• Miércoles, 4 de enero de 2017
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Vacaciones juntos: ¿prueba de amor?

Algunos ven al verano como un momento ideal para dar un paso más hacia la convivencia y planean vacaciones juntos: una aventura que pone a prueba el amor. ¿Cómo conjugar el ocio con nuestros hábitos para potenciar la pareja y hacerla más sólida? Aquí, algunas respuestas.

Victoria Navicelli - Especial para Estilo

Se dice que, para estar seguros de una relación, es importante haber hecho un viaje juntos antes de convivir y, aún más, antes de dar el “sí”.

Salir de paseo en pareja puede resultar una muy buena idea: imaginamos de manera picaresca las cosas que haremos, las fotos que sacaremos y los lugares que visitaremos. Armaremos el bolso en función de esos días de calor, el sol, paseos interminables. Pero también vacaciones en pareja es sinónimo de estar juntos todo el tiempo que duren los días de esparcimiento. Días en los que suelen aflorar problemas que ponen a prueba la continuidad de la relación. 

“Estar juntos fuera de la rutina puede ser razón para que el lazo de pareja se refuerce o termine de romperse. Se dan situaciones que nos hacen repensar la continuidad de la pareja y, sobre todo, aparecen situaciones de molestia en cosas que no conocíamos del otro o que sí conocíamos pero que, en la convivencia, notamos que no toleramos”, comenta la psicóloga Laura Giménez. 

Se estima que durante el período estival es cuando más rupturas de parejas se dan, “esto puede ser relativo, pero sí es verdad que las parejas se replantean muchas cosas, y con más razón, si es la primera vez que veranean juntos”, agrega. 

Lo más importante a la hora de elegir salir de vacaciones juntos, es la actitud que tomemos al respecto: “tenemos que ser tal cual somos si no, durante esos días, saldrá a la luz nuestro verdadero yo y no será para nada agradable”, comparte la profesional. 

Y, si la relación apuesta al futuro, pues, la sinceridad y empatía ganan todas las batallas: “hay que evitar buscar la perfección en la pareja y en la situación -dice Giménez, y continúa- a veces pasa que idealizamos a una persona y luego nos damos cuenta de que es un ser humano como todos, se equivoca, ronca, deja sus cosas tiradas, duerme hasta tarde. Son las vacaciones, ¡dejemos las exigencias de lado y disfrutemos!”

También pasa que idealizamos el lugar, las actividades programadas, el paseo. Llegamos a destino y no nos gusta el hospedaje, ¡no se parece al de la foto!, o el lugar no tiene muchos paseos de esparcimiento, es más caro de lo que imaginamos, no llevamos la ropa adecuada, nos tocaron días de lluvia; en fin, la lista puede ser eterna. También calmemos las ansias y acomodémonos a lo que se presenta, para no generar tensión ni malgastar los días juntos en quejas y reproches de quién escogió el lugar para veranear. 

Cuando se decide salir en pareja es bueno que ambos tomen la decisión, “es una buena manera de empezar a compartir las posturas frente a algo y conocer los pensamientos del otro”, añade la psicóloga. Escoger juntos dónde ir, qué actividades hacer, cuánto dinero se dispondrá, entre otros aspectos, son asuntos a apuntar. 

La idea no es poner en discusión las vacaciones, sino poner en común los gustos y preferencias y “a partir de allí, decidir. Esta es una buena práctica que puede resultar por demás útil en la prosperidad de la relación”, agrega Giménez.

Además, colabora fuertemente en la mantención del diálogo entre ambos, aspecto principal a la hora de hablar de una pareja, “conservar las charlas, tener siempre temas de conversación, escuchar y respetar y, sobre todo, evitar las discusiones, es la receta aconsejable para disfrutar del calor y los paseos”. 

 

¿Nuestro primer viaje de novios? 

Entonces que sean pocos días. Démosle tiempo a la relación para que refuerce sus cimientos. Para ello es bueno tomarse un par de días (un fin de semana largo, por ejemplo). Esto será -al estilo “prueba piloto”- una experiencia previa a vacaciones más extensas y, seguramente, más disfrutables.

“Es recomendable que el primer viaje sea corto para no generar aburrimiento entre ambos, que pueda desembocar en discusiones efímeras pero que, en esas situaciones, puedan ser tomadas como determinantes”, afirma la psicóloga de pareja Lorena Gázquez. 

Pocos días también son suficientes para conocer con mayor profundidad a la persona que tenemos enfrente: “saber qué es lo que piensa, cómo sería pasar más tiempo con él o ella, cómo es su accionar diario, entre otros aspectos que se pueden dilucidar pasando tan solo un par de días juntos”, analiza Lorena. 

No nos tomemos todo tan personal, dejemos que las cosas se den, pues en las vacaciones también pueden darse hechos que nos incomoden o no nos caigan bien.

“Hay que aprender a ser tolerantes y no pretender siempre tener la razón. Las discusiones muchas veces refuerzan los lazos, siempre y cuando sepamos que discutir no es sinónimo de pelea o de que la pareja está en crisis, sino simplemente de poner en cuestión las posturas de cada quién y llegar a un consenso”, comparte Gázquez. 

Lo recomendable: ir a un lugar donde no se conozca a nadie. A veces caemos en la comodidad de “la casa de un amigo o de un pariente”.

La relación depende de saber diferenciar las cosas. Si vamos de visita a la casa de un conocido, poco tiempo habrá para disfrutar juntos, es más: pueden aparecer los recelos, pues “la tía no cae tan bien o la amiga parece algo desubicada. Para que una relación prospere, y para que sus primeras vacaciones no sean un tormento, salir solos es fundamental. Los momentos solos refuerzan la relación ya que permiten tiempo compartido”, amplía la profesional. 

Incluso durante las vacaciones podemos darnos espacios para estar cada uno en soledad: “estar todo el tiempo juntos resulta asfixiante. Mientras uno sale de compras, el otro puede salir a caminar, lo importante es generar los momentos -aunque sean breves- para que cada quién esté consigo mismo y dé la bienvenida a la pareja con más entusiasmo”, asevera Giménez. 

Hagamos que este momento sea realmente de encuentro, que fortalezca la relación y sume buenos momentos al historial de la pareja. Dejemos las diferencias que sabemos de antemano que no podremos cambiar y aprendamos a tolerar, además de vivir en la empatía.

“Durante las vacaciones las cosas no tienen por qué ir del todo bien, pero tampoco tienen por qué ir del todo mal. Lo que importa es la capacidad de resolver las situaciones juntos y las fichas que se pongan en la relación”, comparten las psicólogas.