• Domingo, 10 de septiembre de 2017
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San Miguel: histórico sitio cuyano en Lavalle

Es un pequeño pueblo de menos de 300 habitantes, a 180 km de nuestra ciudad, en Lavalle, cerca del límite con San Juan y San Luis. Allí está en construcción una plaza que recuerda un histórico pacto de unión entre cuyanos. Desde Caucete llegaron para levantar una escultura que será un hito que simboliza la libertad. Lavalle se encargará de la plaza.

Francisco Guerrero - fguerrero@losandes.com.ar / Fotos: Claudio Gutiérrez / Los Andes

Son 180 km desde la ciudad de Mendoza con rumbo al norte, hacia Lavalle. Antes de cruzar el río a Encón (San Juan), hay que desviarse hacia el Este unos 40 km por un camino enripiado. Una nube de polvo no deja ver bien el camino. Dos camiones con semi remolque van cargados con guano de cabra.

 

 

En menos de 20 minutos, por fin se divisa San Miguel Arcángel, de las Lagunas o       -más recientemente- de los Sauces. Así se ha denominado a este pueblo escondido entre la vegetación del secano, donde abundan los algarrobos y retamos. A las 11, los chicos y jóvenes del lugar y de los puestos cercanos (a 50 km) están en la escuela albergue tomando clases, pero esta postal del cercano oeste argentino se ve matizada por un intenso movimiento de máquinas y hombres que trabajan al rayo del sol y el polvo, muy cerca de la iglesia construida a principios del siglo XX. 

“Somos de San Juan y estamos construyendo un monumento que simboliza la unión y la libertad de los pueblos de Cuyo”, explica el artista José Esteban Márquez, que vino de la provincia hermana, más precisamente de Caucete, para levantar el hito. Cuenta que la obra está compuesta por la imagen de una mujer con alas, junto a unas cadenas, que simboliza la libertad y un libro que representa el acuerdo que en 1822 firmaron los entonces gobernantes de Mendoza, San Juan y San Luis. Se buscó este lugar porque es un sitio de límites entre las tres provincias.

 

 

 

Hace unas semanas, los intendentes Roberto Righi, de Lavalle, y Julián Gil, de Caucete, firmaron el convenio de cooperación para la obra. “Personal de nuestro municipio realizará la plaza y del monumento se encargará la gente de Caucete, que tenemos previsto inaugurar el próximo 24, que es el día del santo patrono San Miguel Arcángel y el pueblo está de festejo”, comentó el intendente Righi y agregó que es una manera de reconocer el 195º aniversario de la firma del Pacto de San Miguel de las Lagunas, un hecho histórico ocurrido en el departamento el 22 de agosto de 1822. Se trata de un acuerdo que fue rubricado en aquella época por los gobernadores de las provincias de Cuyo y que fuera uno de los preexistentes para la confección de la Constitución Nacional Argentina.

Las maestras Alejandra Guiñazú y Miriam Rodríguez, directoras de secundaria y primaria respectivamente, cuentan que este acontecimiento histórico es muy importante para la comunidad. “San Miguel adquiere relevancia histórica ya que ambas provincias se unían mediante este acuerdo que se firmó en estas tierras huarpes”, comenta Alejandra. Miriam destaca que se están preparando para la gran celebración del 24, que incluye la realización de la quinta edición de la maratón de San Miguel. “Es una prueba de 7 km por los senderos cercanos”, confía Guiñazú y junto a Miriam se despiden y vuelven a clases. 

Gustavo Villegas, delegado de la Zona del Secano del municipio, dice: “Vale aclarar que el intendente de Caucete, Julián Gil, es oriundo de aquí, San Miguel. Estudió aquí en esta escuela y es docente”.

 

 

 

Pueblo adentro 

Salvo la gente que trabaja en el monumento, el pueblo se ve vacío. Un centenar de metros hacia el Este hay un almacén y allí está Don Teófilo Tello, una de las autoridades de la comunidad huarpe.

Es retirado de la policía. “Aquí las casas están alejadas porque necesitamos espacios para criar nuestros animales”, indica el hombre y asegura, preocupado, que la inseguridad ha llegado hasta estos sitios y ya es frecuente el robo de animales. En el almacén se consigue de todo: pan casero hecho en horno de barro y hasta verduras y frutas que traen del centro de Lavalle o de la feria de Guaymallén.

Pero los vegetales son escasos. Es que ni pasto se ve a varias cuadras a la redonda. La tierra blanda parece haber sido el fondo de las antiguas lagunas de Guanacache, hoy muy acotadas, pero todavía se pueden ver si uno recorre algunos kilómetros alrededor.

Continúa la caminata hacia la familia Talquenca, un apellido de estirpe huarpe. Allí se alcanza a ver uno de los pocos jardines con chipica y al fondo está el corral. Desde lejos se escucha un ritmo distinto a la tonada y de pronto Nono Talquenca aparece bailando un reggaetón que escucha por radio Encón. “Mi padre debe estar por ahí”, dice y luego de buscarlo por varios lugares, señala la casa de enfrente. 

 

 

Doña Eusebia Reta es muy amable e invita a pasar a la gente que la visita. Son las 13, y con 98 años Don Matías Talquenca recién ha terminado de almorzar. “Una sopa de pollo, que es lo que más comemos acá”, aclara Eusebia. “Aquí estamos muy bien. Antes no había tantas comodidades como hay ahora. Ahora tenemos luz, vehículos, antes teníamos la mula y el carro nomás”, cuenta Matías.

También se refiere al agua que tienen en sus canillas, gracias a un acueducto que fue construido hace unos años y permitió llevar agua desde Gustavo André hasta los puestos del secano (mal llamado desierto lavallino). Pero es sólo para consumo humano. 

“Antes había plantaciones, se producía sandía, melón choclo, trigo, teníamos agua continua del río San Juan, teníamos un canal que nos mantenía con agua permanente. Había chacras y el trigo se transportaba con yeguas; lo llevaban al molino de Caucete. La mitad quedaba para ellos, la otra para nosotros”, recuerda Talquenca. Y agrega: “La iglesia la hizo la gente; eran mujeres la mayoría, que cortaban los adobes y los llevaban en engarillas (carretillas)”.

Especialista en realizar elementos de cuero de chivo y de vaca, como cinturones, estuches, paneras, José Díaz es el artesano más representativo del lugar. “Mi actividad principal es la crianza de animales, pero fui aprendiendo y hace 30 años me dedico a esto. Ingresamos nuestros productos al mercado artesanal mendocino, pero pienso que estaría bueno que nos dieran un título que nos habilitara para la docencia. He dado cursos en Buenos Aires y tener un título es importante porque es una manera de reconocer este trabajo y para que no se pierda”.