• Domingo, 18 de junio de 2017
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Terrorismo: retornados de la yihad, un peligro para Europa

Se calcula que 27.000 combatientes nacidos o residentes en países de la UE marcharon a Oriente Medio para luchar por el EI. De ese total, unos 6.000 han regresado.

AFP

Se cuentan por miles. Los yihadistas europeos que se fueron a luchar a Siria e Irak empiezan a volver -aguerridos, adoctrinados y a veces traumatizados-, un problema que tiene a mal traer a Europa.

Según cifras oficiales, imprecisas debido a que algunos combatientes llegaron de las zonas de la yihad sin llamar la atención, se estima que entre 5.000 y 6.000 (de un total de unos 27.000 combatientes extranjeros) ciudadanos o residentes de países de la Unión Europea pusieron rumbo a Siria o a Irak, a menudo vía Turquía.

Según el coordinador de la lucha contra el terrorismo en la Unión Europea, Gilles de Kerchove, hay todavía “entre 2.000 y 2.500” europeos o residentes de países europeos en esas zonas. Podrían volver ante la pérdida de terreno del grupo Estado Islámico (EI) en los dos países en los que proclamó su "califato”. 

“Los datos más recientes sugieren que del total de combatientes extranjeros europeos, entre el 15 y el 20% murieron, entre el 30 y el 35% ya regresaron y alrededor del 50% siguen en Siria y en Irak”, escribió en un informe.

Se da por sentado que algunos regresarán, pero otros se quedarán “en bolsones de resistencia en países vecinos o viajarán a otras zonas de conflicto”, estima De Kerchove.

Ante el centro de reflexión londinense Chatham House, el comisario europeo de Seguridad, Julian King, consideró en marzo que “la amenaza seguirá en un nivel elevado en los próximos meses y años, con la probabilidad de que combatientes terroristas extranjeros intenten entrar en la Unión Europea, algunos con la intención de planificar y ejecutar nuevos ataques”.

 

 

“Los más astutos”

Según un recuento de distintas organizaciones, a partir de estimaciones oficiales, alrededor de 1.500 yihadistas ya regresaron a sus países de origen o de residencia, donde suelen terminar en la cárcel y en cualquier caso siempre se les somete a vigilancia más o menos estrecha. En ocasiones integran programas de desradicalización cuya eficacia está por demostrar.

El primer escollo es evaluar correctamente la peligrosidad de los retornados, según el periodista francés David Thomson, autor de una investigación plasmada en el libro “Les Revenants”. Empezando por determinar qué hicieron en la tierra de la yihad.

“El problema es que cuando regresan y se les interroga todos dicen que eran enfermeros”, afirma David Thomson. “La gran dificultad para la justicia es tener elementos materiales para demostrar lo que hizo un individuo en territorio sirio. Los más astutos, a menudo los más peligrosos, nunca han subido a las redes sociales nada sobre sus actividades”.

“En Francia la norma es la cárcel, con penas cada vez más largas: se aplaza el problema, a falta de saber qué hacer por el momento”, añade. 

Los países de la UE detienen, interrogan e investigan a los “retornados”.

Todos los Estados han introducido en sus legislaciones cargos de inculpación específicos: “pertenencia a una organización terrorista”, “actividad terrorista” o “asociación de malhechores con fines terroristas”.

Según el cómputo de la agencia de noticias AFP, hay actualmente en Alemania unos 280 retornados (de los 820 que se fueron), en Gran Bretaña unos 450 (de 850), en Francia alrededor de 210 (de unos 1.000), en Holanda 45 (de al menos 280), en Bélgica aproximadamente 120 (de 280), en Noruega unos 40 (de un centenar), en Suecia unos 150 (de 300), en Finlandia unos 20 (de 80) y en Dinamarca unos 70 (de al menos 145).

 

 Los gobiernos optan por la encarcelación cuando se puede, comparecencia ante la justicia y vigilancia policial.

 

En Austria, las autoridades estiman que de los 300 aspirantes a yihadistas que se fueron (al menos la mitad son de origen checheno) unos 40 murieron y unos 50 fueron detenidos a su regreso.

“Hay dos consecuencias para los combatientes austríacos que vuelven de Siria”, declaró Karl-Heinz Grunboeck, portavoz del ministerio del Interior. “La primera es la inculpación por pertenencia a una organización terrorista. También se examina un eventual pasado criminal. Luego se les somete a vigilancia policial para evaluar los riesgos que podrían representar”.

Para Phil Gurski, investigador del Centro Internacional de Lucha contra el Terrorismo de La Haya, “además de los riesgos de implicación de los combatientes extranjeros en acciones terroristas, los Estados no saben realmente qué hacer con los que vayan volviendo”. 

“Algunos volverán traumatizados, algunos heridos, otros querrán renegar del EI y de sus métodos bárbaros pero algunos podrían tener la voluntad de radicalizar a su entorno”, añadió. 

A falta de una política o de una directiva común en los países de la UE, los gobiernos optan por la encarcelación cuando se puede, comparecencia ante la justicia y vigilancia policial.

Hay intentos de diálogo, por ahora aislados. La ciudad danesa de Aarhus comenzó en 2007 un programa de rehabilitación, con medidas de acompañamiento para ayudar a los yihadistas retornados o a los tentados por irse a encontrar un empleo, una formación y una vivienda.