Estilo Lunes, 13 de marzo de 2017

Un poeta de Tunuyán nos representa en antología digital mexicana

Maximiliano Contreras es el primer mendocino en sumarse a una comunidad global de poetas, el Círculo de Poesía. Hablamos con él.

Por Daniel Arias Fuenzalida - darias@losandes.com.ar

¿Habrá algún lugar en el mundo donde la poesía sea el lenguaje para conocernos entre todos? Quizás no en la tierra, pero sí en la estratósfera de lo digital: el Círculo de Poesía es una web mexicana donde confluyen escritores de todas partes, y en una proporción descomunal: cerca de 75 páginas con 12 poetas cada una, y desde el 2008 recibe versos, traducciones y pequeños esbozos sentimentales desde todas las latitudes.

La consigna es simple: dejar fluir en palabras los saberes y las prácticas que nos unen y que, eventualmente, nos diferencian. La literatura como un diálogo que, gracias a esa madre llamada Internet, ya no tiene territorio ni frontera. 

En ese enjambre, el factor cuyano lo pone Maximiliano Contreras: “Es la casa de todos los poetas del mundo”, dice el tunuyanino, que es oriundo de Colonia Las Rosas y que enseña Lengua y Literatura en el nivel secundario. “Después de todo, ¿quién resistirá cuando la poesía ataque?”, desafía.

Y si es cuestión de atacar, Maximiliano ya va en el frente: en su sección pueden leerse algunas de sus poesías, que se distinguen por captar lo cotidiano de su lugar en el mundo. En su caso, reconociendo la ascendencia de García Lorca, Alberti, Girondo y hasta de la poesía oriental, como Matsuo Basho.

-¿La poesía nos ayuda a conocernos?

-Claro, a conocernos y, sobre todo, creo que la poesía es la vida misma: situaciones que pasan cuando caminamos por el mundo. Como dijo Rafael Alberti: “La poesía es todo”. Vemos situaciones, sentimos situaciones que merecen ser escritas. 

-Compartís una plataforma con poetas chilenos, mexicanos y hasta lituanos. ¿Hay alguno de esos poetas que te haya sorprendido especialmente?

-Sí, la verdad es que hay poetas buenos, pero - como siempre - me quedo con los latinoamericanos. Puedo decir que el nicaragüense Rommel Cruz es uno de mis favoritos. Es muy difícil elegir, porque todos me dan sensaciones nuevas. También destaco a Alí Calderón. 

-¿Toda tu poesía tiene ese componente regionalista o elegiste las que más se adecuaban a la consigna?

-Yo creo que mi poesía se distingue por eso, por  mostrar la parte de la vida en donde nos detenemos a mirar y a sentir lo que nos rodea: ver las montañas, los ríos, las estrellas, los almacenes, las plazas, los animales. Creo que el paisaje debe servir como inspiración de momentos, pero hay muchas otras cosas de qué hablar en un poema. Yo me quedo con sentir que las cosas de la vida es la poesía, viva en Mendoza o en Suiza. Es uno el que define el poema, y siente las cosas, no el paisaje,

-¿Cómo te llega la inspiración? ¿Flechazo o método?

-No tengo explicación. Yo veo a la poesía como Charly ve la música. Veo como cosas que andan en la casa, en la calle, figuras deformadas, cosas sin nombre, y ahí es cuando me dan ganas de escribir. Todo el día estoy sintiendo cosas, y por día escribo y escribo porque lo siento.

Obviamente hay veces en las que estoy con más ganas que otras de escribir. Hay que darle un sentido propio a la realidad, un sentido de pertenencia, porque pertenecemos a una realidad y, si no somos conscientes de eso, estamos en el horno (risas). 

-¿Y qué podés decirnos sobre tus ensayos?

-Sí, también ahora estoy probando en eso, pero me siento más cómodo con el género lírico. 

-¿Sobre qué escribís?

-Ahora tengo pensado escribir dos ensayos: uno sobre este círculo de poesía y otro sobre Ali Calderón, que es un poeta mexicano. El ensayo es un género que se distorsiona mucho pero está creciendo entre las letras del mundo y más que nada en Latinoamérica.