Opinión Martes, 13 de febrero de 2018

Al rescate de los valores del servidor público - por Alejandra Vargas

Por Alejandra Vargas / avargas@losandes.com.ar

Desde que se jubiló el placero que conocía cada niño que iba al jardín y sabía quién era su mamá o su papá y hasta sus hermanos; ése que regalaba las magnolias perfumadas a las transeúntes habituales; ése que tenía el espacio verde mejor cuidado que si fuera el de su propia casa... la plaza ya no es la misma.

Algo similar ocurrió con el recorrido de colectivo hacia una de las tantas zonas rurales cerquita del Gran Mendoza. El chofer que cumplió con gran vocación de servicio tantos años haciendo el mismo trayecto en el mismo horario se extraña ahora que la empresa pone a uno distinto cada día. Se extraña porque el hombre conocía a los docentes y a los chicos que iban a la escuela, a los profesionales del Centro de Salud, a los que por primera vez se sumaban a su recorrido. Se extraña porque él sabía cuán importante era -entre otras cosas- la puntualidad en su trabajo.

El común denominador entre estas personas está en la primera enciclopedia que mis padres me compraron cuando estaba empezando a leer. En esas páginas mostraba como ejemplo de “servidor público” al placero, a chofer de micros, al policía, a la maestra, a la enfermera, al médico, al recolector de residuos, al bombero, al cartero... Una vocación de servicio que ya no caracteriza tanto al colectivo de trabajadores que ejercen esos oficios y profesiones, sino que depende más de cada una de las personas que ejercen la tarea.

Entre las varias definiciones que circulan en internet, se encuentra la del ecuatoriano Nelson López Jacome (tomada por una publicación de la Universidad Cuenca de Ecuador).

Según López Jacome, un servidor público “es toda persona natural que presta sus servicios legalmente en relación de dependencia nombrado o contratado por servicios ocasionales, que labora en las instituciones, entidades y organismos del Estado y del sector privado, en las cuales las instituciones del Estado tengan mayoría de acciones o un aporte total o parcial de capital o bienes de su propiedad al menos en un cincuenta por ciento, en las corporaciones fundaciones, empresas, compañías y en general en cualquier sociedad mercantil”.

En Argentina, el servidor público es -según el Ministerio de Modernización del Estado de la Nación- es el “colaborador” que se desempeña en la Administración Pública. Y en el Manual de las Buenas Prácticas de Presentismo (puesto en vigencia en abril del año pasado) se enumera una serie de “Valores identificados con la vocación de servicio” que sería pertinente recuperar.

Estos valores son...

Actitud positiva. Actitud de mantener la motivación para cumplir con los objetivos fijados con los cuales se está comprometido, más allá de los obstáculos que puedan presentarse.

Compromiso con el servicio público. Desempeño de las tareas asignadas con conciencia de que se trabaja para una organización con una misión, orientada a la mejora del servicio al ciudadano.

Aprendizaje continuo. Actitud de incorporar conocimientos, tanto prácticos como teóricos, no sólo para realizar mejor una tarea sino como parte del desarrollo personal y profesional.

Responsabilidad. Cumplimiento de las obligaciones laborales, arbitrando los medios necesarios para responder con cuidado y atención en lo que se hace o decide, respetando a los compañeros de trabajo y siguiendo los procedimientos establecidos.

Respeto al otro. Actitud de tratar a los demás con consideración y deferencia, valorando sus intereses y necesidades, protegiendo su dignidad y autonomía como personas, y tratando de comprender de manera empática sus puntos de vista y situaciones particulares.

Respeto a las normas. Cumplir las reglas o pautas que la organización establece, formales o informales, para promover una sana convivencia entre los individuos que pertenecen a la organización.

Comunicación abierta. Comunicación efectiva y sincera con superiores jerárquicos, pares, y personas a cargo, y también con los ciudadanos a quienes se debe atender, tanto en la expresión escrita como en la verbal o gestual.

Participación. Capacidad de involucrarse activamente, y hacer involucrar a otros, en las tareas asignadas al grupo de trabajo, asumiendo responsabilidades por propia iniciativa.

Cooperación. Trabajo en equipo donde sus integrantes privilegian el logro del objetivo común por sobre los lucimientos personales; implica colaboración sostenida en el tiempo dentro de un equipo de trabajo afianzado.

Transparencia. Actitud clave para el trabajo en equipo, ligada a la ética y la moral pública, que promueve la ejecución de tareas con honestidad, el apego a las normas, la claridad en los procedimientos, y el respeto del derecho de acceso a la información pública.

Compañerismo. Colaboración y solidaridad hacia los integrantes del equipo de trabajo, en lo laboral y personal, lo que permite afianzar lazos y generar empatía con los otros.

Trabajo en equipo. Trabajo en conjunto con cooperación mutua entre los integrantes del grupo donde cada uno aporta todos sus recursos personales e intercambia información con los otros para alcanzar un objetivo común.

Sentido de pertenencia. Sentimiento de que se es parte de la organización y del equipo de trabajo, donde el desarrollo de la actividad es considerando como propios, las funciones y la imagen de la organización.