuelve una empresa difícil de realizar. Así, su equipo empezó a explorar las producciones de programas de televisión abierta con alto rating para concertar una entrevista pactada que permitiera a la candidata presentarse como una opción atractiva, no encapsulada en el electorado cautivo que la respalda.

Adicionalmente, para llegar a esos potenciales votantes, el entrevistador debía ser un periodista o conductor que se hubiera mostrado crítico con su gobierno ("en las antípodas", como ella lo definió). Difícilmente pueda darse un reconocimiento más claro de la derrota en la batalla que Cristina quiso librar contra la prensa hegemónica. De este modo se dispuso a romper con más de una década de eludir/ningunear a los medios independientes. La necesidad tiene cara de hereje. 

Fue interesantísima la discusión entre los profesionales del periodismo sobre la posibilidad y la conveniencia de la entrevista. También sobre la forma de hacerlo.

Algunos, con una visión estudiadamente "profesional" se manifestaron entusiasmados con tal posibilidad, incluso se ofrecieron a entrevistarla. Entre estos había quienes, confiados en sus dotes de interlocutores, creían poder sacar "lo mejor" del entrevistado; también, los que soñaban con derrotarla en una batalla dialéctica que dejara en evidencia sus miserias, fracasos y vergüenzas.

Licencia para el monólogo autorreferencial y narcisista por un lado, interrogatorio policial u ordalía por el otro. Cristina difícilmente se prestaría a otra cosa que no fuera lo primero. Demasiada humillación suponía ya el hecho de rendirse ante el poder comunicativo de sus adversarios mediáticos.

Otros, desde una perspectiva más "militante" -y quizá más realista- plantearon su negativa fundada en diversas razones. Una, el rechazo personal que les generaba la candidata. Otra, la pésima transacción que suponía, desde un punto de vista periodístico o del espectáculo, someterse a la manipulación de la ex presidente, que impondría condiciones al diálogo y limitaciones a las preguntas, y a la vez permitirle el acceso a un público al que no podría llegar de otra forma, al que ha despreciado frecuentemente y que mayoritariamente la rechaza. 

No fue casual que los dueños del rating y las audiencias, los poderosos de los medios, rechazaran cualquier posibilidad de una entrevista o bien se negaran a aceptar las condiciones de la candidata. Demasiado que perder, muy poco que ganar. Finalmente Infobae, un medio electrónico con gran expansión en los últimos años, recogió el guante y aceptó realizar la entrevista.

¿Qué posibilidades reales existían de que Cristina entablara un diálogo en un registro diferente al que viene sosteniendo en campaña? Cercada tanto ella como sus hijos (el matiz no es menor) por causas judiciales, empujada por esa razón a una campaña electoral que la ha sacado a la fuerza de su ansiado retiro, con una intención de voto en declinación, Cristina no puede permitirse la menor vacilación en su discurso: desviar todo cuestionamiento, evitar toda autocrítica sustancial, negar el contraste, atacar al gobierno en cada acto de gobierno, autovictimizarse. 

Eso fue básicamente lo que sucedió en la entrevista. Quizá en circunstancias menos dramáticas, la ex presidente podría haberse mostrado más receptiva, más reflexiva. Podría haberse esperado alguna revelación, algún aporte o matiz.

Un diálogo es una interacción comunicativa que requiere una serie de condiciones elementales, entre las que se encuentra el asumir que la otra parte está siendo sincera y que cree honestamente estar comunicando la verdad, de una forma directa o indirecta. En caso de que alguno de los interlocutores sospeche lo contrario, lo que tiene lugar no es un diálogo sino un simulacro de diálogo.

Cuando uno comunica la verdad se pone en un estado de vulnerabilidad. Al revelar conocimiento verdadero que puede ilustrar y ser aprovechado por el interlocutor, se expone a la contradicción, al contraste, a la crítica y también al engaño. Novaresio, con preguntas que buscaban la verdad, se expuso a ser engañado. Cristina, por su parte, eligió ser invulnerable: echó mano de todos los recursos que posee para poner en escena un simulacro.

¿Consiguió Cristina lo que buscaba? ¿Pudo llegar a esos votantes esquivos? La entrevista reprodujo genéricamente las escasas condiciones para el diálogo político en la Argentina de hoy, sin un terreno común sobre el cual debatir, convertido en tierra de nadie por el kirchnerismo y actualmente, al menos por estrategia electoral, por el propio gobierno.

No bien terminó la entrevista, los cristinistas salieron a las redes sociales a festejar las habilidades dialécticas de la conductora, la lección de periodismo que le había dado a su interlocutor. Sus críticos se entregaron a la edición del video con otros de archivo, para mostrar sus oportunos olvidos, evasiones y mentiras. 

Veremos qué sucede en octubre pero, por lo que se pudo ver, la jugada fracasó. Cristina, la de siempre, habló para los suyos. Los otros la oyeron decir lo que ya sabían. No parece haber ganado simpatizantes. Seguramente tampoco los perdió. ¿Quién ganó? ¿A quién ha podido beneficiar tanta esterilidad? Se llama Luis Novaresio. Es de Rosario. Lo acusaron de ser demasiado complaciente, demasiado benévolo con la ex presidente. No tenía alternativa, la verdad. Es probable que sea un gran periodista (me faltan elementos de juicio para poder afirmarlo), pero por lo pronto ha demostrado que sabe manejar su carrera con un gran sentido de la oportunidad.

 

Las opiniones vertidas en este espacio no necesariamente coinciden con la línea editorial de Diario Los Andes.