• Jueves, 20 de abril de 2017
  • Edición impresa

Sin respuesta ante los accidentes viales

La realidad mendocina de los accidentes de tránsito, especialmente los que cobran vidas humanas, sigue siendo un problema insoluble. En estos días de calzadas húmedas y peligrosas, se vio mucha imprudencia. La prédica es repasar cómo somos al volante y extremar la conducción defensiva.

Editorial

Las crónicas sobre incidentes viales fatales en calles y caminos en la la provincia siguen sumando víctimas, poniendo las estadísticas al rojo vivo y llevando luto a muchas familias.

Cualquiera sea la edad de los que sufren esta calamidad ciudadana nos sobrecoge y entristece, pero mucho más cuando vemos que un alto porcentaje de los que pierden la vida en estos hechos son personas jóvenes y hasta niños o adolescentes, con expectativas de existencia muy altas.

Campañas oficiales, alertas en los medios de difusión, controles policiales y otras formas de lucha contra el flagelo, están dando síntomas de fracaso en nuestra comunidad, y no debería conformarnos la muletilla de que en otras partes "pasa lo mismo", porque en ese caso nos caería de lleno el dicho popular que sentencia "mal de muchos, consuelo de tontos". 

Entre el pasado sábado 15 de este mes y el lunes 17, cinco personas perdieron la vida en percances de tránsito. 

Un joven de 23 años murió en un choque en la ruta nacional 143, cerca del ingreso a San Rafael. 

El domingo, los muertos fueron dos: un chico y una joven de 35 años, tras el vuelco del automóvil en el que se movilizaban en la zona de la Cruz Negra (Tunuyán). 

A esta lista se le agregaron dos caídos más, como derivación de una triple colisión en el distrito de Cordón del Plata (Tupungato). 

En total en lo transcurrido de abril son 10 los fallecidos, cinco de los cuales se desplazaban en motocicleta. 

Marzo dejó 24 muertos por esta razón.

El ciudadano que trata de buscar equilibrio y procura manejar con prudencia, encuentra entonces desasosiego al utilizar su vehículo para ir a trabajar, salir a pasear con su familia o regresar al hogar, en atención a tantos peligros que se acumulan en la vía pública.

Ciertamente, sin examinar exhaustivamente las causales y mecánica de los siniestros descriptos, es más que evidente que los mendocinos conducimos con un elevado grado de irresponsabilidad y una fuerte tendencia a la alta velocidad, que en última instancia es un componente determinante para que los afectados en accidentes sufran gravísimas lesiones y hasta la muerte por los golpes sufridos.

Encontronazos o vuelcos a 40/60 km/h pueden ser importantes, pero cuando el cuentakilómetros supera los 100, la situación es muy diferente.

Las recientes jornadas de precipitaciones intensas en el territorio, especialmente en el Gran Mendoza, permitieron observar el grado de insensatez e imprudencia de algunas personas al volante, a las que se observó avanzar con el acelerador apretado, arrojando "oleadas" de agua a otros usuarios o avanzando sin adoptar mecanismos defensivos para la ocasión de calzadas inundadas.

Si la corrección no viene por mecanismos de sinceramiento de cada conductor y no se extreman los mecanismos del manejo defensivo, los casos mortales en el tránsito seguirán en la meseta en la que se encuentran o ascenderán, y nunca tenderán a la baja, como esperamos todos.

Las nuevas licencias de conducir, de jurisdicción nacional, tienen más exigencias al momento de obtenerlas.

Sería oportuno que los encargados de otorgarlas extremen el cuidado y el rigor de los exámenes, como una forma de contribuir a que la espiral ascendente de incidentes viales se atempere de una vez por todas.

Los rigores legales son importantes para controlar faltas y excesos pero, sin lugar a dudas, la principal solución pasa por la concientización y la educación.

Por eso no nos cansamos de señalar que el mejor antídoto está en nosotros mismos, cuando dispongamos salir a manejar con una vocación extrema en cuidarnos y cuidar a los demás.