Turismo Domingo, 31 de diciembre de 2017 | Edición impresa

2018: 12 meses, 12 viajes

En un nuevo empezar sobran las razones para armar las valijas.

Por Josefina Cornejo Stewart - Especial para Turismo

Para los viajeros, un nuevo año es sinónimo también de nuevas travesías. A modo de inspiración en esta nota, 12 viajes para disfrutar de cada uno de los meses que se avecinan. Porque este 2018 ¡sobran las razones para armar la valija! 

Enero: desenchufarse en Cabo Polonio 

El primer mes del año grita playa y no hay por qué contradecirlo. La propuesta es -literalmente- desenchufarse en Cabo Polonio. Este pueblo uruguayo, célebre por no contar con luz eléctrica, presume la receta del descanso. Aunque, como cualquier paraíso que se precie, su acceso conlleva algunas condiciones.

Para llegar al Polonio hay que subirse a bordo de un camión 4x4, el único autorizado para abrirse paso en el bosque y más tarde en las dunas.

Aunque este edén también exige olvidar la vorágine digital y entregarse sin excusas al paisaje. Sólo así uno se empapa del Polonio. Sus dunas y sus playas -La Ensenada y la playa norte de la Calavera-. Su faro -el único que ilumina las noches- y sus lobos marinos. 

Cuesta hablar del Cabo y no mencionar a uno de sus pobladores más célebres: el Zorro. Un antiguo pescador que permanece vivo con sus frases, en los recuerdos de quienes habitan este paraje playero: “Algunos dicen que vienen a despejarse, otros dicen que en el Polonio renacen otra vez.

Muchos dicen que vienen para olvidar… y yo digo que tal vez vienen para acordarse”. Cualquiera sea la carta de presentación o despedida, la respuesta al dilema de enero es: Cabo Polonio. 

Febrero: Carnaval en la Quebrada de Humahuaca

En nuestro país no existe un solo carnaval sino más bien varios. Cada punto cardinal lo festeja a su manera. Al Norte es una cosa y al Sur otra. La regla también se replica entre Este y Oeste. En la Quebrada de Humahuaca, en pleno noroeste argentino, el desentierro del "diablo" da inicio a uno de los carnavales más entrañables que posee el país.

Una celebración que se extiende durante varios días y noches y pone a prueba a más de uno. En estas tierras jujeñas, el carnaval es la excusa anual para vestirse (y vivir) de fiesta. Los niños se disfrazan, las comparsas y desfiles inundan las calles y también los cerros. La chaya es a base de harina y espuma y, a modo de advertencia, no hay quién se salve. 

Lo ideal es recorrer los diferentes pueblos -Purmamarca, Tilcara, Maimará, Humahuaca- y conocer los matices que la fiesta adquiere en cada uno. Si le alcanza el tiempo, no se prive de conocer otros atractivos de la zona como las Salinas Grandes -camino al Paso de Jama-, el Pucará -una antigua fortaleza incaica- o la Garganta del Diablo -un trekking que culmina con un salto de agua-. Tampoco conviene decir que no a los manjares más tradicionales de estas latitudes: chivitos, humitas, tamales, empanadas o locro. Y qué decir de los torrontés fresquito y frutados de estos valles de ensueño.

MARZO: una lección de geografía en Islandia   

El tercer mes del año es ideal para visitar Islandia. El invierno comienza a dar tregua. Eso se traduce en más horas de luz  para aprovechar uno de sus atractivos más famosos: las auroras boreales.

Ese fenómeno atmosférico que tiñe el cielo de luces y es exclusivo de las regiones polares.

Las propuestas de esta isla están lejos de agotarse aquí. Islandia es la posibilidad de vivir en primera persona el más fascinante libro de geografía.

Cataratas, ríos de agua caliente, aguas termales, cerros que despiden nubes por su actividad geotérmica, volcanes, fiordos, icebergs. La ínsula que pocos reconocen en el mapa lo tiene todo.  ¡Atención viajero! Se trata de uno de los secretos mejor guardados… aunque no por mucho tiempo.

Abril: volar en Tucumán    

El verano se extiende, pasado marzo, en la provincia más pequeña del país. Los dos fines de semana largos de abril son la excusa perfecta para escaparse al Jardín de la República. A menos de una hora del centro de la ciudad, San Javier es una villa recreativa perfecta para practicar parapente.

 Al año ostentan 300 días aptos para el vuelo, cifra que lo convierte en un lugar de condiciones únicas, no sólo en el país, sino también en América.

Aquí todo está preparado para cumplir el sueño de cualquier hombre: volar.

Mayo: (re) descubrir Nueva York

Nada como olvidarse del frío en la Gran Manzana. La primavera neoyorquina permite disfrutar de los días y también de las noches. ¿El plan? Muchos: un picnic en Prospect Park, visitar Los Cloisters (porque hay más museos además del Moma y el Metropolitan), cruzar el puente de Brooklyn, perderse en Dumbo, ver el atardecer desde el Brooklyn Promenade, husmear por las originales tiendas de Tribeca, ir al High Line a primera hora para disfrutarlo (casi) en solitario, sentirse un neoyorquino en Grand Banks -el bar perfecto para la golden hour-, olvidarse de la dieta con una de las hamburguesas de Shake Shak (con malteada incluida), poner a prueba el concepto de hypster en Williamsburg, conocer el museo que se dispersa por el street art de la ciudad y la lista continúa.  Las propuestas son infinitas porque Nueva York no se reduce sólo a los clásicos como Time Square, la Quinta Avenida o el Central Park. 

Junio: caminar hasta Santiago de Compostela

Caminar. Un pie detrás del otro. Una y otra vez. Un metro tras otro y volver a empezar. Ser testigo de un paisaje que cambia, literalmente, a paso de hombre. Para muchos, caminar quizá no sea el plan de unas vacaciones perfectas. A esos me atrevo a decir a quienes todavía no han peregrinado a Santiago de Compostela. Son caminos de orígenes medievales que, desde los puntos más remotos de Europa, los peregrinos trazaron para llegar a esta ciudad. Hoy, el viajero también puede elegir: el camino del Norte, Portugués, Francés o Primitivo son algunas de las versiones. Eso sí, todos conducen a Santiago de Compostela.  

El sexto mes del año es ideal para esta travesía por varias razones. Por un lado, la temporada alta todavía no se inicia por lo cual el peregrino no se encontrará con rutas ni albergues atestados o precios disparados. Por otro, los días de primavera ofrecen temperaturas agradables y más horas de luz. 

Julio: vivir la naturaleza en Malargüe 

Para los que gustan de esquiar y para los que no. Malargüe tiene un plan para todos. A su célebre centro de esquí de fama internacional se suman, además, otras opciones. Eso sí, la naturaleza y el aire libre son los grandes protagonistas. Trekking, tirolesa, vía ferrata las propuestas, ideales para disfrutar en familia. 

El turismo astronómico, para quienes gustan de mirar las estrellas, es otra de las apuestas fuertes de este departamento. Tanto el observatorio Pierre Auger como el Planetario ofrecen visitas guiadas. También la espeleología tiene su capítulo malargüino con la fantástica Caverna de las Brujas. El plan de viaje se completa con la tentadora gastronomía local donde el chivito es el que manda.  

Agosto: avistaje de ballenas en Puerto Madryn 

Desde mayo hasta octubre-aproximadamente- se extiende la temporada de avistaje de  ballenas en Puerto Madryn. Con las vacaciones de invierno ya finalizadas, agosto es un mes perfecto para visitar la Patagonia que mira y vive el mar.

No sólo vivenciar un avistaje de ballenas que hace de este lugar uno de características únicas en Argentina y el mundo, sino también de empaparse de su gastronomía, de las anécdotas de sus pescadores artesanales y buzos, de caminar por su paseo marítimo, de ver el sol abrirse paso en el Océano Atlántico. 

Setiembre: road trip por Nueva Zelanda    

Si existe un lugar ideal para un road trip, probablemente sea Nueva Zelanda. Su red de rutas y de campings hace que la experiencia sea una delicia.

Sólo queda elegir la ruta y sumergirse en ella. No se preocupe  porque ningún camino lo aburrirá. Paisajes verdes, acantilados, fiordos, aguas termales, playas y bosques, son sólo algunas de las diapositivas que verá a través de la ventanilla.

Y ovejas, muchas ovejas. Diferentes compañías permiten alquilar motorhomes con capacidad desde 2 hasta 6 personas y llevar el “hogar” a cuestas cual caracol. Con la libertad de poder hacerse a un costado del camino cuando guste. Para conducir  sólo basta con tener una licencia internacional. 

Octubre: otoño en Japón

El país del sol naciente ostenta un amplio abanico de posibilidades para el viajero. Desde ciudades que exudan tradición como Kioto hasta otras que lo trasladan a un futuro incierto como Tokio.

La complejidad de la cultura nipona es difícil de conocer en un solo viaje aunque bien vale la pena el intento. Ser parte de una ceremonia del té, descubrir que existe comida más allá de sushi, recorrer sus exquisitos jardines y palacios, son sólo algunas de las experiencias lo deslumbrarán y lo dejarán con gusto a más. Durante el otoño el país se tiñe de ocres, rojizos y cobres. 

Noviembre: cruzar a Chiloé

La revista Lonely Planet incluye a Chile en el puesto uno de sus destinos recomendados para 2018. El año próximo mejor pasar por alto las ciudades que lideran el ranking de las más visitadas por los mendocinos, como Santiago y Viña del Mar y apostar por un lugar menos explorado. En ese sentido el archipiélago de Chiloé es una excelente opción.

Alrededor de 40 islas componen esta región que se ubica al sur del país vecino. Los palafitos, esas construcciones de colores apoyadas en pilotes, son una de sus señas de identidad más conocidas. Sin embargo, no las únicas. La estampa se acompaña con una exuberante vegetación y la omnipresencia del agua. 

Diciembre: mercados navideños en Alemania

Una ruta de mercados navideños por Alemania podría fácilmente llevarle más de un diciembre. Tan sólo en Berlín existen más de 60. Para empaparse del espíritu navideño nada mejor que un recorrido por sus mercados.

Spandau en Berlín, los de Postdam -vecinos a la capital del país-, Dresde, Munich o Hamburgo. En cualquier lugar del país encontrará un pintoresco mercado en el cual perderse. ¡Olvídese de las calorías! Y no pase por alto los manjares que la gastronomía germana reserva para el último mes del año. 

Bonus track: En 2018 no se olvide de disfrutar y viajar por aquello que tenemos tan cerca: Mendoza. Hacer un trekking por un sendero precordillerano; ski de fondo en la temporada invernal; almorzar con un paisaje de viñas en cualquier momento del año; kayak en el dique; un road trip cuando el otoño tiñe los álamos; un viaje a Uspallata por la ruta 13 o unas sopaipillas  acompañadas de mate cuando bajan las temperaturas. El próximo año vivamos con la ilusión del viajero también nuestros paisajes. ¡Salud!