Opinión Jueves, 11 de enero de 2018 | Edición impresa

Agua y falta de inversión - Por Ricardo Claverol

Por Ing. civil Ricardo Claverol - Exfuncionario de OSM SE y EPAS

Al agua que podemos usar la llamamos agua dulce, en contraposición al agua salada, de mares y océanos, y la obtenemos de ríos, lagos, vertientes y acuíferos subterráneos. Esa agua luego se usa para riego, producciones industriales y/o consumo humano. El agua para riego, transportada desde diques por canales y acequias hasta el área a irrigar, tiene valor agregado.

Agua potable, en cambio, es aquella que tuvo un proceso de "purificación" (eliminación de ciertos compuestos, perjudiciales para la salud). Respecto al agua natural y la de riego, tiene más valor agregado aún. Además, llega a través de extensas redes a las canillas.

Emergencia es toda situación no prevista, producida por acción directa o indirecta del hombre, o causas naturales. Al hablar de emergencia hídrica nos referimos a falta de agua natural (lluvias, nevadas). A veces las emergencias suceden con frecuencia, y para ello se han desarrollado modos de preverlas y/o minimizar sus efectos.

Prioridad

Los proveedores de agua potable no pueden aducir falta de aquélla, como consecuencia de emergencias hídricas. Según la Ley de Aguas de Mendoza, la primacía de uso es para proveer de agua potable a la población. Por más falta de agua natural, el uso poblacional es prioridad.

Estos proveedores tienen a cargo "fábricas de agua potable", y al aumentar sus "clientes", y no incrementarse la producción oportunamente, los mismos recibirán cada vez menos agua potable. El Gran Mendoza es provisto por cinco establecimientos que dependen del proveedor principal (construidos entre 1950 y 1980, algunos mejorados y/o ampliados años después), que producen cerca de los 5 m3/seg y unas veintitantas perforaciones (de diversas antigüedades) que arrojan alrededor de 1 m3/seg o algo más. Las Municipalidades de Luján de Cuyo y Maipú producen respectivamente 0,9 m3/seg y 1,2 m3/seg (valores aproximados al carecerse de información específica). Sin considerar los pequeños proveedores, con escasa incidencia, la producción para el Gran Mendoza supera los 8 m3/seg. Si estos sistemas funcionaran las 24 horas del día, la producción global sería de 691.200 m3/día. Las perforaciones no producen las 24 horas, pero sí los establecimientos que potabilizan el agua superficial. Dado que la incidencia de las perforaciones es sólo del 10%, la producción de agua potable diaria para el Gran Mendoza ronda los 650.000 m3.

Sólo estimaciones

¿Y la demanda? Es decir, ¿cuánto consume ese casi millón de habitantes que puebla el Gran Mendoza? No existen sistemas masivos de medición, sea en la producción, como en la distribución o en el consumo. Sólo se hacen estimaciones. Si cada habitante consume 200 litros por día (cifra indicada por organismos internacionales del sector), la demanda sería de 200.000 m3/día. Pero siendo una zona árida (que demanda más agua potable para diversos usos), ese consumo per cápita puede estimarse en 350 litros por día, y entonces la demanda sería de 350.000 m3/día.

Si la producción es de unos 650.000 m3/día y la posible demanda de 350.000 m3/día… hay entonces un excedente de 300.000 m3/día. ¿Dónde va casi la mitad de la producción diaria? ¿Falta o sobra agua potable? Todo este cálculo es teórico… y la realidad no es perfecta, existen pérdidas e ineficiencias. En las tomas de agua, al decantarla, filtrarla, purificarla y reservarla hay pérdidas del orden del 5% (de 650.000, nos quedan 617.500 m3/día para distribuir). Luego, en acueductos y cañerías maestras se pierde al menos 10% o más, y nos quedan unos 550.750 m3/día para distribuir al millón de usuarios del Gran Mendoza. Es decir que, ante esta hipótesis más realista, se estarían "evaporando" unos 200.000 m3/día. ¿Es así, o estamos derrochando mucha agua? El derroche puede estimarse en 200 litros por habitante y por día quizás. Cada individuo estaría consumiendo unos 550 litros por día, cuando en otros lugares de clima similar, como Santiago de Chile, se consume en el orden de los 220 litros por día. Aquí estamos involucrando también el consumo industrial y comercial. Sería probable entonces que el promedio del consumo humano fuera algo menor, pero no mucho más allá de los 500 litros por habitante y por día.

Entonces… ¿qué ocurriría si no se realizaran inversiones para aumentar la producción y/o racionalizar la distribución? ¿Se evitarán las pérdidas existentes en producción y distribución, responsabilidad de los proveedores, y se minimizará el derroche de los usuarios? Si todo esto no se hace, ¿será el agua potable elemento escaso, caro y quizás razón de vida o muerte? ¿Qué zonas serán más perjudicadas? ¿Las últimas urbanizadas? ¿O las periféricas de menores recursos? ¿Se deteriorará la calidad ambiental de esta gran área urbana y en consecuencia la calidad de vida de sus habitantes? ¿Alguna vez coincidirán los intereses y prioridades de la población en general, con los de empresarios, políticos y dirigentes? ¿Haremos soluciones estructurales y no sólo coyunturales, que permitan un futuro previsible? ¿Se trabajará planificada y continuamente en acciones que demandan períodos mayores a los de una administración política? La historia verificó ya, que estos servicios, tanto administrados por el Estado, como por privados, apenas si han sobrevivido. Siempre está de por medio el máximo nivel político, del que depende la autorización de tarifas equilibradas, que contemplen no sólo operar, sino también mantener y realizar las inversiones necesarias para ampliar los servicios, que demandan largos períodos de tiempo, superiores a los escasos cuatro años políticos.