• Domingo, 27 de agosto de 2017
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Salir a la ruta en Mendoza

Propuestas varias de road trips en nuestra bella tierra. Montañas, valles, bodegas e historias, una combinación que nunca falla.

Josefina Colombres Garmendia y Celina De la Iglesia

Muchas veces al viaje lo hace la ruta misma. Y si no, basta recordar las aventuras de Jack Kerouak en su libro En el camino. En esta nota proponemos algunos road trips por la provincia porque, para viajar, no es necesario irse (muy) lejos. A veces, con preparar el mate y salir a la ruta es suficiente. 

A Uspallata vía Villavicencio 

La ruta nacional 7 es el camino más común para llegar a Uspallata, aunque no se trata del único. Tiempo atrás, cuando todavía no existía esta carretera que conduce a Chile, la ruta provincial 52 era la que conectaba a la ciudad de Mendoza con el valle lasherino. Hoy, este camino, que supone una distancia aproximada de 100 kilómetros, es una excursión perfecta, cuando el tiempo no apura y las prisas se dejan de lado.

El punto de partida para este trayecto es en la Reserva Natural Villavicencio, a 50 kilómetros de la capital provincial, a la que se accede desde Panquehua, pasando por Canota, en donde se dividieron las columnas de Soler y de Las Heras para dirigirse por distintos pasos a Chile. Conviene cargar gasolina y chequear el estado del vehículo antes de partir porque hasta Uspallata no hay estaciones de servicio.

Una vez en Villavicencio, un camino de cornisa guía montaña arriba. Se trata de 270 curvas que trepan hasta los 3.100 metros de altura.

Estos caracoles suponen un mirador natural que -por supuesto- regala unas vistas panorámicas insuperables. Las más de las veces, también ofrece la posibilidad de avistar cóndores y otra fauna autóctona como guanacos, choiques, zorros o maras. En El Balcón, uno de los miradores, puede hacer una pausa y empaparse del paisaje. 

Otro lugar para un stop es la Cruz de Paramillos, uno de los puntos culminantes del recorrido y donde estuvo, hace siglos, una capilla asistida por frailes españoles, según cuenta el historiador religioso Agustín Borzi. Aquí puede apreciarse el imponente Cordón del Plata y también el Aconcagua. No se deje confundir por el juego visual de la distancia: ese pico nevado que se yergue a lo lejos es la cima más alta de América.

Muy cerca de allí y, desde 2007, se sitúa el Vía Crucis de Paramillos. Un cartel rememora la presencia huarpe en la zona y la posterior llegada de los jesuitas que aprendieron la lengua y las costumbres de esta comunidad originaria. Para llegar a las ruinas jesuíticas tiene que desviarse del camino aunque el paisaje merece la pena los kilómetros de más.

Junto a ellas también se ubican las Minas de Paramillos que datan del siglo XVII y son consideradas entre las primeras del país. Aunque hoy se promocionan recorridos recreativos que incluyen rappel y trekking, centurias atrás, de estas entrañas de la tierra, se extraía plomo, plata y zinc. 

De regreso a la ruta, hay dos paradas de interés. Primero, Agua de la Zorra donde Charles Darwin encontró en 1835 el bosque de araucarias de más de 230 millones de años de antigüedad que supuso el primer hallazgo de árboles petrificados en América del Sur.

Segundo, el cerro Tunduqueral y sus petroglifos que señalan la presencia de otras civilizaciones en esta tierra. 

 

 

La antigua ruta 13

Uspallata es también el destino de otro recorrido. La propuesta es la antigua ruta 13, conocida como del Telégrafo, en honor a la antigua central telegráfica que hoy se apoda Casa de Piedra. 

Aunque en sus inicios este camino fue pensado y construido por el Ejército Argentino, como una vía alternativa en caso de un conflicto armado con Chile, en nuestros días su fin es puramente recreativo y suele ser transitado por ciclistas y conductores de enduro.

Para realizarlo en plan road trip, lo más recomendable es contar con un vehículo 4x4 ya que el estado de la senda -ripio y piedra- lo exige. 

El punto de partida es el barrio Municipal en Las Heras. Una vez más, hay que asegurarse de contar con el combustible suficiente, agua y víveres ya que hasta Uspallata no encontrará estación de servicio, ni negocios, ni ninguna otra cosa más que las vastas y magníficas soledades precordilleranas. 

Aguas de las Chilcas es el primer puesto a donde lleva el camino. Unos kilómetros más adelante, unos caracoles suben a la montaña y vuelven a descender hasta Casa de Piedra. Otro punto interesante para realizar una parada y contemplar el escenario. Aunque, sin lugar a dudas, La Laguna de los Cangrejos es el lugar predilecto para una pausa más prolongada.

Nuestra recomendación es parar allí y disfrutar de un asado a orillas de este espejo de agua que se alimenta por una vertiente natural. Y, con el estómago lleno, el fuego bien apagado y el corazón encendido, continuar camino. Desde ese punto hasta el destino hay, aproximadamente, 40 kilómetros. Una vez más, la tranquilidad del paisaje es ideal para avistar cóndores, guanacos y fauna local. 

El ingreso a la villa de alta montaña es por el Cerro de los 7 colores. Otro lugar que amerita detener el auto y encender la cámara de fotos. 

 

 

De Potrerillos a Tupungato

El famoso paseo de La Carrera que une Potrerillos con Tupungato, es otra de las alternativas indiscutibles de road trips por tierras menducas. Las razones para su elección son varias: no hace falta un vehículo de características especiales, toma pocas horas y los paisajes que se atraviesan son de una belleza escénica.

El conductor decide cuál es el punto de partida de esta aventura al volante -se puede encarar desde Potrerillos al Valle de Uco o al revés-. Si ésa es la elección, el dique es uno de los primeros hitos para mirar a través del vidrio o acaso para la primera parada, en un paseo en el que todo puede ser improvisado y cada quien se puede detener donde mejor le plazca.

Cualquiera de las villas cordilleranas que siguen disponen de opciones para el almuerzo o la merienda. Ya sea en alguno de los restaurantes -que no son pocos y que tienen deliciosas opciones a precios convenientes- o a la vera del camino para un asado -en los sitios donde se puede hacer fuego- o unos sandwiches.

Es recomendable resolver el asunto gastronómico porque una vez que se comienza el ascenso por la ruta 89 ya no hay lugares donde parar, ya que el camino es angosto y hay alambrados. Si bien es cierto que algunas estancias reciben turismo, la mayoría trabaja con un público internacional. No obstante existen opciones para mendocinos.

Vale agregar que conviene consultar y reservar previamente. Por ejemplo, en “Estancia La Alejandra” publican en Facebook cuando hay alguna propuesta para público local y en “La quebrada del Cóndor” también tienen alternativas gastronómicas y de turismo aventura para coterráneos.

El ascenso comienza por unos caracoles empinados que tras unos minutos, no más, dejan en foco las villas por las que ya se anduvo, allá abajo. El camino de tierra de a poco se abre paso por el valle. Casi que sobran las descripciones.

Todos tenemos pintados en las retinas esos altos picos nevados que volvemos a ver sitiados por las estancias productivas. Tan simple como eso, tan hermoso, como nada.

El retorno a la ciudad, por Los Cerrillos, para que las ondulaciones sigan acompañando el trayecto. Si todavía hay luz solar, nadie se niega a subir al Cristo que custodia el valle, acaso el bonus track de esta salida.

Más datos: el camino. Es de ripio consolidado. Está en buen estado, se puede transitar sin dificultades. El itinerario completo comprende al Valle de Potrerillos, Las Vegas, La Hoyada, Las Aguaditas, Alto La Carrera, Reserva Quebrada del Cóndor, Los Cerrillos, Mirador del Cristo Rey, San José y la Villa Tupungato.

 

 

Otro por el Valle de Uco

La ruta provincial 89 es una de las que puede jactarse por su atractivo entorno. Integrante destacada del camino del vino local, es una gran opción tanto para los que quieren pasear por el solo placer de que el vehículo se desplace por una zona maravillosa, en cualquiera de los sentidos de esta palabra, o para los enófilos y sibaritas que, sin dudar, se detendrán.

Está claro que las protagonistas por allí son las bodegas. Con sus vinos que potencian sabores; y sabores que resaltan las virtudes de los vinos. Juego de palabras que incentiva la imaginación o los recuerdos.

Son varias las casas vitícolas en las que puede experimentarse, acaso, lo mejor de Mendoza. Entre ellas Domaine Bousquet. Instalada allí desde hace 20 años, manifiesta un compromiso con la agricultura orgánica y combina las técnicas de elaboración francesas con las óptimas condiciones climáticas de Mendoza. Los anfitriones esperan a los visitantes con tour por los viñedos, cocina de autor y grandes vinos.

Las degustaciones, de acuerdo con los varietales escogidos, salen desde los $ 200. El almuerzo de 4 pasos contempla: ensalada con Sauvignon Blanc Premium; Roll de cordero con polenta cremosa y champignones con Reserve Pinot Noir; Filet de ternera grillado con puré de arvejas, calabaza asada y provoleta con Gaia Red Blend y Crumble de peras con helado de Torrontés con Reserva Malbec Dulce Natural (Precio por persona $ 620, incluye visita).

En tanto el de 6 pasos: Capelettis de queso de cabra con emulsión de zanahorias y jengibre con Chardonnay Reserva; Bondiola de cerdo laqueada con puré de batatas y manzana con Cabernet Sauvignon Reserva; Filet de ternera grillado con puré de arvejas, calabaza asada y provoleta con Gran Reserva Malbec o Gran Reseva Chardonnay, Vigilante mendocino con Malbec Dulce Natural Reserva y Brownie con helado de Pinot Gris y salsa inglesa con espumante (Precio por persona $ 790, con paseo por bodega).www.domainebousquet.com

Andando por allí también se ven las afamadas bodegas Andeluna, Sophenia y La Azul, con sus muchas razones para volver a pisar el freno.