Turismo Domingo, 8 de abril de 2018 | Edición impresa

Central Park: historias en el pulmón verde de nueva york

En 1865, el paseo ya tenía 7 millones de visitantes por año que recorrían jardines y lagos. Actualmente la cifra asciende a 42 millones.

Por CC

Desde su piso del edificio Dakota, en la calle 72 y la avenida Central Park West, en Nueva York (Estados Unidos), el músico John Lennon acostumbraba caminar hasta su rincón preferido en los jardines del Central Park, hoy bautizado “Strawberry Fields” en memoria de una de sus canciones. Diseñado por su viuda, Yoko Ono, junto al arquitecto Bruce Kelly, Strawberry Fields es la cima de una gran roca rodeada de árboles, un círculo de bancos alrededor de un mosaico, donde se lee “Imagine”.

Tan legendarias como las canciones de Lennon son las colas de espectadores, que en verano esperan su entrada gratis frente al teatro Delacorte, una sala al aire libre con capacidad para más de 1.800 personas, que funciona en Central Park desde 1962. Todos los veranos se hace allí el festival “Shakespeare in the Park”, donde se han presentado, entre otras celebridades, Meryl Streep y Al Pacino.

Acaso el Central Park sea el paseo público más fotografiado de Nueva York. Aparece en innumerables series de televisión y películas, como “Maratón de la muerte”, el filme de John Schlessinger donde Dustin Hoffman interpretaba a un estudiante que se entrenaba corriendo en el parque. Los lectores de “El guardián entre el centeno”, la gran novela de Jerome David Salinger, recordarán que el personaje principal, Holden Caulfield, quería saber si los patos de uno de los lagos del parque emigran en invierno.

La lista de grandes nombres podría continuar. Es un indicio del lugar especial que el Central Park ocupa en la cultura popular de Estados Unidos. Este modelo del paisajismo victoriano del siglo XIX, nacido en 1859 como un espacio verde para relajarse en medio de la gran ciudad, ya en 1865 tenía 7 millones de visitantes anuales que disfrutaban de 341 hectáreas de jardines y lagos.

El parque diseñado por Calvert Vaux y Frederick Law Olmsted encarnaba el sueño democrático de Nueva York. Fue diseñado para ser un paseo público, a diferencia de sus modelos europeos. En su origen, Hyde Park, en Londres, y el Bois de Boulogne, en París, eran los cotos de caza de la aristocracia.

Hoy visitan el parque 42 millones de personas por año, según Central Park Conservancy, la institución que cuida el lugar desde la década de 1980. Igual que la ciudad, el parque vivió momentos de esplendor y recaídas, sobre todo en la década de 1970. Desde entonces, Central Park Conservancy, que fue una iniciativa de la élite social neoyorquina, gastó más de 950 millones de dólares para recuperarlo. Además mantiene una escuela que enseña a cuidar y gerenciar los parques públicos.

El parque tiene más de 25 mil árboles, entre ellos hay olmos, robles, cipreses y cerezos. Los aficionados al patinaje sobre hielo tienen mucho espacio en el Wollman Rink. Central Park Zoo atrae a chicos y grandes, tiene 130 especies de animales, desde osos panda a pingüinos y leopardos. Hay infinidad de recorridos guiados por el parque, desde paseos en carruajes tirados por caballos hasta caminatas para entusiastas del yoga o las estatuas. The Carousel, la histórica calesita, convoca a miles de niños. Es una obra maestra del arte popular relacionado con los parques de diversiones. Sus 57 réplicas de caballos fueron talladas a mano en 1908.

“Central Park es una obra de arte”, decían sus creadores. Los caminantes de hoy andan por senderos como East Drive y West Drive, que funcionan como ejes del parque. Entre los puentes y rincones pintorescos no faltan multitudes fotografiándose a toda hora en el puente Bow Bridge.

Y están los lagos, como The Pond, The Lake, Turtle Pond, The Reservoir y Harlem Meer. Es un paisaje bucólico en el corazón de la ciudad, enmarcado por algunos grandes espacios abiertos, como The Great Lawn. Hay rincones que parecen salir de un cuento. Es el caso del castillo Belvedere y la jungla de The Ramble, diseñada para recrear escenarios de aventura entre el canto de los pájaros, los senderos junto a rocas y cuevas, el bosque de magnolias, azaleas y robles.

Otros visitantes se toman un tiempo para admirar las estatuas de poetas que bordean The Mall, el gran paseo a la sombra de los olmos americanos.

Sara Cedar Miller, autora de la guía oficial del parque, anota en su libro que The Mall es “el rasgo definitorio de ese experimento democrático que es el Central Park”. Es que antes de la apertura del parque algunos creían que sería imposible la convivencia entre personas de distintas nacionalidades, creencias religiosas y clases sociales. Justamente por eso, The Mall sólo puede recorrerse a pie y culmina en Bethseda Terrace, que es más que una terraza panorámica hacia uno de los grandes lagos. Si el paseo de The Mall fuera la nave de una catedral, Bethseda Terrace sería el ábside, un intrincado edificio en tres niveles con una fuente central, “el ángel de las aguas”, que funciona como altar.