Estilo Domingo, 18 de diciembre de 2016 | Edición impresa

Un vasco contra los aborígenes

La cruenta historia de José Francisco de Amigorena, el político militar que se enfrentó a las tribus que habitaban el suelo mendocino.

Por Carlos Campana - las2campanas@yahoo.com.ar

José Francisco de Amigorena fue un militar directamente relacionado con la historia de Mendoza. Fue protagonista en una época difícil en  Cuyo, de luchas y de muertes. 

Mendoza al extremo

Antes de la llegada de Amigorena, tribus como los aucas, ranqueles, pehuenches, huiliches y pampas guerreabana las estancias, sin tener resistencia.

El Cabildo, tomó la determinación para impedir los frecuentes ingresos de los malones en ambas márgenes del río Tunuyán y hasta en el Carrizal. Pero no prosperó esta propuesta al no contar con jefes y hombres para ejecutarla. 

El militar rebelde

Su nombre era Joseph Francisco de Amigorena nació en Gipuzco, en España. Pertenecía a una familia noble pero dedicado a la labranza de la tierra. Tuvo desinteligencias con su familia y resolvió partir hacia las entonces colonias de América del Sur.

En Mendoza residía su primo, el doctor en leyes Jacinto Anzorena. Luego de llegar  a nuestra ciudad, en 1770, Amigorena emprendió una serie de campañas exitosas.

Al poco tiempo, el flamante virrey del Río de la Plata Pedro de Cevallos, lo nombró nombró Maestre de campo de milicias de Mendoza y San Juan. Luego, el virrey Vertiz y Salcedo, lo envistió con el título de Comandante de Frontera y Armas de Cuyo. 

Por su capacidad de negociar con las tribus beligerantes del sur se lo consideró como uno de los mejores políticos militares de aquella época. Además, Amigorena creó algunas poblaciones o villas como la antigua Corocorto, hoy departamento de La Paz.

La campaña por la paz

Ante la difícil situación que padecía Mendoza con los pueblos autóctonos, él mismo se ofreció a defender la población colonial, cosa que. le fue aceptada en forma unánime. 

Lo nombraron comandante del fuerte de San Carlos y encargado del ramo de guerra. Al mando de cerca de 200 hombres, no muy bien armados, hizo su primera salida y batió a los nativos en varios encuentros. Los desalojó del Carrizal. 

Con este mismo resultado luchó durante los ocho años subsiguientes, realizando catorce expediciones y expulsando a los aborígenes del Tunuyán, del Diamante, del Atuel, del Malargüe, del Río Grande, del Barrancas y del Neuquén, hasta que en 1792, obtuvo su última conquista en Nuyegaley, a 400 kilómetros al sur de Mendoza, sobre todas las tribus de pueblos originarios reunidas.

A raíz de ello se obtuvo una tregua y se pudieron hacer las paces generales, un necesario alivio para detener la cruenta violencia que se produjo en aquellos tiempos.

La paz se obtuvo por dos años, sobre la base de reconocer la autoridad de Cuyo y permitir a los ciudadanos el libre tránsito hacia Chile pasando por territorio aborigen. Esta tregua duró más de dos décadas. 

Luego de que llegó la noticia del triunfo de Nuyegaley, el primer ministro de Carlos IV, por encargo del rey, le otorgó al comandante Amigorena el grado de general.

También el militar vasco había tenido otro triunfo en una zona muy nombrada hoy por todos: la laguna de Guanacache. En ese lugar actuó para contener a los nativos de aquella zona.

El comandante de armas Juan Antonio Amigorena, murió súbitamente en setiembre de 1799. En su funeral el Cabildo de Mendoza le rindió tributo.