Opinión Domingo, 11 de febrero de 2018 | Edición impresa

Carnaval - Por Jorge Sosa

Por Jorge Sosa - Especial para Los Andes

Hay un ex funcionario de la máxima trascendencia en la provincia al que le decían "Corso de pueblo": cortito y con pocas luces. Napoleón era muy afecto a celebrar el carnaval, por eso fue llamado el gran Corso. 

El corso es el desfile que los disfrazados hacen durante el carnaval. Hace algunos años, en la mayoría de los pueblos argentinos se celebraba el carnaval y mucha gente gastaba días enteros de su tiempo en preparar los trajes que lucirían o los carros con los que habrían de recorrer el circuito de admiración. 

También era común, durante los días de carnaval, el juego con agua. Algunos te tiraban con una bombita de agua tan poderosa que no sólo te mojaban sino que te estampaban contra la pared. La mojadura no era lo jodido; lo jodido era el dolor.  

Los comerciantes hacían su negocio, pequeño siempre, vendiendo pomos de plástico, bombitas para llenar, caretas, pitos y matracas. Eran días de alegría. La gente común se transformaba en protagonista de la fiesta y todos tenían la posibilidad de demostrar su ingenio y su humor. Se celebraba al dios Momo, que quiere decir burla o culpa en el griego antiguo. Era en la mitología griega la personificación del sarcasmo, las burlas y la agudeza irónica. 

Por su veneración aparecieron las murgas, por ejemplo, que dentro de sus cantos no dudaban en incluir a situaciones y personajes de su actualidad.

"Esta murga señor / es pa' nuestro beneficio / lo mismo que aquella murga / que comanda el Mauricio". La murga siempre fue crítica de los poderes de turno. "Nosotros nos vestimos / con manchas y plumajes / pero hay otras murgas / que usan corbata y traje". 

En 1976, por un decreto de la dictadura militar, se anularon los días feriados que implicaba el carnaval. Entonces quedó relegado a festividades regionales, como las de Salta, Humahuaca, la fiesta mayor de la Quebrada donde todos los pueblos, todos, rescatan sus tradiciones, sus vestimentas, sus cantos y nadie queda fuera de la fiesta. El carnaval de Gualeguaychú es fantástico; y muy intenso en La Rioja, Corrientes y hasta el mismo Buenos Aires.

En los otros lugares prácticamente se perdió la costumbre. En nuestra provincia, salvo en algunos lugares como Las Heras y Godoy Cruz donde se preparan fiestas de magnitud, el carnaval pasa desapercibido como Cornejo en la NBA. 

Se ha dejado de festejar el carnaval en los barrios y el espíritu carnavalesco ha caído en el abandono en la piecita del fondo junto a los trastos viejos.

Pero sigue siendo una fiesta del pueblo impulsada por las ganas de disfrazarse de alegría para alcanzar la alegría en toda su plenitud. 

Hace algunos años se realizaban en algunos puntos de la provincia bailes multitudinarios como aquellos recordados "Chiribiri bailes", que ocupaban las amplias instalaciones del Club Giol. 

Pues deberíamos rescatarla, porque el carnaval, más allá de la risa, las serpentinas, el agua, o la harina riojana, tiene mucho que ver con lo que nos está pasando en este momento. Porque la palabra carnaval, proviene del latín "carne levare", que significa abandonar la carne, que es precisamente lo que estamos pensando en hacer todos los argentinos.